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Huainanzi: Lecciones de Liderazgo y Estrategia

En esta obra se presentan una serie de extractos del texto clásico taoísta Los maestros de Hainan, que pertenece a la antigua tradición de Lao Tse y Zhuang Zi. Esta obra fue compilada hace más de dos mil años, y constituye una de las más antiguas y prestigiosas de la filosofía del Tao. Los maestros de Huainan constituye a su vez una colección de pensamientos acerca de la civilización, la cultura y el gobierno. Es más detallado y explícito que el Tao Te King y que el Zhuang Zi, sus notables predecesores, y abarca la totalidad de las ciencias naturales, sociales y espirituales del taoísmo clásico. Incluye temas tan variados como la conservación del ambiente, el crecimiento personal y la evolución política de las sociedades en una visión comprensiva de la vida humana. Es posible rastrear el origen de este libro hasta el circulo interno de los sabios taoístas de la corte del rey de Huainan, gobernante de un pequeño principado en el vasto imperio de la dinastía china de Han en la segunda centuria antes de Cristo. Este rey era un notable patrono de la cultura, y su corte ya era un centro floreciente cuando surgió en ella un grupo de ocho maestros taoístas que transmitieron estas enseñanzas...

 

Cuando la sociedad está en orden, un loco no puede perjudicarla; cuando la sociedad es caótica, un sabio por si solo no puede ordenarla.

Aún el líder dotado de sabiduría debe esperar la circunstancias apropiadas; éstas se encuentran solamente en el momento adecuado, y no pueden cumplirse solamente a través del conocimiento.

Aquellos capaces de ser dirigentes deben saber cómo encontrar ganadores. Los que pueden triunfar sobre sus oponentes deben ser fuertes; los que son fuertes son capaces de utilizar el poder de otras personas, para ello es necesario saber ganarse su corazón. Para saber como ganarse el corazón de las personas es necesario ser amo de sí mismo. Para ser amo de sí mismo es necesario ser flexible.

Cuando se establecen un código de leyes y un sistema recompensas, y a pesar de ello las costumbres del pueblo no cambian, es porque falta sinceridad.

Los castigos y las penalidades no bastan para cambiar los hábitos; ejecuciones y masacres no bastan para prevenir la traición. Lo único valioso es la influencia espiritual.

En tiempos antiguos, bajo el liderazgo de los sabios, las leyes eran liberales y los castigos livianos. Las prisiones estaban vacías, cada uno se regía por las mismas normas y no había traición.

Cuando los líderes políticos arruinan sus países y devastan las tierras, haciéndose matar por unos enemigos, en un escándalo para todo el mundo, es siempre a causa de sus deseos sin límite.

Hoy en día, los moralistas reniegan de los deseos sin averiguar cuáles son las razones básicas del deseo, y prohíben el placer sin indagar en sus razones básicas. Esto es similar a construir una represa con las manos.

Los moralistas no pueden evitar que la gente tenga deseos, pero pueden prohibir los objetos del deseo; no pueden hacer que la gente deje de gratificarse, pero pueden abolir los elementos de la gratificación. Aunque que el miedo al castigo evite que la gente robe, esto no es comparable a liberar a las personas del deseo de robar.

Las razones por la cuales las personas cometen crímenes que los llevan a la cárcel o al patíbulo, surgen de la insatisfacción y de la falta de medios.

Todos saben que los malhechores no tienen escape y que los criminales no quedan impunes; sin embargo, quién carece de criterio no puede sobreponerse a sus deseos y comete crímenes que conducen a su propia destrucción.

Los gobernantes exigen dos cosas de sus súbditos: que trabajen y que den la vida por su país. El pueblo espera tres cosas de sus gobernantes: comida para el hambriento, descanso para el abatido y premios para el que es meritorio. Si el pueblo cumplen las dos exigencias del gobierno, pero éste es negligente con respecto a las otras tres que el pueblo espera de él, aun tratándose de un país grande y poblado, las milicias serán débiles.

El general en jefe de Wei preguntó a uno de sus ministros cual es la causa de la caída de una nación. El Ministro contestó: "Muchas victorias en numerosas guerras".

El general repuso "Es afortunado triunfar en numerosas batallas; ¿Cómo puede ser ésta la causa de la caída de una nación?".

El ministro contestó: "Cuando las guerras son numerosas, el pueblo se debilita; cuando se obtienen repetidos triunfos, los gobernantes se vuelven altaneros. Un pueblo debilitado en manos de líderes soberbios es causa segura de la ruina de una nació ".

No es tan bueno recitar los libros de los antiguos reyes como escuchar sus palabras, pero es mejor todavía alcanzar lo que dichas palabras indican. Sin embargo, las palabras no pueden transmitir aquello a lo que apuntan. Por lo tanto, "el camino del que se puede hablar no es el Camino".

Muchas personas son cegadas por nombres y reputaciones; pocos ven la realidad.

Las modas, los hábitos y las costumbres no pertenecen a la naturaleza de las personas sino que es algo que se adopta desde afuera. La naturaleza humana es inocente; cuando se ve circunscripta durante mucho tiempo por las costumbres, se modifica. Cuando la naturaleza de las personas cambia, se olvidan de su origen y se conforman a una naturaleza exterior.

Aquel que no se atreve a tocar el fuego, aunque nunca se haya quemado conoce la peligrosidad del fuego; el que no se atreve a empuñar una espada, aunque nunca se haya herido, conoce el peligro del filo de las armas. Desde este punto de vista, una persona sensitiva puede comprender algo que tal vez aún ha ocurrido, y por observación de una parte le es posible conocer la totalidad.

Los pabellones de muchos pisos y las altas terrazas son en verdad espléndidos, pero un gobernante iluminado será incapaz de disfrutarlos si su pueblo vive en la miseria; el buen vino y la carne tierna son deliciosos, pero un líder preclaro no sabrá gozarlo si sus súbditos tienen hambre.

La comida constituye la base de un pueblo, y el pueblo es la base para el país. El país constituye la base para el gobernante.

La antigua ley de los reyes impedía a los cazadores diezmar los rebaños y matar las crías; asimismo impedía a los pescadores vaciar los estanques. Las trampas y las redes no podían utilizarse en cualquier momento; los árboles no se cortaban antes de que cayeran las hojas, ni los campos podían arrasarse antes de que los insectos comenzaran a hibernar. Los animales preñados o en período de lactancia no podían ser sacrificados; estaba prohibido sacar los huevos de los nidos y capturar los peces pequeños.

Lo que permite la supervivencia de una nación es la benevolencia y la justicia. Lo que permite vivir a la gente es la virtud práctica. Una nación sin justicia, aunque sea grande, perecerá; la persona sin buena voluntad será herida aunque tenga coraje.

El gobernante es la mente de la nación. Cuando la mente está en orden, los órganos están en reposo. Cuando la mente está perturbada, los órganos se desequilibran. Por eso, en alguien cuya mente está en orden, los miembros del cuerpo se olvidan el uno del otro. Cuando un país está en orden, el gobernante y los ministros se olvidan los unos de lo otros.

En una sociedad incoherente, los activistas se promueven uno al otro alabándose mutuamente, mientras que las personas cultas se honran una a otra con hipocresía.

Los falsos escritores son deliberadamente prolijos y confusos para aparentar sabiduría; sus interminables reflexiones, que compiten en sofisticación, son inconsecuentes, sin beneficio para el orden social.

Los usos de una sociedad decadente consisten en la astucia y el engaño para encubrir lo inútil.

Cuando las personas tienen más de lo necesario, se someten; cuando tienen menos de lo necesario, litigan. Cuando la gente se somete nacen la cortesía y la justicia; cuando litiga, surgen la violencia y el desorden.

En el bosque no se vende leña, ni se venden peces junto al lago, debido a la sobreabundancia: Cuando hay en abundancia disminuyen los deseos; cuando las necesidades son mínimas se detiene la represión. 

Cuando la sociedad está en orden, la gente común es honesta y no puede ser seducida por el lucro. Cuando la sociedad está en desorden, las élites son corruptas y no pueden ser detenidas por la ley.

La conducta de lo reyes sabios no lastimaba los sentimientos del pueblo, de modo que aunque los reyes disfrutaran, el mundo estaba en paz.

Los reyes perversos rechazaban al justo desterrándolo de modo que mientras los reyes disfrutaban, el país marchaba hacia su destrucción.

Cuando las preferencias y los disgustos empezaron a primar, el orden y el caos encontraron su camino.

Una sociedad degenerada se caracteriza por su expansionismo e imperialismo, y por embarcarse en operaciones militares contra países inocentes, masacrando a los inocentes y arrasando con la herencia de las antiguas civilizaciones.

Los países grandes se vuelven ofensivos, y los pequeños se ponen a la defensiva. Se le arrebata el ganado al pueblo, sus hijos son tomados prisioneros, sus altares son arrasados, y sus más preciadas posesiones son destruidas, La sangre empapa la tierra y los esqueletos cubren los campos: todo para satisfacer la insaciable avidez de los gobernantes.

Esta no es la finalidad verdadera de la existencia del ejército. Un ejército existe para aplacar la violencia y no para provocarla.

El arte de conducir a los seres humanos es ocuparse de los asuntos sin alharaca y enseñar sin palabras; ser puro y calmo, inamovible, consistente más allá de la agitación, delegando asuntos a los subordinados de acuerdo a las costumbres, de modo que las tareas se cumplan sin tensiones.

El arte de conducir a los seres humanos es ocuparse de los asuntos sin alharaca y enseñar sin palabras; ser puro y calmo, inamovible, consistente más allá de la agitación, delegando asuntos a los subordinados de acuerdo a las costumbres, de modo que las tareas se cumplan sin tensiones

Las personas aguijoneadas por muchos deseos son hipnotizadas por el poder y la riqueza, seducidas por la búsqueda de fama y estatus. Ambicionan sobresalir en el mundo a través de una astucia excepcional, de modo que su vitalidad y su espíritu son diariamente menoscabados y van disminuyendo poco a poco.

Los gobernantes de naciones en desorden se esfuerzan por expandir su territorio; no se preocupan por la humanidad y la justicia. Se esfuerzan para elevar su estatus, y no les preocupa alcanzar la virtud del Camino. Esto es abandonar los medios de supervivencia y crear las causas de la destrucción. Por esta razón, los déspotas de la antigüedad que fueron derrocados y encarcelados no se arrepentían de sus acciones ni revisaban sus errores, sino que simplemente lamentaban no haber asesinado a sus sucesores cuando todavía tenían la posibilidad de hacerlo.

El Tao es misterioso y silencioso, sin apariencia ni modelo. Su tamaño es infinito, sin medida su profundidad. Sin embargo participa del desarrollo humano, a pesar de que el conocimiento ordinario no puede alcanzarlo.

Aquellos que comprenden el Tao no se concentran únicamente en sí mismos, sino que también están en contacto con el mundo.  

 

 

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