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Estrategia

El Arte de la Guerra: Sun Tzu. (Resumen). Estretegias clásicas de oreinte.

El Arte de la Guerra: Sun Tzu. (Resumen). Estretegias clásicas de oreinte.

Los trece artículos sobre el arte de la guerra constituyen el más antiguo de los tratados conocidos sobre esta materia, pero - según sus protagonistas- nunca ha sido superado en amplitud y profundidad de conceptos.

Puede muy bien considerarse la esencia concentrada de la sabiduría en lo referente a la conducción de la guerra. Buscando entre los teóricos militares del pasado, sólo podría hallarse en Clausewitz al único capaz, en cierto modo, de compararse a Sun Tzu.

Su autor, Sun Tzu, personaje real o imaginario, parece ser que vivió los tiempos míticos de "los reinos combatientes", hace más de veinticinco siglos, de los primeros tiempos de la China clásica.

Prácticamente no se conoce nada sobre él, pero el prestigio que posteriormente logró con sus escritos, lo han situado en un puesto de honor entre los tratadistas militares.

 

Sobre la evaluación.

Sun Tzu dice: la guerra es de vital importancia para el Estado; es el dominio de la vida o de la muerte, el camino hacia la supervivencia o la pérdida del Imperio: es forzoso manejarla bien. No reflexionar seriamente sobre todo lo que le concierne es dar prueba de una culpable indiferencia en lo que respecta a la conservación o pérdida de lo que nos es mas querido; y ello no debe ocurrir entre nosotros.


Hay que valorarla en términos de cinco factores fundamentales, y hacer comparaciones entre diversas condiciones de los bandos rivales, con vistas a determinar el resultado de la guerra.

El primero de estos factores es la doctrina; el segundo, el tiempo; el tercero, el terreno; el cuarto, el mando; y el quinto, la disciplina.

La doctrina significa aquello que hace que el pueblo esté en armonía con su gobernante, de modo que le siga donde sea, sin temer por sus vidas ni a correr cualquier peligro.

El tiempo significa el Ying y el Yang, la noche y el día, el frío y el calor, días despejados o lluviosos, y el cambio de las estaciones.

El terreno implica las distancias, y hace referencia a dónde es fácil o difícil desplazarse, y si es campo abierto o lugares estrechos, y esto influencia las posibilidades de supervivencia.

El mando ha de tener como cualidades: sabiduría, sinceridad, benevolencia, coraje y disciplina.

Por último, la disciplina ha de ser comprendida como la organización del ejército, las graduaciones y rangos entre los oficiales, la regulación de las rutas de suministros, y la provisión de material militar al ejército.

Estos cinco factores fundamentales han de ser conocidos por cada general. Aquel que los domina, vence; aquel que no, sale derrotado. Por lo tanto, al trazar los planes, han de compararse los siguiente siete factores, valorando cada uno con el mayor cuidado:

¿Qué dirigente es más sabio y capaz?

¿Qué comandante posee el mayor talento?

¿Qué ejército obtiene ventajas de la naturaleza y el terreno?

¿En qué ejército se observan mejor las regulaciones y las instrucciones?

¿Qué tropas son más fuertes?

¿Qué ejército tiene oficiales y tropas mejor entrenadas?

¿Qué ejército administra recompensas y castigos de forma más justa?

Mediante el estudio de estos siete factores, seré capaz de adivinar cual de los dos bandos saldrá victorioso y cual será derrotado.

El general que siga mi consejo, es seguro que vencerá. Ese general ha de ser mantenido al mando. Aquel que ignore mi consejo, ciertamente será derrotado. Ese debe ser destituido.

Tras prestar atención a mi consejo y planes, el general debe crear una situación que contribuya a su cumplimiento. Por situación quiero decir que debe tomar en consideración la situación del campo, y actuar de acuerdo con lo que le es ventajoso.

 

El arte de la guerra se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando es capaz de atacar, ha de aparentar incapacidad; cuando las tropas se mueven, aparentar inactividad. Si está cerca del enemigo, ha de hacerle creer que está lejos; si está lejos, aparentar que se está cerca. Poner cebos para atraer al enemigo.

Golpear al enemigo cuando está desordenado. Prepararse contra él cuando está seguro en todas partes. Evitarle durante un tiempo cuando es más fuerte. Si tu oponente tiene un temperamento colérico, intenta irritarle. Si es arrogante, trata de fomentar su egoísmo.

Si las tropas enemigas se hallan bien preparadas tras una reorganización, intenta desordenarlas. Si están unidas, siembra la disensión entre sus filas. Ataca al enemigo cuando no está preparado, y aparece cuando no te espera. Estas son las claves de la victoria para el estratega.

Ahora, si las estimaciones realizadas antes de la batalla indican victoria, es porque los cálculos cuidadosamente realizados muestran que tus condiciones son más favorables que las condiciones del enemigo; si indican derrota, es porque muestran que las condiciones favorables para la batalla son menores. Con una evaluación cuidadosa, uno puede vencer; sin ella, no puede. Muchas menos oportunidades de victoria tendrá aquel que no realiza cálculos en absoluto.

Gracias a este método, se puede examinar la situación, y el resultado aparece claramente.

Sobre la iniciación de las acciones.

Una vez comenzada la batalla, aunque estés ganando, de continuar por mucho tiempo, desanimará a tus tropas y embotará tu espada. Si estás sitiando una ciudad, agotarás tus fuerzas. Si mantienes a tu ejército durante mucho tiempo en campaña, tus suministros se agotarán.

Las armas son instrumentos de mala suerte; emplearlas por mucho tiempo producirá calamidades. Como se ha dicho: "Los que a hierro matan, a hierro mueren." Cuando tus tropas están desanimadas, tu espada embotada, agotadas tus fuerzas y tus suministros son escasos, hasta los tuyos se aprovecharán de tu debilidad para sublevarse. Entonces, aunque tengas consejeros sabios, al final no podrás hacer que las cosas salgan bien.

Por esta causa, he oído hablar de operaciones militares que han sido torpes y repentinas, pero nunca he visto a ningún experto en el arte de la guerra que mantuviese la campaña por mucho tiempo. Nunca es beneficioso para un país dejar que una operación militar se prolongue por mucho tiempo.

Como se dice comúnmente, sé rápido como el trueno que retumba antes de que hayas podido taparte los oídos, veloz como el relámpago que relumbra antes de haber podido pestañear.

Por lo tanto, los que no son totalmente conscientes de la desventaja de servirse de las armas no pueden ser totalmente conscientes de las ventajas de utilizarlas.

Los que utilizan los medios militares con pericia no activan a sus tropas dos veces, ni proporcionan alimentos en tres ocasiones, con un mismo objetivo.

Esto quiere decir que no se debe movilizar al pueblo más de una vez por campaña, y que inmediatamente después de alcanzar la victoria no se debe regresar al propio país para hacer una segunda movilización. Al principio esto significa proporcionar alimentos (para las propias tropas), pero después se quitan los alimentos al enemigo.

Si tomas los suministros de armas de tu propio país, pero quitas los alimentos al enemigo, puedes estar bien abastecido de armamento y de provisiones.

Cuando un país se empobrece a causa de las operaciones militares, se debe al transporte de provisiones desde un lugar distante. Si las transportas desde un lugar distante, el pueblo se empobrecerá.

Los que habitan cerca de donde está el ejército pueden vender sus cosechas a precios elevados, pero se acaba de este modo el bienestar de la mayoría de la población.

Cuando se transportan las provisiones muy lejos, la gente se arruina a causa del alto costo. En los mercados cercanos al ejército, los precios de las mercancías se aumentan. Por lo tanto, las largas campañas militares constituyen una lacra para el país.

Cuando se agotan los recursos, los impuestos se recaudan bajo presión. Cuando el poder y los recursos se han agotado, se arruina el propio país. Se priva al pueblo de gran parte de su presupuesto, mientras que los gastos del gobierno para armamentos se elevan.

Los habitantes constituyen la base de un país, los alimentos son la felicidad del pueblo. El príncipe debe respetar este hecho y ser sobrio y austero en sus gastos públicos.

En consecuencia, un general inteligente lucha por desproveer al enemigo de sus alimentos. Cada porción de alimentos tomados al enemigo equivale a veinte que te suministras a ti mismo.

Así pues, lo que arrasa al enemigo es la imprudencia, y la motivación de los tuyos en asumir los beneficios de los adversarios.

Cuando recompenses a tus hombres con los beneficios que ostentaban los adversarios los harás luchar por propia iniciativa, y así podrás tomar el poder y la influencia que tenía el enemigo. Es por esto par lo que se dice que donde hay grandes recompensas hay hombres valientes.

Por consiguiente, en una batalla de carros, recompensa primero al que tome al menos diez carros.

Si recompensas a todo el mundo, no habrá suficiente para todos, así pues, ofrece una recompensa a un soldado para animar a todos los demás. Cambia sus colores (de los soldados enemigos hechos prisioneros), utilízalos mezclados con los tuyos. Trata bien a los soldados y préstales atención. Los soldados prisioneros deben ser bien tratados, para conseguir que en el futuro luchen para ti. A esto se llama vencer al adversario e incrementar por añadidura tus propias fuerzas.

Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas.

Así pues, lo más importante en una operación militar es la victoria y no la persistencia. Esta última no es beneficiosa. Un ejército es como el fuego: si no lo apagas, se consumirá por sí mismo.

Por lo tanto, sabemos que el que está a la cabeza del ejército está a cargo de las vidas de los habitantes y de la seguridad de la nación.

 

Sobre las proposiciones de la victoria y la derrota.

 

Como regla general, es mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo. Capturar a sus soldados para conquistarlos y dominas a sus jefes.

Un General decía: "Practica las artes marciales, calcula la fuerza de tus adversarios, haz que pierdan su ánimo y dirección, de manera que aunque el ejército enemigo esté intacto sea inservible: esto es ganar sin violencia. Si destruyes al ejército enemigo y matas a sus generales, asaltas sus defensas disparando, reúnes a una muchedumbre y usurpas un territorio, todo esto es ganar por la fuerza."

Por esto, los que ganan todas las batallas no son realmente profesionales; los que consiguen que se rindan impotentes los ejércitos ajenos sin luchar son los mejores maestros del Arte de la Guerra.

Los guerreros superiores atacan mientras los enemigos están proyectando sus planes. Luego deshacen sus alianzas.

Por eso, un gran emperador decía: "El que lucha por la victoria frente a espadas desnudas no es un buen general." La peor táctica es atacar a una ciudad. Asediar, acorralar a una ciudad sólo se lleva a cabo como último recurso.

Emplea no menos de tres meses en preparar tus artefactos y otros tres para coordinar los recursos para tu asedio. Nunca se debe atacar por cólera y con prisas. Es aconsejable tomarse tiempo en la planificación y coordinación del plan.

Por lo tanto, un verdadero maestro de las artes marciales vence a otras fuerzas enemigas sin batalla, conquista otras ciudades sin asediarlas y destruye a otros ejércitos sin emplear mucho tiempo.

Un maestro experto en las artes marciales deshace los planes de los enemigos, estropea sus relaciones y alianzas, le corta los suministros o bloquea su camino, venciendo mediante estas tácticas sin necesidad de luchar.

Es imprescindible luchar contra todas las facciones enemigas para obtener una victoria completa, de manera que su ejército no quede acuartelado y el beneficio sea total. Esta es la ley del asedio estratégico.

La victoria completa se produce cuando el ejército no lucha, la ciudad no es asediada, la destrucción no se prolonga durante mucho tiempo, y en cada caso el enemigo es vencido por el empleo de la estrategia.

Así pues, la regla de la utilización de la fuerza es la siguiente: si tus fuerzas son diez veces superiores a las del adversario, rodéalo; si son cinco veces superiores, atácalo; si son dos veces superiores, divídelo.

Si tus fuerzas son iguales en número, lucha si te es posible. Si tus fuerzas son inferiores, manténte continuamente en guardia, pues el más pequeño fallo te acarrearía las peores consecuencias. Trata de mantenerte al abrigo y evita en lo posible un enfrentamiento abierto con él; la prudencia y la firmeza de un pequeño número de personas pueden llegar a cansar y a dominar incluso a numerosos ejércitos.

Este consejo se aplica en los casos en que todos los factores son equivalentes. Si tus fuerzas están en orden mientras que las suyas están inmersas en el caos, si tú y tus fuerzas están con ánimo y ellos desmoralizados, entonces, aunque sean más numerosos, puedes entrar en batalla. Si tus soldados, tus fuerzas, tu estrategia y tu valor son menores que las de tu adversario, entonces debes retirarte y buscar una salida.

En consecuencia, si el bando más pequeño es obstinado, cae prisionero del bando más grande.

Esto quiere decir que si un pequeño ejército no hace una valoración adecuada de su poder y se atreve a enemistarse con una gran potencia, por mucho que su defensa sea firme, inevitablemente se convertirá en conquistado. "Si no puedes ser fuerte, pero tampoco sabes ser débil, serás derrotado." Los generales son servidores del Pueblo. Cuando su servicio es completo, el Pueblo es fuerte. Cuando su servicio es defectuoso, el Pueblo es débil.

Así pues, existen tres maneras en las que un Príncipe lleva al ejército al desastre. Cuando un Príncipe, ignorando los hechos, ordena avanzar a sus ejércitos o retirarse cuando no deben hacerlo; a esto se le llama inmovilizar al ejército. Cuando un Príncipe ignora los asuntos militares, pero comparte en pie de igualdad el mando del ejército, los soldados acaban confusos. Cuando el Príncipe ignora cómo llevar a cabo las maniobras militares, pero comparte por igual su dirección, los soldados están vacilantes. Una vez que los ejércitos están confusos y vacilantes, empiezan los problemas procedentes de los adversarios. A esto se le llama perder la victoria por trastornar el aspecto militar.

Si intentas utilizar los métodos de un gobierno civil para dirigir una operación militar, la operación será confusa.

Triunfan aquellos que:

Saben cuándo luchar y cuándo no

Saben discernir cuándo utilizar muchas o pocas tropas.

Tienen tropas cuyos rangos superiores e inferiores tienen el mismo objetivo.

Se enfrentan con preparativos a enemigos desprevenidos.

Tienen generales competentes y no limitados por sus gobiernos civiles.

Estas cinco son las maneras de conocer al futuro vencedor.

Hablar de que el Príncipe sea el que da las órdenes en todo es como el General solicitarle permiso al Príncipe para poder apagar un fuego: para cuando sea autorizado, ya no quedan sino cenizas.

Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.

 

 

Sobre la medida en la disposición de los medios.

Antiguamente, los guerreros expertos se hacían a sí mismos invencibles en primer lugar, y después aguardaban para descubrir la vulnerabilidad de sus adversarios.

Hacerte invencible significa conocerte a ti mismo; aguardar para descubrir la vulnerabilidad del adversario significa conocer a los demás.

La invencibilidad está en uno mismo, la vulnerabilidad en el adversario.

Por esto, los guerreros expertos pueden ser invencibles, pero no pueden hacer que sus adversarios sean vulnerables.

Si los adversarios no tienen orden de batalla sobre el que informarse, ni negligencias o fallos de los que aprovecharse, ¿cómo puedes vencerlos aunque estén bien pertrechados? Por esto es por lo que se dice que la victoria puede ser percibida, pero no fabricada.

La invencibilidad es una cuestión de defensa, la vulnerabilidad, una cuestión de ataque.

Mientras no hayas observado vulnerabilidades en el orden de batalla de los adversarios, oculta tu propia formación de ataque, y prepárate para ser invencible, con la finalidad de preservarte. Cuando los adversarios tienen órdenes de batalla vulnerables, es el momento de salir a atacarlos.

La defensa es para tiempos de escasez, el ataque para tiempos de abundancia.

Los expertos en defensa se esconden en las profundidades de la tierra; los expertos en maniobras de ataque se esconden en las más elevadas alturas del cielo. De esta manera pueden protegerse y lograr la victoria total.

En situaciones de defensa, acalláis las voces y borráis las huellas, escondidos como fantasmas y espíritus bajo tierra, invisibles para todo el mundo. En situaciones de ataque, vuestro movimiento es rápido y vuestro grito fulgurante, veloz como el trueno y el relámpago, para los que no se puede uno preparar, aunque vengan del cielo.

Prever la victoria cuando cualquiera la puede conocer no constituye verdadera destreza. Todo el mundo elogia la victoria ganada en batalla, pero esa victoria no es realmente tan buena.

Todo el mundo elogia la victoria en la batalla, pero lo verdaderamente deseable es poder ver el mundo de lo sutil y darte cuenta del mundo de lo oculto, hasta el punto de ser capaz de alcanzar la victoria donde no existe forma.

No se requiere mucha fuerza para levantar un cabello, no es necesario tener una vista aguda para ver el sol y la luna, ni se necesita tener mucho oído para escuchar el retumbar del trueno.

Lo que todo el mundo conoce no se llama sabiduría; la victoria sobre los demás obtenida por medio de la batalla no se considera una buena victoria.

En la antigüedad, los que eran conocidos como buenos guerreros vencían cuando era fácil vencer.

Si sólo eres capaz de asegurar la victoria tras enfrentarte a un adversario en un conflicto armado, esa victoria es una dura victoria. Si eres capaz de ver lo sutil y de darte cuenta de lo oculto, irrumpiendo antes del orden de batalla, la victoria así obtenida es un victoria fácil.

En consecuencia, las victorias de los buenos guerreros no destacan por su inteligencia o su bravura. Así pues, las victorias que ganan en batalla no son debidas a la suerte. Sus victorias no son casualidades, sino que son debidas a haberse situado previamente en posición de poder ganar con seguridad, imponiéndose sobre los que ya han perdido de antemano.

La gran sabiduría no es algo obvio, el mérito grande no se anuncia. Cuando eres capaz de ver lo sutil, es fácil ganar; ¿qué tiene esto que ver con la inteligencia o la bravura? Cuando se resuelven los problemas antes de que surjan, ¿quién llama a esto inteligencia? Cuando hay victoria sin batalla, ¿quién habla de bravura?

Así pues, los buenos guerreros toman posición en un terreno en el que no pueden perder, y no pasan por alto las condiciones que hacen a su adversario proclive a la derrota.

En consecuencia, un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después.

Esta es la diferencia entre los que tienen estrategia y los que no tienen planes premeditados.

Los que utilizan bien las armas cultivan el Camino y observan las leyes. Así pueden gobernar prevaleciendo sobre los corruptos.

Servirse de la armonía para desvanecer la oposición, no atacar un ejército inocente, no hacer prisioneros o tomar botín par donde pasa el ejército, no cortar los árboles ni contaminar los pozos, limpiar y purificar los templos de las ciudades y montañas del camino que atraviesas, no repetir los errores de una civilización decadente, a todo esto se llama el Camino y sus leyes.

Cuando el ejército está estrictamente disciplinado, hasta el punto en que los soldados morirían antes que desobedecer las órdenes, y las recompensas y los castigos merecen confianza y están bien establecidos, cuando los jefes y oficiales son capaces de actuar de esta forma, pueden vencer a un Príncipe enemigo corrupto.

Las reglas militares son cinco: medición, valoración, cálculo, comparación y victoria. El terreno da lugar a las mediciones, éstas dan lugar a las valoraciones, las valoraciones a los cálculos, éstos a las comparaciones, y las comparaciones dan lugar a las victorias.

Mediante las comparaciones de las dimensiones puedes conocer dónde se haya la victoria o la derrota.

En consecuencia, un ejército victorioso es como un kilo comparado con un gramo; un ejército derrotado es como un gramo comparado con un kilo.

Cuando el que gana consigue que su pueblo vaya a la batalla como si estuviera dirigiendo una gran corriente de agua hacia un cañón profundo, esto es una cuestión de orden de batalla.

Cuando el agua se acumula en un cañón profundo, nadie puede medir su cantidad, lo mismo que nuestra defensa no muestra su forma. Cuando se suelta el agua, se precipita hacia abajo como un torrente, de manera tan irresistible como nuestro propio ataque.

 

Sobre la firmeza.

La fuerza es la energía acumulada o la que se percibe. Esto es muy cambiante. Los expertos son capaces de vencer al enemigo creando una percepción favorable en ellos, así obtener la victoria sin necesidad de ejercer su fuerza.

Gobernar sobre muchas personas como si fueran poco es una cuestión de dividirlas en grupos o sectores: es organización. Batallar contra un gran número de tropas como si fueran pocas es una cuestión de demostrar la fuerza, símbolos y señales.

Se refiere a lograr una percepción de fuerza y poder en la oposición. En el campo de batalla se refiere a las formaciones y banderas utilizadas para desplegar las tropas y coordinar sus movimientos.

Lograr que el ejército sea capaz de combatir contra el adversario sin ser derrotado es una cuestión de emplear métodos ortodoxos o heterodoxos.

La ortodoxia y la heterodoxia no es algo fijo, sino que se utilizan como un ciclo. Un emperador que fue un famoso guerrero y administrador, hablaba de manipular las percepciones de los adversarios sobre lo que es ortodoxo y heterodoxo, y después atacar inesperadamente, combinando ambos métodos hasta convertirlo en uno, volviéndose así indefinible para el enemigo.

Que el efecto de las fuerzas sea como el de piedras arrojadas sobre huevos, es una cuestión de lleno y vacío.

Cuando induces a los adversarios a atacarte en tu territorio, su fuerza siempre está vacía (en desventaja); mientras que no compitas en lo que son los mejores, tu fuerza siempre estará llena. Atacar con lo vacío contra lo lleno es como arrojar piedras sobre huevos: de seguro se rompen.

Cuando se entabla una batalla de manera directa, la victoria se gana por sorpresa.

El ataque directo es ortodoxo. El ataque indirecto es heterodoxo.

Sólo hay dos clases de ataques en la batalla: el extraordinario por sorpresa y el directo ordinario, pero sus variantes son innumerables. Lo ortodoxo y lo heterodoxo se originan recíprocamente, como un círculo sin comienzo ni fin; ¿quién podría agotarlos?

Cuando la velocidad del agua que fluye alcanza el punto en el que puede mover las piedras, ésta es la fuerza directa. Cuando la velocidad y maniobrabilidad del halcón es tal que puede atacar y matar, esto es precisión. Lo mismo ocurre con los guerreros expertos: su fuerza es rápida, su precisión certera. Su fuerza es como disparar una catapulta, su precisión es dar en el objetivo previsto y causar el efecto esperado.

El desorden llega del orden, la cobardía surge del valor, la debilidad brota de la fuerza.

Si quieres fingir desorden para convencer a tus adversarios y distraerlos, primero tienes que organizar el orden, porque sólo entonces puedes crear un desorden artificial. Si quieres fingir cobardía para conocer la estrategia de los adversarios, primero tienes que ser extremadamente valiente, porque sólo entonces puedes actuar como tímido de manera artificial. Si quieres fingir debilidad para inducir la arrogancia en tus enemigos, primero has de ser extremadamente fuerte porque sólo entonces puedes pretender ser débil.

El orden y el desorden son una cuestión de organización; la cobardía es una cuestión valentía y la de ímpetu; la fuerza y la debilidad son una cuestión de la formación en la batalla.

Cuando un ejército tiene la fuerza del ímpetu (percepción), incluso el tímido se vuelve valiente, cuando pierde la fuerza del ímpetu, incluso el valiente se convierte en tímido. Nada está fijado en las leyes de la guerra: éstas se desarrollan sobre la base del ímpetu.

Con astucia se puede anticipar y lograr que los adversarios se convenzan a sí mismos cómo proceder y moverse; les ayuda a caminar por el camino que les traza. Hace moverse a los enemigos con la perspectiva del triunfo, para que caigan en la emboscada.

Los buenos guerreros buscan la efectividad en la batalla a partir de la fuerza del ímpetu (percepción) y no dependen sólo de la fuerza de sus soldados. Son capaces de escoger a la mejor gente, desplegarlos adecuadamente y dejar que la fuerza del ímpetu logre sus objetivos.

Cuando hay entusiasmo, convicción, orden, organización, recursos, compromiso de los soldados, tienes la fuerza del ímpetu, y el tímido es valeroso. Así es posible asignar a los soldados por sus capacidades, habilidades y encomendarle deberes y responsabilidades adecuadas. El valiente puede luchar, el cuidadoso puede hacer de centinela, y el inteligente puede estudiar, analizar y comunicar. Cada cual es útil.

Hacer que los soldados luchen permitiendo que la fuerza del ímpetu haga su trabajo es como hacer rodar rocas. Las rocas permanecen inmóviles cuando están en un lugar plano, pero ruedan en un plano inclinado; se quedan fijas cuando son cuadradas, pero giran si son redondas. Por lo tanto, cuando se conduce a los hombres a la batalla con astucia, el impulso es como rocas redondas que se precipitan montaña abajo: ésta es la fuerza que produce la victoria.

 

Sobre lo lleno y lo vacío.

Los que anticipan, se preparan y llegan primero al campo de batalla y esperan al adversario están en posición descansada; los que llegan los últimos al campo de batalla, los que improvisan y entablan la lucha quedan agotados.

Los buenos guerreros hacen que los adversarios vengan a ellos, y de ningún modo se dejan atraer fuera de su fortaleza.

Si haces que los adversarios vengan a ti para combatir, su fuerza estará siempre vacía. Si no sales a combatir, tu fuerza estará siempre llena. Este es el arte de vaciar a los demás y de llenarte a ti mismo.

Lo que impulsa a los adversarios a venir hacia ti por propia decisión es la perspectiva de ganar. Lo que desanima a los adversarios de ir hacia ti es la probabilidad de sufrir daños.

Cuando los adversarios están en posición favorable, debes cansarlos. Cuando están bien alimentados, cortar los suministros. Cuando están descansando, hacer que se pongan en movimiento.

Ataca inesperadamente, haciendo que los adversarios se agoten corriendo para salvar sus vidas. Interrumpe sus provisiones, arrasa sus campos y corta sus vías de aprovisionamiento. Aparece en lugares críticos y ataca donde menos se lo esperen, haciendo que tengan que acudir al rescate.

Aparece donde no puedan ir, se dirige hacia donde menos se lo esperen. Para desplazarte cientos de kilómetros sin cansancio, atraviesa tierras despobladas.

Atacar un espacio abierto no significa sólo un espacio en el que el enemigo no tiene defensa. Mientras su defensa no sea estricta - el lugar no esté bien guardado -, los enemigos se desperdigarán ante ti, como si estuvieras atravesando un territorio despoblado.

Para tomar infaliblemente lo que atacas, ataca donde no haya defensa. Para mantener una defensa infaliblemente segura, defiende donde no haya ataque.

Así, en el caso de los que son expertos en el ataque, sus enemigos no saben por dónde atacar.

Cuando se cumplen las instrucciones, las personas son sinceramente leales y comprometidas, los planes y preparativos para la defensa implantados con firmeza, siendo tan sutil y reservado que no se revelan las estrategias de ninguna forma, y los adversarios se sienten inseguros, y su inteligencia no les sirve para nada.

Sé extremadamente sutil, discreto, hasta el punto de no tener forma. Sé completamente misterioso y confidencial, hasta el punto de ser silencioso. De esta manera podrás dirigir el destino de tus adversarios.

Para avanzar sin encontrar resistencia, arremete por sus puntos débiles. Para retirarte de manera esquiva, sé más rápido que ellos.

Las situaciones militares se basan en la velocidad: llega como el viento, muévete como el relámpago, y los adversarios no podrán vencerte.

Por lo tanto, cuando quieras entrar en batalla, incluso si el adversario está atrincherado en una posición defensiva, no podrá evitar luchar si atacas en el lugar en el que debe acudir irremediablemente al rescate.

Cuando no quieras entrar en batalla, incluso si trazas una línea en el terreno que quieres conservar, el adversario no puede combatir contigo porque le das una falsa pista.

Esto significa que cuando los adversarios llegan para atacarte, no luchas con ellos, sino que estableces un cambio estratégico para confundirlos y llenarlos de incertidumbre.

Por consiguiente, cuando induces a otros a efectuar una formación, mientras que tú mismo permaneces sin forma, estás concentrado, mientras que tu adversario está dividido.

Haz que los adversarios vean como extraordinario lo que es ordinario para ti; haz que vean como ordinario lo que es extraordinario para ti. Esto es inducir al enemigo a efectuar una formación. Una vez vista la formación del adversario, concentras tus tropas contra él. Como tu formación no está a la vista, el adversario dividirá seguramente sus fuerzas.

Cuando estás concentrado formando una sola fuerza, mientras que el enemigo está dividido en diez, estás atacando a una concentración de uno contra diez, así que tus fuerzas superan a las suyas.

Si puedes atacar a unos pocos soldados con muchos, diezmarás el número de tus adversarios.

Cuando estás fuertemente atrincherado, te has hecho fuerte tras buenas barricadas, y no dejas filtrar ninguna información sobre tus fuerzas, sal afuera sin formación precisa, ataca y conquista de manera incontenible.

No han de conocer dónde piensas librar la batalla, porque cuando no se conoce, el enemigo destaca muchos puestos de vigilancia, y en el momento en el que se establecen numerosos puestos sólo tienes que combatir contra pequeñas unidades.

Así pues, cuando su vanguardia está preparada, su retaguardia es defectuosa, y cuando su retaguardia está preparada, su vanguardia presenta puntos débiles.

Las preparaciones de su ala derecha significarán carencia en su ala izquierda. Las preparaciones por todas partes significará ser vulnerable por todas partes.

Esto significa que cuando las tropas están de guardia en muchos lugares, están forzosamente desperdigadas en pequeñas unidades.

Cuando se dispone de pocos soldados se está a la defensiva contra el adversario el que dispone de muchos hace que el enemigo tenga que defenderse.

Cuantas más defensas induces a adoptar a tu enemigo, más debilitado quedará.

Así, si conoces el lugar y la fecha de la batalla, puedes acudir a ella aunque estés a mil kilómetros de distancia. Si no conoces el lugar y la fecha de la batalla, entonces tu flanco izquierdo no puede salvar al derecho, tu vanguardia no puede salvar a tu retaguardia, y tu retaguardia no puede salvar a tu vanguardia, ni siquiera en un territorio de unas pocas docenas de kilómetros.

Si tienes muchas más tropas que los demás, ¿cómo puede ayudarte este factor para obtener la victoria?

Si no conoces el lugar y la fecha de la batalla, aunque tus tropas sean más numerosas que las de ellos, ¿cómo puedes saber si vas a ganar o a perder?

Así pues, se dice que la victoria puede ser creada.

Si haces que los adversarios no sepan el lugar y la fecha de la batalla, siempre puedes vencer.

Incluso si los enemigos son numerosos, puede hacerse que no entren en combate.

Por tanto, haz tu valoración sobre ellos para averiguar sus planes, y determinar qué estrategia puede tener éxito y cuál no. Incítalos a la acción para descubrir cuál es el esquema general de sus movimientos y descansa.

Haz algo por o en contra de ellos para su atención, de manera que puedas de ellos para atraer descubrir sus hábitos de comportamiento de ataque y de defensa.

Indúcelos a adoptar formaciones específicas, para conocer sus puntos flacos.

Esto significa utilizar muchos métodos para confundir y perturbar al enemigo con el objetivo de observar sus formas de respuesta hacia ti; después de haberlas observado, actúas en consecuencia, de manera que puedes saber qué clase de situaciones significan vida y cuáles significan muerte.

Pruébalos para averiguar sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Por lo tanto, el punto final de la formación de un ejército es llegar a la no forma. Cuando no tienes forma, los informadores no pueden descubrir nada, ya que la información no puede crear una estrategia.

Una vez que no tienes forma perceptible, no dejas huellas que puedan ser seguidas, los informadores no encuentran ninguna grieta por donde mirar y los que están a cargo de la planificación no pueden establecer ningún plan realizable.

La victoria sobre multitudes mediante formaciones precisas debe ser desconocida par las multitudes. Todo el mundo conoce la forma mediante la que resultó vencedor, pero nadie conoce la forma mediante la que aseguró la victoria.

En consecuencia, la victoria en la guerra no es repetitiva, sino que adapta su forma continuamente.

Determinar los cambios apropiados, significa no repetir las estrategias previas para obtener la victoria. Para lograrla, puedo adaptarme desde el principio a cualquier formación que los adversarios puedan adoptar.

Las formaciones son como el agua: la naturaleza del agua es evitar lo alto e ir hacia abajo; la naturaleza de los ejércitos es evitar lo lleno y atacar lo vacío; el flujo del agua está determinado par la tierra; la victoria viene determinada por el adversario.

Así pues, un ejército no tiene formación constante, lo mismo que el agua no tiene forma constante: se llama genio a la capacidad de obtener la victoria cambiando y adaptándose según el enemigo.

 

Sobre el enfrentamiento directo e indirecto.

La regla ordinaria para el uso del ejército es que el mando del ejército reciba órdenes de las autoridades civiles y después reúne y concentra a las tropas, acuartelándolas juntas. Nada es más difícil que la lucha armada.

Luchar con otros cara a cara para conseguir ventajas es lo más arduo del mundo.

La dificultad de la lucha armada es hacer cercanas las distancias largas y convertir los problemas en ventajas.

Mientras que das la apariencia de estar muy lejos, empiezas tu camino y llegas antes que el enemigo.

Por lo tanto, haces que su ruta sea larga, atrayéndole con la esperanza de ganar. Cuando emprendes la marcha después que los otros y llegas antes que ellos, conoces la estrategia de hacer que las distancias sean cercanas.

Sírvete de una unidad especial para engañar al enemigo atrayéndole a una falsa persecución, haciéndole creer que el grueso de tus fuerzas está muy lejos; entonces, lanzas una fuerza de ataque sorpresa que llega antes, aunque emprendió el camino después.

Por consiguiente, la lucha armada puede ser provechosa y puede ser peligrosa.

Para el experto es provechosa, para el inexperto peligrosa.

Movilizar a todo el ejército para el combate en aras de obtener alguna ventaja tomaría mucho tiempo, pero combatir por una ventaja con un ejército incompleto tendría como resultado una falta de recursos.

Si te movilizas rápidamente y sin parar día y noche, recorriendo el doble de la distancia habitual, y si luchas por obtener alguna ventaja a miles de kilómetros, tus jefes militares serán hechos prisioneros. Los soldados que sean fuertes llegarán allí primero, los más cansados llegarán después - como regla general, sólo lo conseguirá uno de cada diez.

Cuando la ruta es larga las tropas se cansan; si han gastado su fuerza en la movilización, llegan agotadas mientras que sus adversarios están frescos; así pues, es seguro que serán atacadas.

Combatir por una ventaja a cincuenta kilómetros de distancia frustrará los planes del mando, y, como regla general, sólo la mitad de los soldados lo harán.

Si se combate por obtener una ventaja a treinta kilómetros de distancia, sólo dos de cada tres soldados los recorrerán.

Así pues, un ejército perece si no está equipado, si no tiene provisiones o si no tiene dinero.

Estas tres cosas son necesarias: no puedes combatir para ganar con un ejército no equipado, o sin provisiones, lo que el dinero facilita.

Por tanto, si ignoras los planes de tus rivales, no puedes hacer alianzas precisas.

A menos que conozcas las montañas y los bosques, los desfiladeros y los pasos, y la condición de los pantanos, no puedes maniobrar con una fuerza armada. A menos que utilices guías locales, no puedes aprovecharte de las ventajas del terreno.

Sólo cuando conoces cada detalle de la condición del terreno puedes maniobrar y guerrear.

Por consiguiente, una fuerza militar se usa según la estrategia prevista, se moviliza mediante la esperanza de recompensa, y se adapta mediante la división y la combinación.

Una fuerza militar se establece mediante la estrategia en el sentido de que distraes al enemigo para que no pueda conocer cuál es tu situación real y no pueda imponer su supremacía. Se moviliza mediante la esperanza de recompensa, en el sentido de que entra en acción cuando ve la posibilidad de obtener una ventaja. Dividir y volver a hacer combinaciones de tropas se hace para confundir al adversario y observar cómo reacciona frente a ti; de esta manera puedes adaptarte para obtener la victoria.

Por eso, cuando una fuerza militar se mueve con rapidez es como el viento; cuando va lentamente es como el bosque; es voraz como el fuego e inmóvil como las montañas.

Es rápida como el viento en el sentido que llega sin avisar y desaparece como el relámpago. Es como un bosque porque tiene un orden. Es voraz como el fuego que devasta una planicie sin dejar tras sí ni una brizna de hierba. Es inmóvil como una montaña cuando se acuartela.

Es tan difícil de conocer como la oscuridad; su movimiento es como un trueno que retumba.

Para ocupar un lugar, divide a tus tropas. Para expandir tu territorio, divide los beneficios.

La regla general de las operaciones militares es desproveer de alimentos al enemigo todo lo que se pueda. Sin embargo, en localidades donde la gente no tiene mucho, es necesario dividir a las tropas en grupos más pequeños para que puedan tomar en diversas partes lo que necesitan, ya que sólo así tendrán suficiente.

En cuanto a dividir el botín, significa que es necesario repartirlo entre las tropas para guardar lo que ha sido ganado, no dejando que el enemigo lo recupere.

Actúa después de haber hecho una estimación. Gana el que conoce primero la medida de lo que está lejos y lo que está cerca: ésta es la regla general de la lucha armada.

El primero que hace el movimiento es el "invitado", el último es el "anfitrión". El "invitado" lo tiene difícil, el "anfitrión lo tiene fácil". Cerca y lejos significan desplazamiento: el cansancio, el hambre y el frío surgen del desplazamiento.

Un antiguo libro que trata de asuntos militares dice: "Las palabras no son escuchadas, par eso se hacen los símbolos y los tambores. Las banderas y los estandartes se hacen a causa de la ausencia de visibilidad." Símbolos, tambores, banderas y estandartes se utilizan para concentrar y unificar los oídos y los ojos de los soldados. Una vez que están unificados, el valiente no puede actuar solo, ni el tímido puede retirarse solo: ésta es la regla general del empleo de un grupo.

Unificar los oídos y los ojos de los soldados significa hacer que miren y escuchen al unísono de manera que no caigan en la confusión y el desorden. La señales se utilizan para indicar direcciones e impedir que los individuos vayan a donde se les antoje.

Así pues, en batallas nocturnas, utiliza fuegos y tambores, y en batallas diurnas sírvete de banderas y estandartes, para manipular los oídos y los ojos de los soldados.

Utiliza muchas señales para confundir las percepciones del enemigo y hacerle temer tu temible poder militar.

De esta forma, haces desaparecer la energía de sus ejércitos y desmoralizas a sus generales.

En primer lugar, has de ser capaz de mantenerte firme en tu propio corazón; sólo entonces puedes desmoralizar a los generales enemigos. Por esto, la tradición afirma que los habitantes de otros tiempos tenían la firmeza para desmoralizar, y la antigua ley de los que conducían carros de combate decía que cuando la mente original es firme, la energía fresca es victoriosa.

De este modo, la energía de la mañana está llena de ardor, la del mediodía decae y la energía de la noche se retira; en consecuencia, los expertos en el manejo de las armas prefieren la energía entusiasta, atacan la decadente y la que se bate en retirada. Son ellos los que dominan la energía.

Cualquier débil en el mundo se dispone a combatir en un minuto si se siente animado, pero cuando se trata realmente de tomar las armas y de entrar en batalla, es poseído por la energía; cuando esta energía se desvanece, se detendrá, estará asustado y se arrepentirá de haber comenzado. La razón por la que esa clase de ejércitos miran por encima del hombro a enemigos fuertes, lo mismo que miran a las doncellas vírgenes, es porque se están aprovechando de su agresividad, estimulada por cualquier causa.

Utilizar el orden para enfrentarse al desorden, utilizar la calma para enfrentarse con los que se agitan, esto es dominar el corazón.

A menos que tu corazón esté totalmente abierto y tu mente en orden, no puedes esperar ser capaz de adaptarte a responder sin límites, a manejar los acontecimientos de manera infalible, a enfrentarte a dificultades graves e inesperadas sin turbarte, dirigiendo cada cosa sin confusión.

Dominar la fuerza es esperar a los que vienen de lejos, aguardar con toda comodidad a los que se han fatigado, y con el estómago saciado a los hambrientos.

Esto es lo que se quiere decir cuando se habla de atraer a otros hacia donde estás, al tiempo que evitas ser inducido a ir hacia donde están ellos.

Evitar la confrontación contra formaciones de combate bien ordenadas y no atacar grandes batallones constituye el dominio de la adaptación.

Por tanto, la regla general de las operaciones militares es no enfrentarse a una gran montaña ni oponerse al enemigo de espaldas a ésta.

Esto significa que si los adversarios están en un terreno elevado, no debes atacarles cuesta arriba, y que cuando efectúan una carga cuesta abajo, no debes hacerles frente.

No persigas a los enemigos cuando finjan una retirada, ni ataques tropas expertas.

Si los adversarios huyen de repente antes de agotar su energía, seguramente hay emboscadas esperándote para atacar a tus tropas; en este caso, debes retener a tus oficiales para que no se lancen en su persecución.

No consumas la comida de sus soldados.

Si el enemigo abandona de repente sus provisiones, éstas han de ser probadas antes de ser comidas, por si están envenenadas.

No detengas a ningún ejército que esté en camino a su país.

Bajo estas circunstancias, un adversario luchará hasta la muerte. Hay que dejarle una salida a un ejército rodeado.

Muéstrales una manera de salvar la vida para que no estén dispuestos a luchar hasta la muerte, y así podrás aprovecharte para atacarles.

No presiones a un enemigo desesperado.

Un animal agotado seguirá luchando, pues esa es la ley de la naturaleza.

Estas son las leyes de las operaciones militares.

 

Sobre los nueve cambios.

Por lo general, las operaciones militares están bajo el del gobernante civil para dirigir al ejército.

El General no debe levantar su campamento en un terreno difícil. Deja que se establezcan relaciones diplomáticas en las fronteras. No permanezcas en un territorio árido ni aislado.

Cuando te halles en un terreno cerrado, prepara alguna estrategia y muévete. Cuando te halles en un terreno mortal, lucha.

Terreno cerrado significa que existen lugares escarpados que te rodean por todas partes, de manera que el enemigo tiene movilidad, que puede llegar e irse con libertad, pero a ti te es difícil salir y volver.

Cada ruta debe ser estudiada para que sea la mejor. Hay rutas que no debes usar, ejércitos que no han de ser atacados, ciudades que no deben ser rodeadas, terrenos sobre los que no se debe combatir, y órdenes de gobernantes civiles que no deben ser obedecidas.

En consecuencia, los generales que conocen las variables posibles para aprovecharse del terreno sabe cómo manejar las fuerzas armadas. Si los generales no saben cómo adaptarse de manera ventajosa, aunque conozcan la condición del terreno, no pueden aprovecharse de él.

Si están al mando de ejércitos, pero ignoran las artes de la total adaptabilidad, aunque conozcan el objetivo a lograr, no pueden hacer que los soldados luchen por él.

Si eres capaz de ajustar la campaña cambiar conforme al ímpetu de las fuerzas, entonces la ventaja no cambia, y los únicos que son perjudicados son los enemigos. Por esta razón, no existe una estructura permanente. Si puedes comprender totalmente este principio, puedes hacer que los soldados actúen en la mejor forma posible.

Por lo tanto, las consideraciones de la persona inteligente siempre incluyen el analizar objetivamente el beneficio y el daño. Cuando considera el beneficio, su acción se expande; cuando considera el daño, sus problemas pueden resolverse.

El beneficio y el daño son interdependientes, y los sabios los tienen en cuenta.

Por ello, lo que retiene a los adversarios es el daño, lo que les mantiene ocupados es la acción, y lo que les motiva es el beneficio.

Cansa a los enemigos manteniéndolos ocupados y no dejándoles respirar. Pero antes de lograrlo, tienes que realizar previamente tu propia labor. Esa labor consiste en desarrollar un ejército fuerte, un pueblo próspero, una sociedad armoniosa y una manera ordenada de vivir.

Así pues, la norma general de las operaciones militares consiste en no contar con que el enemigo no acuda, sino confiar en tener los medios de enfrentarte a él; no contar con que el adversario no ataque, sino confiar en poseer lo que no puede ser atacado.

Si puedes recordar siempre el peligro cuando estás a salvo y el caos en tiempos de orden, permanece atento al peligro y al caos mientras no tengan todavía forma, y evítalos antes de que se presenten; ésta es la mejor estrategia de todas.

Por esto, existen cinco rasgos que son peligrosos en los generales. Los que están dispuestos a morir, pueden perder la vida; los que quieren preservar la vida, pueden ser hechos prisioneros; los que son dados a los apasionamientos irracionales, pueden ser ridiculizados; los que son muy puritanos, pueden ser deshonrados; los que son compasivos, pueden ser turbados.

Si te presentas en un lugar que con toda seguridad los enemigos se precipitarán a defender, las personas compasivas se apresurarán invariablemente a rescatar a sus habitantes, causándose a sí mismos problemas y cansancio.

Estos son cinco rasgos que constituyen defectos en los generales y que son desastrosos para las operaciones militares.

Los buenos generales son de otra manera: se comprometen hasta la muerte, pero no se aferran a la esperanza de sobrevivir; actúan de acuerdo con los acontecimientos, en forma racional y realista, sin dejarse llevar por las emociones ni estar sujetos a quedar confundidos. Cuando ven una buena oportunidad, son como tigres, en caso contrario cierran sus puertas. Su acción y su no acción son cuestiones de estrategia, y no pueden ser complacidos ni enfadados.

 

Sobre la distribución de los medios.

Las maniobras militares son el resultado de los planes y las estrategias en la manera más ventajosa para ganar. Determinan la movilidad y efectividad de las tropas.

Si vas a colocar tu ejército en posición de observar al enemigo, atraviesa rápido las montañas y vigílalos desde un valle.

Considera el efecto de la luz y manténte en la posición más elevada del valle. Cuando combatas en una montaña, ataca desde arriba hacia abajo y no al revés.

Combate estando cuesta abajo y nunca cuesta arriba. Evita que el agua divida tus fuerzas, aléjate de las condiciones desfavorables lo antes que te sea posible. No te enfrentes a los enemigos dentro del agua; es conveniente dejar que pasen la mitad de sus tropas y en ese momento dividirlas y atacarlas.

No te sitúes río abajo. No camines en contra de la corriente, ni en contra del viento.

Si acampas en la ribera de un río, tus ejércitos pueden ser sorprendidos de noche, empujados a ahogarse o se les puede colocar veneno en la corriente. Tus barcas no deben ser amarradas corriente abajo, para impedir que el enemigo aproveche la corriente lanzando sus barcas contra ti. Si atraviesas pantanos, hazlo rápidamente. Si te encuentras frente a un ejército en media de un pantano, permanece cerca de sus plantas acuáticas o respaldado por los árboles.

En una llanura, toma posiciones desde las que sea fácil maniobrar, manteniendo las elevaciones del terreno detrás y a tu derecha, estando las partes más bajas delante y las más altos detrás.

Generalmente, un ejército prefiere un terreno elevado y evita un terreno bajo, aprecia la luz y detesta la oscuridad.

Los terrenos elevados son estimulantes, y por lo tanto, la gente se halla a gusto en ellos, además son convenientes para adquirir la fuerza del ímpetu. Los terrenos bajos son húmedos, lo cual provoca enfermedades y dificulta el combate.

Cuida de la salud física de tus soldados con los mejores recursos disponibles.

Cuando no existe la enfermedad en un ejército, se dice que éste es invencible.

Donde haya montículos y terraplenes, sitúate en su lado soleado, manteniéndolos siempre a tu derecha y detrás.

Colocarse en la mejor parte del terreno es ventajoso para una fuerza militar.

La ventaja en una operación militar consiste en aprovecharse de todos los factores beneficiosos del terreno.

Cuando llueve río arriba y la corriente trae consigo la espuma, si quieres cruzarlo, espera a que escampe.

Siempre que un terreno presente barrancos infranqueables, lugares cerrados, trampas, riesgos, grietas y prisiones naturales, debes abandonarlo rápidamente y no acercarte a él. En lo que a mí concierne, siempre me mantengo alejado de estos accidentes del terreno, de manera que los adversarios estén más cerca que yo de ellos; doy la cara a estos accidentes, de manera que queden a espaldas del enemigo.

Entonces estás en situación ventajosa, y él tiene condiciones desfavorables.

Cuando un ejército se está desplazando, si atraviesa territorios montañosos con muchas corrientes de agua y pozos, o pantanos cubiertos de juncos, o bosques vírgenes llenos de árboles y vegetación, es imprescindible escudriñarlos totalmente y con cuidado, ya que estos lugares ayudan a las emboscadas y a los espías.

Es esencial bajar del caballo y escudriñar el terreno, por si existen tropas escondidas para tenderte una emboscada. También podría ser que hubiera espías al acecho observándote y escuchando tus instrucciones y movimientos.

Cuando el enemigo está cerca, pero permanece en calma, quiere decir que se halla en una posición fuerte. Cuando está lejos pero intenta provocar hostilidades, quiere que avances. Si, además, su posición es accesible, eso quiere decir que le es favorable.

Si un adversario no conserva la posición que le es favorable por las condiciones del terreno y se sitúa en otro lugar conveniente, debe ser porque existe alguna ventaja táctica para obrar de esta manera.

Si se mueven los árboles, es que el enemigo se está acercando. Si hay obstáculos entre los matorrales, es que has tomado un mal camino.

La idea de poner muchos obstáculos entre la maleza es hacerte pensar que existen tropas emboscadas escondidas en medio de ella.

Si los pájaros alzan el vuelo, hay tropas emboscadas en el lugar. Si los animales están asustados, existen tropas atacantes. Si se elevan columnas de polvo altas y espesas, hay carros que se están acercando; si son bajas y anchas, se acercan soldados a pie. Humaredas esparcidas significan que se está cortando leña. Pequeñas polvaredas que van y vienen indican que hay que levantar el campamento.

Si los emisarios del enemigo pronuncian palabras humildes mientras que éste incrementa sus preparativos de guerra, esto quiere decir que va a avanzar. Cuando se pronuncian palabras altisonantes y se avanza ostentosamente, es señal de que el enemigo se va a retirar.

Si sus emisarios vienen con palabras humildes, envía espías para observar al enemigo y comprobarás que está aumentando sus preparativos de guerra.

Cuando los carros ligeros salen en primer lugar y se sitúan en los flancos, están estableciendo un frente de batalla.

Si los emisarios llegan pidiendo la paz sin firmar un tratado, significa que están tramando algún complot.

Si el enemigo dispone rápidamente a sus carros en filas de combate, es que está esperando refuerzos.

No se precipitarán para un encuentro ordinario si no entienden que les ayudará, o debe haber una fuerza que se halla a distancia y que es esperada en un determinado momento para unir sus tropas y atacarte. Conviene anticipar, prepararse inmediatamente para esta eventualidad.

Si la mitad de sus tropas avanza y la otra mitad retrocede, es que el enemigo piensa atraerte a una trampa.

El enemigo está fingiendo en este caso confusión y desorden para incitarte a que avances.

Si los soldados enemigos se apoyan unos en otros, es que están hambrientos.

Si los aguadores beben en primer lugar, es que las tropas están sedientas.

Si el enemigo ve una ventaja pero no la aprovecha, es que está cansado.

Si los pájaros se reúnen en el campo enemigo, es que el lugar está vacío.

Si hay pájaros sobrevolando una ciudad, el ejército ha huido.

Si se producen llamadas nocturnas, es que los soldados enemigos están atemorizados. Tienen miedo y están inquietos, y por eso se llaman unos a otros.

Si el ejército no tiene disciplina, esto quiere decir que el general no es tomado en serio.

Si los estandartes se mueven, es que está sumido en la confusión.

Las señales se utilizan para unificar el grupo; así pues, si se desplaza de acá para allá sin orden ni concierto, significa que sus filas están confusas.

Si sus emisarios muestran irritación, significa que están cansados.

Si matan sus caballos para obtener carne, es que los soldados carecen de alimentos; cuando no tienen marmitas y no vuelven a su campamento, son enemigos completamente desesperados.

Si se producen murmuraciones, faltas de disciplina y los soldados hablan mucho entre sí, quiere decir que se ha perdido la lealtad de la tropa.

Las murmuraciones describen la expresión de los verdaderos sentimientos; las faltas de disciplina indican problemas con los superiores. Cuando el mando ha perdido la lealtad de las tropas, los soldados se hablan con franqueza entre sí sobre los problemas con sus superiores.

Si se otorgan numerosas recompensas, es que el enemigo se halla en un callejón sin salida; cuando se ordenan demasiados castigos, es que el enemigo está desesperado.

Cuando la fuerza de su ímpetu está agotada, otorgan constantes recompensas para tener contentos a los soldados, para evitar que se rebelen en masa. Cuando los soldados están tan agotados que no pueden cumplir las órdenes, son castigados una y otra vez para restablecer la autoridad.

Ser violento al principio y terminar después temiendo a los propios soldados es el colmo de la ineptitud.

Los emisarios que acuden con actitud conciliatoria indican que el enemigo quiere una tregua.

Si las tropas enemigas se enfrentan a ti con ardor, pero demoran el momento de entrar en combate sin abandonar no obstante el terreno, has de observarlos cuidadosamente.

Están preparando un ataque por sorpresa.

En asuntos militares, no es necesariamente más beneficioso ser superior en fuerzas, sólo evitar actuar con violencia innecesaria; es suficiente con consolidar tu poder, hacer estimaciones sobre el enemigo y conseguir reunir tropas; eso es todo.

El enemigo que actúa aisladamente, que carece de estrategia y que toma a la ligera a sus adversarios, inevitablemente acabará siendo derrotado.

Si tu plan no contiene una estrategia de retirada o posterior al ataque, sino que confías exclusivamente en la fuerza de tus soldados, y tomas a la ligera a tus adversarios sin valorar su condición, con toda seguridad caerás prisionero.

Si se castiga a los soldados antes de haber conseguido que sean leales al mando, no obedecerán, y si no obedecen, serán difíciles de emplear.

Tampoco podrán ser empleados si no se lleva a cabo ningún castigo, incluso después de haber obtenido su lealtad.

Cuando existe un sentimiento subterráneo de aprecio y confianza, y los corazones de los soldados están ya vinculados al mando, si se relaja la disciplina, los soldados se volverán arrogantes y será imposible emplearlos.

Por lo tanto, dirígelos mediante el arte civilizado y unifícalos mediante las artes marciales; esto significa una victoria continua.

Arte civilizado significa humanidad, y artes marciales significan reglamentos. Mándalos con humanidad y benevolencia, unifícalos de manera estricta y firme. Cuando la benevolencia y la firmeza son evidentes, es posible estar seguro de la victoria.

Cuando las órdenes se dan de manera clara, sencilla y consecuente a las tropas, éstas las aceptan. Cuando las órdenes son confusas, contradictorias y cambiantes las tropas no las aceptan o no las entienden.

Cuando las órdenes son razonables, justas, sencillas, claras y consecuentes, existe una satisfacción recíproca entre el líder y el grupo.

 

Sobre la topología.

Algunos terrenos son fáciles, otros difíciles, algunos neutros, otros estrechos, accidentados o abiertos.

Cuando el terreno sea accesible, sé el primero en establecer tu posición, eligiendo las alturas soleadas; una posición que sea adecuada para transportar los suministros; así tendrás ventaja cuando libres la batalla.

Cuando estés en un terreno difícil de salir, estás limitado. En este terreno, si tu enemigo no está preparado, puedes vencer si sigues adelante, pero si el enemigo está preparado y sigues adelante, tendrás muchas dificultades para volver de nuevo a él, lo cual jugará en contra tuya.

Cuando es un terreno desfavorable para ambos bandos, se dice que es un terreno neutro. En un terreno neutro, incluso si el adversario te ofrece una ventaja, no te aproveches de ella: retírate, induciendo a salir a la mitad de las tropas enemigas, y entonces cae sobre él aprovechándote de esta condición favorable.

En un terreno estrecho, si eres el primero en llegar, debes ocuparlo totalmente y esperar al adversario. Si él llega antes, no lo persigas si bloquea los desfiladeros. Persíguelo sólo si no los bloquea.

En terreno accidentado, si eres el primero en llegar, debes ocupar sus puntos altos y soleados y esperar al adversario. Si éste los ha ocupado antes, retírate y no lo persigas.

En un terreno abierto, la fuerza del ímpetu se encuentra igualada, y es difícil provocarle a combatir de manera desventajosa para él.

Entender estas seis clases de terreno es la responsabilidad principal del general, y es imprescindible considerarlos.

Éstas son las configuraciones del terreno; los generales que las ignoran salen derrotados.

Así pues, entre las tropas están las que huyen, la que se retraen, las que se derrumban, las que se rebelan y las que son derrotadas. Ninguna de estas circunstancias constituyen desastres naturales, sino que son debidas a los errores de los generales.

Las tropas que tienen el mismo ímpetu, pero que atacan en proporción de uno contra diez, salen derrotadas. Los que tienen tropas fuertes pero cuyos oficiales son débiles, quedan retraídos.

Los que tienen soldados débiles al mando de oficiales fuertes, se verán en apuros. Cuando los oficiales superiores están encolerizados y son violentos, y se enfrentan al enemigo por su cuenta y por despecho, y cuando los generales ignoran sus capacidades, el ejército se desmoronará.

Como norma general, para poder vencer al enemigo, todo el mando militar debe tener una sola intención y todas las fuerzas militares deben cooperar.

Cuando los generales son débiles y carecen de autoridad, cuando las órdenes no son claras, cuando oficiales y soldados no tienen solidez y las formaciones son anárquicas, se produce revuelta.

Los generales que son derrotados son aquellos que son incapaces de calibrar a los adversarios, entran en combate con fuerzas superiores en número o mejor equipadas, y no seleccionan a sus tropas según los niveles de preparación de las mismas.

Si empleas soldados sin seleccionar a los preparados de los no preparados, a los arrojados y a los timoratos, te estás buscando tu propia derrota.

Estas son las seis maneras de ser derrotado. La comprensión de estas situaciones es la responsabilidad suprema de los generales y deben ser consideradas.

La primera es no calibrar el número de fuerzas; la segunda, la ausencia de un sistema claro de recompensas y castigos; la tercera, la insuficiencia de entrenamiento; la cuarta es la pasión irracional; la quinta es la ineficacia de la ley del orden; y la sexta es el fallo de no seleccionar a los soldados fuertes y resueltos.

La configuración del terreno puede ser un apoyo para el ejército; para los jefes militares, el curso de la acción adecuada es calibrar al adversario para asegurar la victoria y calcular los riesgos y las distancias. Salen vencedores los que libran batallas conociendo estos elementos; salen derrotados los que luchan ignorándolos.

Por lo tanto, cuando las leyes de la guerra señalan una victoria segura es claramente apropiado entablar batalla, incluso si el gobierno ha dada órdenes de no atacar. Si las leyes de la guerra no indican una victoria segura, es adecuado no entrar en batalla, aunque el gobierno haya dada la orden de atacar. De este modo se avanza sin pretender la gloria, se ordena la retirada sin evitar la responsabilidad, con el único propósito de proteger a la población y en beneficio también del gobierno; así se rinde un servicio valioso a la nación.

Avanzar y retirarse en contra de las órdenes del gobierno no se hace por interés personal, sino para salvaguardar las vidas de la población y en auténtico beneficio del gobierno. Servidores de esta talla son muy útiles para un pueblo.

Mira por tus soldados como miras por un recién nacido; así estarán dispuestos a seguirte hasta los valles más profundos; cuida de tus soldados como cuidas de tus queridos hijos, y morirán gustosamente contigo.

Pero si eres tan amable con ellos que no los puedes utilizar, si eres tan indulgente que no les puedes dar órdenes, tan informal que no puedes disciplinarlos, tus soldados serán como niños mimados y, por lo tanto, inservibles.

Las recompensas no deben utilizarse solas, ni debe confiarse solamente en los castigos. En caso contrario, las tropas, como niños mimosos, se acostumbran a disfrutar o a quedar resentidas por todo. Esto es dañino y los vuelve inservibles.

Si sabes que tus soldados son capaces de atacar, pero ignoras si el enemigo es invulnerable a un ataque, tienes sólo la mitad de posibilidades de ganar. Si sabes que tu enemigo es vulnerable a un ataque, pero ignoras si tus soldados son capaces de atacar, sólo tienes la mitad de posibilidades de ganar. Si sabes que el enemigo es vulnerable a un ataque, y tus soldados pueden llevarlo a cabo, pero ignoras si la condición del terreno es favorable para la batalla, tienes la mitad de probabilidades de vencer.

Por lo tanto, los que conocen las artes marciales no pierden el tiempo cuando efectúan sus movimientos, ni se agotan cuando atacan. Debido a esto se dice que cuando te conoces a ti mismo y conoces a los demás, la victoria no es un peligro; cuando conoces el cielo y la tierra, la victoria es inagotable.

Sobre las nueve clases de terreno.

Conforme a las leyes de las operaciones militares, existen nueve clases de terreno. Si intereses locales luchan entre sí en su propio territorio, a éste se le llama terreno de dispersión.

Cuando los soldados están apegados a su casa y combaten cerca de su hogar, pueden ser dispersados con facilidad.

Cuando penetras en un territorio ajeno, pero no lo haces en profundidad, a éste se le llama territorio ligero.

Esto significa que los soldados pueden regresar fácilmente.

El territorio que puede resultarte ventajoso si lo tomas, y ventajoso al enemigo si es él quien lo conquista, se llama terreno clave.

Un terreno de lucha inevitable es cualquier enclave defensivo o paso estratégico.

Un territorio igualmente accesible para ti y para los demás se llama terreno de comunicación.

El territorio que está rodeado por tres territorios rivales y es el primero en proporcionar libre acceso a él a todo el mundo se llama terreno de intersección.

El terreno de intersección es aquel en el que convergen las principales vías de comunicación uniéndolas entre sí: sé el primero en ocuparlo, y la gente tendrá que ponerse de tu lado. Si lo obtienes, te encuentras seguro; si lo pierdes, corres peligro.

Cuando penetras en profundidad en un territorio ajeno, y dejas detrás muchas ciudades y pueblos, a este terreno se le llama difícil.

Es un terreno del que es difícil regresar.

Cuando atraviesas montañas boscosas, desfiladeros abruptos u otros accidentes difíciles de atravesar, a esto se le llama terreno desfavorable.

Cuando el acceso es estrecho y la salida es tortuosa, de manera que una pequeña unidad enemiga puede atacarte, aunque tus tropas sean más numerosas, a éste se le llama terreno cercado.

Si eres capaz de una gran adaptación, puedes atravesar este territorio.

Si sólo puedes sobrevivir en un territorio luchando con rapidez, y si es fácil morir si no lo haces, a éste se le llama terreno mortal.

Las tropas que se encuentran en un terreno mortal están en la misma situación que si se encontraran en una barca que se hunde o en una casa ardiendo.

Así pues, no combatas en un terreno de dispersión, no te detengas en un terreno ligero, no ataques en un terreno clave (ocupado por el enemigo), no dejes que tus tropas sean divididas en un terreno de comunicación. En terrenos de intersección, establece comunicaciones; en terrenos difíciles, entra aprovisionado; en terrenos desfavorables, continúa marchando; en terrenos cercados, haz planes; en terrenos mortales, lucha.

En un terreno de dispersión, los soldados pueden huir. Un terreno ligero es cuando los soldados han penetrado en territorio enemigo, pero todavía no tienen las espaldas cubiertas: por eso, sus mentes no están realmente concentradas y no están listos para la batalla. No es ventajoso atacar al enemigo en un terreno clave; lo que es ventajoso es llegar el primero a él. No debe permitirse que quede aislado el terreno de comunicación, para poder servirse de las rutas de suministros. En terrenos de intersección, estarás a salvo si estableces alianzas; si las pierdes, te encontrarás en peligro. En terrenos difíciles, entrar aprovisionado significa reunir todo lo necesario para estar allí mucho tiempo. En terrenos desfavorables, ya que no puedes atrincherarte en ello, debes apresurarte a salir. En terrenos cercados, introduce tácticas sorpresivas.

Si las tropas caen en un terreno mortal, todo el mundo luchará de manera espontánea. Por esto se dice: "Sitúa a las tropas en un terreno mortal y sobrevivirán. "

Los que eran antes considerados como expertos en el arte de la guerra eran capaces de hacer que el enemigo perdiera contacto entre su vanguardia y su retaguardia, la confianza entre las grandes y las pequeñas unidades, el interés recíproco par el bienestar de los diferentes rangos, el apoyo mutuo entre gobernantes y gobernados, el alistamiento de soldados y la coherencia de sus ejércitos. Estos expertos entraban en acción cuando les era ventajoso, y se retenían en caso contrario.

Introducían cambios para confundir al enemigo, atacándolos aquí y allá, aterrorizándolos y sembrando en ellos la confusión, de tal manera que no les daban tiempo para hacer planes.

Se podría preguntar cómo enfrentarse a fuerzas enemigas numerosas y bien organizadas que se dirigen hacia ti. La respuesta es quitarles en primer lugar algo que aprecien, y después te escucharán.

La rapidez de acción es el factor esencial de la condición de la fuerza militar, aprovechándose de los errores de los adversarios, desplazándose por caminos que no esperan y atacando cuando no están en guardia.

Esto significa que para aprovecharse de la falta de preparación, de visión y de cautela de los adversarios, es necesario actuar con rapidez, y que si dudas, esos errores no te servirán de nada.

En una invasión, por regla general, cuanto más se adentran los invasores en el territorio ajeno, más fuertes se hacen, hasta el punto de que el gobierno nativo no puede ya expulsarlos.

Escoge campos fértiles, y las tropas tendrán suficiente para comer. Cuida de su salud y evita el cansancio, consolida su energía, aumenta su fuerza. Que los movimientos de tus tropas y la preparación de tus planes sean insondables.

Consolida la energía más entusiasta de tus tropas, ahorra las fuerzas sobrantes, mantén en secreto tus formaciones y tus planes, permaneciendo insondable para los enemigos, y espera a que se produzca un punto vulnerable para avanzar.

Sitúa a tus tropas en un punto que no tenga salida, de manera que tengan que morir antes de poder escapar. Porque, ¿ante la posibilidad de la muerte, qué no estarán dispuestas a hacer? Los guerreros dan entonces lo mejor de sus fuerzas. Cuando se hallan ante un grave peligro, pierden el miedo. Cuando no hay ningún sitio a donde ir, permanecen firmes; cuando están totalmente implicados en un terreno, se aferran a él. Si no tienen otra opción, lucharán hasta el final.

Por esta razón, los soldados están vigilantes sin tener que ser estimulados, se alistan sin tener que ser llamados a filas, son amistosos sin necesidad de promesas, y se puede confiar en ellos sin necesidad de órdenes.

Esto significa que cuando los combatientes se encuentran en peligro de muerte, sea cual sea su rango, todos tienen el mismo objetivo, y, por lo tanto, están alerta sin necesidad de ser estimulados, tienen buena voluntad de manera espontánea y sin necesidad de recibir órdenes, y puede confiarse de manera natural en ellos sin promesas ni necesidad de jerarquía.

Prohibe los augurios para evitar las dudas, y los soldados nunca te abandonarán. Si tus soldados no tienen riquezas, no es porque las desdeñen. Si no tienen más longevidad, no es porque no quieran vivir más tiempo. El día en que se da la orden de marcha, los soldados lloran.

Así pues, una operación militar preparada con pericia debe ser como una serpiente veloz que contraataca con su cola cuando alguien le ataca por la cabeza, contraataca con la cabeza cuando alguien le ataca por la cola y contraataca con cabeza y cola, cuando alguien le ataca por el medio.

Esta imagen representa el método de una línea de batalla que responde velozmente cuando es atacada. Un manual de ocho formaciones clásicas de batalla dice: "Haz del frente la retaguardia, haz de la retaguardia el frente, con cuatro cabezas y ocho colas. Haz que la cabeza esté en todas partes, y cuando el enemigo arremeta por el centro, cabeza y cola acudirán al rescate."

Puede preguntarse la cuestión de si es posible hacer que una fuerza militar sea como una serpiente rápida. La respuesta es afirmativa. Incluso las personas que se tienen antipatía, encontrándose en el mismo barco, se ayudarán entre sí en caso de peligro de zozobrar.

Es la fuerza de la situación la que hace que esto suceda.

Por esto, no basta con depositar la confianza en caballos atados y ruedas fijadas.

Se atan los caballos para formar una línea de combate estable, y se fijan las ruedas para hacer que los carros no se puedan mover. Pero aun así, esto no es suficientemente seguro ni se puede confiar en ello. Es necesario permitir que haya variantes a los cambios que se hacen, poniendo a los soldados en situaciones mortales, de manera que combatan de forma espontánea y se ayuden unos a otros codo con codo: éste es el camino de la seguridad y de la obtención de una victoria cierta.

La mejor organización es hacer que se exprese el valor y mantenerlo constante. Tener éxito tanto con tropas débiles como con tropas aguerridas se basa en la configuración de las circunstancias.

Si obtienes la ventaja del terreno, puedes vencer a los adversarios, incluso con tropas ligeras y débiles; ¿cuánto más te sería posible si tienes tropas poderosas y aguerridas? Lo que hace posible la victoria a ambas clases de tropas es las circunstancias del terreno.

Por lo tanto, los expertos en operaciones militares logran la cooperación de la tropa, de tal manera que dirigir un grupo es como dirigir a un solo individuo que no tiene más que una sola opción.

Corresponde al general ser tranquilo, reservado, justo y metódico.

Sus planes son tranquilos y absolutamente secretos para que nadie pueda descubrirlos. Su mando es justo y metódico, así que nadie se atreve a tomarlo a la ligera.

Puede mantener a sus soldados sin información y en completa ignorancia de sus planes.

Cambia sus acciones y revisa sus planes, de manera que nadie pueda reconocerlos. Cambia de lugar su emplazamiento y se desplaza por caminos sinuosos, de manera que nadie pueda anticiparse.

Puedes ganar cuando nadie puede entender en ningún momento cuáles son tus intenciones.

Dice un Gran Hombre: "El principal engaño que se valora en las operaciones militares no se dirige sólo a los enemigos, sino que empieza por las propias tropas, para hacer que le sigan a uno sin saber adónde van." Cuando un general fija una meta a sus tropas, es como el que sube a un lugar elevado y después retira la escalera. Cuando un general se adentra muy en el interior del territorio enemigo, está poniendo a prueba todo su potencial.

Ha hecho quemar las naves a sus tropas y destruir sus casas; así las conduce como un rebaño y todos ignoran hacia dónde se encaminan.

Incumbe a los generales reunir a los ejércitos y ponerlos en situaciones peligrosas. También han de examinar las adaptaciones a los diferentes terrenos, las ventajas de concentrarse o dispersarse, y las pautas de los sentimientos y situaciones humanas.

Cuando se habla de ventajas y de desventajas de la concentración y de la dispersión, quiere decir que las pautas de los comportamientos humanos cambian según los diferentes tipos de terreno.

En general, la pauta general de los invasores es unirse cuando están en el corazón del territorio enemigo, pero tienden a dispersarse cuando están en las franjas fronterizas. Cuando dejas tu territorio y atraviesas la frontera en una operación militar, te hallas en un terreno aislado.

Cuando es accesible desde todos los puntos, es un terreno de comunicación.

Cuando te adentras en profundidad, estás en un terreno difícil. Cuando penetras poco, estás en un terreno ligero.

Cuando a tus espaldas se hallen espesuras infranqueables y delante pasajes estrechos, estás en un terreno cercado.

Cuando no haya ningún sitio a donde ir, se trata de un terreno mortal.

Así pues, en un terreno de dispersión, yo unificaría las mentes de los soldados. En un terreno ligero, las mantendría en contacto. En un terreno clave, les haría apresurarse para tomarlo. En un terreno de intersección, prestaría atención a la defensa. En un terreno de comunicación, establecería sólidas alianzas. En un terreno difícil, aseguraría suministros continuados. En un terreno desfavorable, urgiría a mis tropas a salir rápidamente de él. En un terreno cercado, cerraría las entradas. En un terreno mortal, indicaría a mis tropas que no existe ninguna posibilidad de sobrevivir.

Por esto, la psicología de los soldados consiste en resistir cuando se ven rodeados, luchar cuando no se puede evitar, y obedecer en casos extremos.

Hasta que los soldados no se ven rodeados, no tienen la determinación de resistir al enemigo hasta alcanzar la victoria. Cuando están desesperados, presentan una defensa unificada.

Por ello, los que ignoran los planes enemigos no pueden preparar alianzas.

Los que ignoran las circunstancias del terreno no pueden hacer maniobrar a sus fuerzas. Los que no utilizan guías locales no pueden aprovecharse del terreno. Los militares de un gobierno eficaz deben conocer todos estos factores.

Cuando el ejército de un gobierno eficaz ataca a un gran territorio, el pueblo no se puede unir. Cuando su poder sobrepasa a los adversarios, es imposible hacer alianzas.

Si puedes averiguar los planes de tus adversarios, aprovéchate del terreno y haz maniobrar al enemigo de manera que se encuentre indefenso; en este caso, ni siquiera un gran territorio puede reunir suficientes tropas para detenerte.

Por lo tanto, si no luchas por obtener alianzas, ni aumentas el poder de ningún país, pero extiendes tu influencia personal amenazando a los adversarios, todo ello hace que el país y las ciudades enemigas sean vulnerables.

Otorga recompensas que no estén reguladas y da órdenes desacostumbradas.

Considera la ventaja de otorgar recompensas que no tengan precedentes, observa cómo el enemigo hace promesas sin tener en cuenta los códigos establecidos.

Maneja las tropas como si fueran una sola persona. Empléalas en tareas reales, pero no les hables. Motívalas con recompensas, pero no les comentes los perjuicios posibles.

Emplea a tus soldados sólo en combatir, sin comunicarles tu estrategia. Déjales conocer los beneficios que les esperan, pero no les hables de los daños potenciales. Si la verdad se filtra, tu estrategia puede hundirse. Si los soldados empiezan a preocuparse, se volverán vacilantes y temerosos.

Colócalos en una situación de posible exterminio, y entonces lucharán para vivir. Ponles en peligro de muerte, y entonces sobrevivirán. Cuando las tropas afrontan peligros, son capaces de luchar para obtener la victoria.

Así pues, la tarea de una operación militar es fingir acomodarse a las intenciones del enemigo. Si te concentras totalmente en éste, puedes matar a su general aunque estés a kilómetros de distancia. A esto se llama cumplir el objetivo con pericia.

Al principio te acomodas a sus intenciones, después matas a sus generales: ésta es la pericia en el cumplimiento del objetivo.

Así, el día en que se declara la guerra, se cierran las fronteras, se rompen los salvoconductos y se impide el paso de emisarios.

Los asuntos se deciden rigurosamente desde que se comienza a planificar y establecer la estrategia desde la casa o cuartel general.

El rigor en los cuarteles generales en la fase de planificación se refiere al mantenimiento del secreto.

Cuando el enemigo ofrece oportunidades, aprovéchalas inmediatamente.

Entérate primero de lo que pretende, y después anticípate a él. Mantén la disciplina y adáptate al enemigo, para determinar el resultado de la guerra. Así, al principio eres como una doncella y el enemigo abre sus puertas; entonces, tú eres como una liebre suelta, y el enemigo no podrá expulsarte.

 

Sobre el arte de atacar por el fuego

Existen cinco clases de ataques mediante el fuego: quemar a las personas, quemar los suministros, quemar el equipo, quemar los almacenes y quemar las armas.

El uso del fuego tiene que tener una base, y exige ciertos medios. Existen momentos adecuados para encender fuegos, concretamente cuando el tiempo es seco y ventoso.

Normalmente, en ataques mediante el fuego es imprescindible seguir los cambios producidos por éste. Cuando el fuego está dentro del campamento enemigo, prepárate rápidamente desde fuera. Si los soldados se mantienen en calma cuando el fuego se ha declarado, espera y no ataques. Cuando el fuego alcance su punto álgido, síguelo, si puedes; si no, espera.

En general, el fuego se utiliza para sembrar la confusión en el enemigo y así poder atacarle.

Cuando el fuego puede ser prendido en campo abierto, no esperes a hacerlo en su interior; hazlo cuando sea oportuno.

Cuando el fuego sea atizado par el viento, no ataques en dirección contraria a éste.

No es eficaz luchar contra el ímpetu del fuego, porque el enemigo luchará en este caso hasta la muerte.

Si ha soplado el viento durante el día, a la noche amainará.

Un viento diurno cesará al anochecer; un viento nocturno cesará al amanecer.

Los ejércitos han de saber que existen variantes de las cinco clases de ataques mediante el fuego, y adaptarse a éstas de manera racional.

No basta saber cómo atacar a los demás con el fuego, es necesario saber cómo impedir que los demás te ataquen a ti.

Así pues, la utilización del fuego para apoyar un ataque significa claridad, y la utilización del agua para apoyar un ataque significa fuerza. El agua puede incomunicar, pero no puede arrasar.

El agua puede utilizarse para dividir a un ejército enemigo, de manera que su fuerza se desuna y la tuya se fortalezca.

Ganar combatiendo o llevar a cabo un asedio victorioso sin recompensar a los que han hecho méritos trae mala fortuna y se hace merecedor de ser llamado avaro. Por eso se dice que un gobierno esclarecido lo tiene en cuenta y que un buen mando militar recompensa el mérito. No moviliza a sus tropas cuando no hay ventajas que obtener, ni actúa cuando no hay nada que ganar, ni luchan cuando no existe peligro.

Las armas son instrumentos de mal augurio, y la guerra es un asunto peligroso. Es indispensable impedir una derrota desastrosa, y por lo tanto, no vale la pena movilizar un ejército por razones insignificantes: Las armas sólo deben utilizarse cuando no existe otro remedio.

Un gobierno no debe movilizar un ejército por ira, y los jefes militares no deben provocar la guerra por cólera.

Actúa cuando sea beneficioso; en caso contrario, desiste. La ira puede convertirse en alegría, y la cólera puede convertirse en placer, pero un pueblo destruido no puede hacérsele renacer, y la muerte no puede convertirse en vida. En consecuencia, un gobierno esclarecido presta atención a todo esto, y un buen mando militar lo tiene en cuenta. Ésta es la manera de mantener a la nación a salvo y de conservar intacto a su ejército.

 

Sobre la concordia y la discordia

Una Operación militar significa un gran esfuerzo para el pueblo, y la guerra puede durar muchos años para obtener una victoria de un día. Así pues, fallar en conocer la situación de los adversarios por economizar en aprobar gastos para investigar y estudiar a la oposición es extremadamente inhumano, y no es típico de un buen jefe militar, de un consejero de gobierno, ni de un gobernante victorioso. Por lo tanto, lo que posibilita a un gobierno inteligente y a un mando militar sabio vencer a los demás y lograr triunfos extraordinarios con esa información esencial.

La información previa no puede obtenerse de fantasmas ni espíritus, ni se puede tener por analogía, ni descubrir mediante cálculos. Debe obtenerse de personas; personas que conozcan la situación del adversario.

Existen cinco clases de espías: el espía nativo, el espía interno, el doble agente, el espía liquidable, y el espía flotante. Cuando están activos todos ellos, nadie conoce sus rutas: a esto se le llama genio organizativo, y se aplica al gobernante.

Los espías nativos se contratan entre los habitantes de una localidad. Los espías internos se contratan entre los funcionarios enemigos. Los agentes dobles se contratan entre los espías enemigos. Los espías liquidables transmiten falsos datos a los espías enemigos. Los espías flotantes vuelven para traer sus informes.

Entre los funcionarios del régimen enemigo, se hallan aquéllos con los que se puede establecer contacto y a los que se puede sobornar para averiguar la situación de su país y descubrir cualquier plan que se trame contra ti, también pueden ser utilizados para crear desavenencias y desarmonía.

En consecuencia, nadie en las fuerzas armadas es tratado con tanta familiaridad como los espías, ni a nadie se le otorgan recompensas tan grandes como a ellos, ni hay asunto más secreto que el espionaje.

Si no se trata bien a los espías, pueden convertirse en renegados y trabajar para el enemigo.

No se pueden utilizar a los espías sin sagacidad y conocimiento; no puede uno servirse de espías sin humanidad y justicia, no se puede obtener la verdad de los espías sin sutileza. Ciertamente, es un asunto muy delicado. Los espías son útiles en todas partes.

Cada asunto requiere un conocimiento previo.

Si algún asunto de espionaje es divulgado antes de que el espía haya informado, éste y el que lo haya divulgado deben eliminarse.

Siempre que quieras atacar a un ejército, asediar una ciudad o atacar a una persona, has de conocer previamente la identidad de los generales que la defienden, de sus aliados, sus visitantes, sus centinelas y de sus criados; así pues, haz que tus espías averigüen todo sobre ellos.

Siempre que vayas a atacar y a combatir, debes conocer primero los talentos de los servidores del enemigo, y así puedes enfrentarte a ellos según sus capacidades.

Debes buscar a agentes enemigos que hayan venido a espiarte, sobornarlos e inducirlos a pasarse a tu lado, para poder utilizarlos como agentes dobles. Con la información obtenida de esta manera, puedes encontrar espías nativos y espías internos para contratarlos. Con la información obtenida de éstos, puedes fabricar información falsa sirviéndote de espías liquidables. Con la información así obtenida, puedes hacer que los espías flotantes actúen según los planes previstos.

Es esencial para un gobernante conocer las cinco clases de espionaje, y este conocimiento depende de los agentes dobles; así pues, éstos deben ser bien tratados.

Así, sólo un gobernante brillante o un general sabio que pueda utilizar a los más inteligentes para el espionaje, puede estar seguro de la victoria. El espionaje es esencial para las operaciones militares, y los ejércitos dependen de él para llevar a cabo sus acciones.

No será ventajoso para el ejército actuar sin conocer la situación del enemigo, y conocer la situación del enemigo no es posible sin el espionaje.

Las 36 estrategias chinas. Estrategias clásicas de oriente.

Dominio de la superioridad

Estas estrategias son las más directas y fáciles de descubrir. Para alcanzar el éxito se necesita estar al comienzo en una posición de mayor fuerza, pero aún así se puede fracasar. Se poseen recursos para asediar a otros, tiempo y medios para relajarse mientras se esperan los movimientos del enemigo y capacidad de disimulo para enmascarar la verdadera dirección del ataque.

Estrategia 1. Cruzar el mar confundiendo al cielo.

Algo que es familiar no provoca la atención. (Proverbio chino). Cuanto más obvia parece una situación, más secretos profundos puede esconder. La gente tiende a ignorar lo que les es familiar y espera que los secretos estén escondidos. Se tiende a descuidar las actividades abiertas que esconden estrategias subyacentes. Hitler utilizó esta estrategia en la invasión de Francia durante la Segunda Guerra mundial. Dejó entrar la información de una invasión inminente ¡Veintinueve veces!, hasta que los servicios de inteligencia británico y francés dejaron de tomar en serio la información. Francia quedó desprotegida ante la guerra relámpago que sobrevino.

Estrategia 2. Sitiar el reino de Wei para salvar el reino de Zhao.

El que conoce el arte de la aproximación directa y de la indirecta resultará victorioso. El Arte de la Guerra (Sun Tzu). Atacar directamente a un enemigo poderoso y unido es una invitación al desastre. Hay que emplear una confrontación indirecta: concentrar fuerzas para golpear en el punto más débil del enemigo, aprovechar sus fallos, resolver un problema mediante la concentración en un aspecto que parece al margen pero que en calidad es la clave o desviar el problema sobre otra circunstancia. Mao Tse Tung empleó esta táctica en la Guerra civil china. Cuando Chiang Kai Shek avanzaba hacia la zona comunista, Mao enviaba tropas a donde menos se esperaba: justo medio del territorio controlado por el Kuomitang.

Estrategia 3. Matar con un cuchillo prestado

Si quieres hacer algo, haz que tu contrincante lo haga por ti. El Arte de la Guerra II (Sun Bin). Significa utilizar los recursos ajenos en provecho propio. En vísperas de la invasión de la Unión Soviética, los servicios de inteligencia alemanes proporcionaron a los soviéticos pruebas inventadas de que el mariscal ruso Mijail Tujachevski conspiraba contra Stalin. Como consecuencia, los mismos soviéticos ejecutaron a Tujachevski y a otros siete mariscales que Alemania consideraba obstáculos esenciales para la inmediata invasión.

Estrategia 4. Relajarse mientras el enemigo se agota a sí mismo.

Algo que es familiar, la mujer supera al hombre en tranquilidad. Tao Te King (Lao Tse). Lo que parece blando y flexible puede ser fuerte y firme, mientras lo que parece invencible puede ser débil. El sauce se pliega al viento y se mantiene en pie, el robusto roble se quiebra y cae. El agua se adapta a cualquier terreno, pero desgasta la roca más dura. Según escribió Sun Tzu en el Arte de la Guerra: "El ejército que llega antes al campo de batalla y espera al enemigo está descansado y gana la iniciativa, mientras que el ejército que llega tarde y se lanza a la batalla está cansado y se ve forzado a adoptar una posición pasiva. Si ves que los enemigos muestran ardor, espera a que éste se aplaque y se vean abrumados bajo el peso y el fastidio de la fatiga."

Estrategia 5. Saquear una casa en llamas.

El enemigo con problemas internos está maduro para ser conquistado. Proverbio Chino. Los adversarios que ya tienen problemas son más fáciles de vencer que los que no tienen tales distracciones. Hay que aprovechar totalmente las desgracias del enemigo e incluso aumentarlas para restarles fuerza. Recordemos la cesión de la provincia del Sahara español a Marruecos en 1.975 y la Marcha Verde, así como la situación de España en esas fechas.

Estrategia 6. Fingir ir hacia el Este mientras se ataca por el Oeste.

El general que sabe cuando atacar hace que su enemigo no sepa cuando defenderse. El Libro de los Cinco Anillos -Manuscrito del Fuego- (Miyamoto Musashi). Se crea una falsa impresión para hacer pensar al enemigo que el ataque viene de un lado, cuando en realidad está llegando por otro. El adversario no debe descubrir las intenciones de los falsos movimientos: si no se hace con inteligencia, puede volverse contra uno.En 1.983, se dejó filtrar a la prensa que se estaban enviando aviones de carga y barcos de EEUU. a Oriente Medio para ayudar a las tropas de mantenimiento de la paz en el Líbano. En realidad, la flota se dirigió a Granada, dónde la isla se ocupó con gran rapidez por lo inesperado de la acción.

 

Confrontación

Los dos adversarios tienen una potencia similar. Inclinar la situación a nuestro favor requiere más tretas y mayor complejidad. Estas estrategias se basan en el sigilo y la astucia (hacer que el enemigo nos subestime), ataques por sorpresa por retaguardia, infiltración y aprovechamiento de los puntos débiles del contrario.

Estrategia 7. Crear algo a partir de nada.

Todo el universo ha sido creado de la nada.Tao te King (Lao Tse). Si se es capaz de crear algo a partir de nada, las circunstancias más insignificantes pueden conducir al éxito. La mentira repetida mil veces puede llegar a aceptarse como verdad. Convertir algo pequeño en enorme, creado a partir de actitudes preexistentes para avivar los miedos, aumentar los prejuicios o desviar la percepción de los hechos. Una variante es hacer pensar a los demás que uno no tiene nada cuando en edad se tiene algo. Una ciudad estaba sitiada y sus defensores se quedaron sin flechas. Se ordenó a la gente fabricar figuras de paja de tamaño natural vestidos de negro que los soldados descolgaron con cuerdas por las murallas al caer la noche. Las tropas sitiadoras perdieron infinidad de flechas en disparar sobre lo que creían que eran enemigos que escapaban. Las flechas se clavaron en los hombres de paja y los sitiados las volvieron a subir a la muralla. En ese momento se descubrió el ardid y cesaron los disparos, pero ya era tarde. Se había pasado de no tener munición a tenerla de sobra. Esa misma noche se descolgaron 500 soldados de elite. Los sitiadores pensaron que otra vez eran figuras de paja y no prestaron atención. Los quinientos hombres entraron a saco en el campamento enemigo que huyó en desbandada.

Estrategia 8. Aparentar tomar un camino cuando se entra a hurtadillas por otro.

El ataque tiene éxito cuando el enemigo descuida la defensa. El Arte de la Guerra (Sun Tzu). Opone maniobras abiertas, predecible y públicas, a otras encubiertas, sorpresivas y secretas. Significa atraer la atención sobre un itinerario y desarrollar rutas alternativas. Los alemanes nunca imaginaron que los aliados cruzarían el Canal de la Mancha por Normandía y concentraron su defensa en Calais. Los aliados hicieron todo lo posible por reforzar esa creencia logrando la sorpresa.

Estrategia 9. Observar los fuegos que arden al otro lado del río.

Siéntate en lo alto de la montaña y observa cómo luchan los tigres entre sí. Proverbio chino. Consiste en dejar que los enemigos se destruyan entre ellos. Hay que aprovechar las contradicciones del adversario. Estando próximo el final de la guerra civil española, hubo combates en Madrid dentro del bando republicano entre los partidarios de negociar la rendición y los de seguir hasta el final. Las tropas nacionales pararon la ofensiva y esperaron el resultado. Esto precipitó aún más el final de la guerra.

Estrategia 10. Ocultar la daga tras una sonrisa.

La poca prudencia de los hombres ve la bondad inmediata de una cosa, sin reparar en el veneno que esconde.El Príncipe (N. Maquiavelo). Significa ganar la confianza del contrincante y actuar solamente cuando ha bajado la guardia. Sólo un mes antes del bombardeo japonés a Pearl Harbour, los nipones enviaron a Estados Unidos a un diplomático casado con una americana para discutir los intereses de los dos países en el Océano Pacífico.

Estrategia 11. Sacrificar el ciruelo por el melocotonero

Dejar una prenda para salvar la carreta. Proverbio chino. A veces hay que hacer sacrificios parciales en aras de la victoria total, hacer concesiones para conseguir el objetivo principal. Exige un cuidadoso cálculo de beneficios parciales y globales, así como ganancias a largo y a corto plazo. Es el sacrificio de la fuerza de protección para lograr salvar los gruesos en una retirada.

Estrategia 12. Aprovechar la oportunidad para robar una cabra.

Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero. Refranero español. Hay que aprovechar las oportunidades que surgen. Cualquier error del enemigo debe ser una ventaja propia. "Cuando el enemigo avanza, retrocedemos; cuando se detiene, lo hostigamos, cuando ésta exhausto, atacamos; cuando se retira, le perseguimos"(Mao Tse Tung)

 

Ataque

En estas estrategias, se explica como minimizar el desgaste que se sufre en el ataque, ya que es la fase mas expuesta del combate y que mayor número de bajas produce

Estrategia 13. Golpear la hierba para asustar la serpiente.

Perturba al enemigo para que revele su despliegue. El Arte de la Guerra (Sun Tzu). Atacando un blanco secundario, se puede asustar al enemigo para que haga públicos secretos importantes. Se puede hacer creer al enemigo que se le está cercando y así se entregará más fácilmente. Hay que provocar al enemigo y estudiar su respuesta antes de lanzar una verdadera ofensiva. Israel lanzó una oleada de aviones teledirigidos sobre el valle de la Bekaa para descubrir las frecuencias de los radares antiaéreos sirios. La siguiente oleada fue con bombarderos antiradar y fue todo un éxito.

Estrategia 14. Levantar un cadáver de entre los muertos.

Significa no utilizar lo que todo el mundo utiliza, sino servirse de lo que nadie se sirve. Hacer revivir algo que ha caido en deshuso por descuido o dejadez. Encontrar utilidades a cosas que habían sido hasta entonces ignoradas o consideradas inútiles.En el mundo de los discos, o en las editoriales, periodicamente aparecen recopilaciones de viejos éxitos que se vuelven a vender como gran novedad.

Estrategia 15. Atraer al tigre fuera de las montañas.

Es más importante disponer de un terreno favorable que tener buenas oportunidades. Los Cuatro Libros Clásicos (Libro de Men Tse).Es mejor hacer salir al enemigo para luchar que adentrarse en territorio peligroso y desconocido para combatirle. Hay que sacarle de su entorno para hacerlo más vulnerable al ataque. Un paso más de esta estrategia es hacer entrar al tigre en las montañas propias. Esta estrategia fue empleada con éxito por la guerrilla afgana contra el invasor soviético.

Estrategia 16. La mentira repetida mil veces puede llegar a aceptarse como verdad. Convertir algo pequeño en enorme, creado a partir de actitudes preexistentes para avivar los miedos, aumentar los prejuicios o desviar la percepción de los hechos. Una variante es hacer pensar a los demás que uno no tiene nada cuando en edad se tiene algo.

Estrategia 17. Fabricar un ladrillo para obtener jade.

Dar un paso después de ceder un centímetro. Proverbio chino. Engatusar al adversario con algo de poco valor para obtener un beneficio mayor. El ejemplo más claro es el Caballo de Troya. Una variante en el mundo de las negociaciones es empezar con una pequeña petición para obtener una predisposición favorable a peticiones más amplias.

Estrategia 18. Capturar al cabecilla para prender a los bandidos

Cuando el árbol cae, los monos se dispersan. Proverbio Chino. Una fuerza se deshace cuando se pierde lo que la mantiene unida.En la batalla de Otumba (México), Hernán Cortés al mando de quinientos hombres, estaba sitiado por diez mil. En una carga con trece jinetes, rompió el cerco y logró matar al caudillo enemigo sembrando el pánico entre los indios. Esa acción decidió la batalla a su favor, destruyendo a gran parte de la fuerza enemiga y poniéndola en fuga.

 

Confusión

En esta situación, las circunstancias y el ambiente es caótico y confuso. Hay que compaginar una serie de intereses y relaciones. Ciertas alianzas con intereses a corto plazo pueden hacer transigir con un enemigo y romper pactos con aliados. Se emplean tácticas de aperturas de negociación y ofertas de paz, mezcladas con amenazas, manipulación de terceros y conspiraciones para dividir alianzas.

Estrategia 19. Robar la leña debajo de la caldera.

Para librarse de las semillas, arrancar de raíz. Proverbio chino. Este método tiene como objetivo mermar los recurso del enemigo y minar su moral. Tiene doble sentido: privar al enemigo de su sostén físico y también del psicológico. Napoleón dijo: "Las tres cuartas partes de la fuerza de un ejército reside en su moral". En la II Guerra del Golfo, los aliados estuvieron bombardeando durante un mes las posiciones defensivas iraquíes. Como resultado, destruyeron un 5% de las Unidades que se encontraban fortificadas y un 80-90% del apoyo logístico. Los efectos morales se vieron durante la ofensiva por las rendiciones en masa.

Estrategia 20. Pescar en aguas turbias.

A río revuelto, ganancia de pescadores. Refranero español. Los tiempos de crisis proporcionan oportunidades excepcionales. No hay que confundirlo con "saquear una casa en llamas", que significa aprovecharse de las adversidades concretas del enemigo, mientras que "pescar en aguas turbias", consiste en aprovecharse de una situación general de confusión y de caos. El ideograma chino "crisis" está compuesto de dos caracteres: "peligro" y oportunidad".

Estrategia 21. Desprenderse del caparazón de la cigarra

Confundir al enemigo mediante una falsa apariencia. Ho Chi Min. Si alguna vez engañó a alguien poniendo almohadas bajo las sábanas para hacer creer que estaba en la cama, cuando en realidad estaba en otro sitio, ese es el significado de esta estrategia.

Estrategia 22. Cerrar la puerta para atrapar al ladrón.

Una sola persona desesperada que huye, puede asustar a mil hombres.Wu Qi. En esencia consiste en cercar al enemigo y cerrar todas las vías de escape. Pero exige algunos requisitos previos: se debe tener al menos una concentración superior de fuerzas en el lugar, o una superioridad absoluta; tiene que haber alguna especie de trampa, ya sea física o psicológica; hay que traer al enemigo con algún engaño y hay que cerrar la trampa en el momento adecuado para que realmente el adversario pueda ser atrapado dentro.Si éste percibe alguna posibilidad de escape, seguirá luchando desesperadamente, pero si sabe que su lucha no tiene sentido, acabará entregándose.

Estrategia 23. Aliarse con un Estado lejano para atacar al Estado vecino.

Personas con diferentes sueños pueden compartir la misma cama. Proverbio chino. Si uno se alía con enemigos (o simplemente neutrales) distantes, mientras se ataca a los cercanos, se pueden minimizar las dificultades logísticas y consolidar además cada victoria.Israel confía en el respaldo del distante poderío yankee y en la coexistencia con países a cierta distancia como Arabia Saudita y Kuwait, mientras tiene un ejercito desplegado en el Sur del Líbano y mantiene con firmeza los territorios palestinos. Estamos hablando de alianzas, no de paz perpetua. Existen intereses permanentes, pero no amigos eternos.

Estrategia 24. Conseguir un camino seguro para conquistar el reino de Guo.

Dime con quien andas y te diré quién eres.Refranero español. Se emplea para cuando, si tenemos dos adversarios, uno está amenazado por el otro. Si se interviene en ayuda del primero, se amplía la influencia sobre ambos al mismo tiempo. La clave de la estrategia es la capacidad de pedir prestado un camino de paso. En la guerra de Vietnam, los EEUU. se apoyaron en territorios prestados (bases en Tailandia y Filipinas, estados que no veían con buenos ojos a un Vietnam del Norte comunista) para llevar personal, armamento, equipo y municiones. De esta manera, también aumentaron su influencia en estos países.

 

Ganar terreno

El objetivo es conseguir de la forma que sea lo que otros controlan. Para alcanzarlo, se usan tácticas de reemplazo, de diversión, falsificación y trampa.

Estrategia 25. Reemplazar las vigas y los pilares con madera podrida.

Roba al cielo y pon allá arriba un sol falso. Proverbio chino. Consiste en robar, sabotear, destruir o eliminar de alguna manera las bases que sostienen al enemigo y sustituirlas por las propias.Durante los años previos a la invasión soviética de Afganistán, se enviaron mas de 6.000 consejeros que gradualmente fueron tomando el control del aparato del Estado. Cuando finalmente se produjo el ataque, casi todos los centros de decisión estaban controlados por los soviéticos.

Estrategia 26. Mata al pollo para asustar al mono.

Señalar a la morera y maldecir al algarrobo. Proverbio Chino. En esta estrategia se trata de usar tácticas para producir miedo, amenazar, asustar o plegar a otros a la sumisión. El rey de Aragón Ramiro I el Monje fue llamado a reinar desde el monasterio. Por proceder del clero, los mas destacados nobles pensaron que carecería de autoridad y se le podría manejar a su antojo. Vista la situación y al poco tiempo de iniciar su reinado, en el mismo día fue llamando uno a uno a los señores feudales más notables. Según entraban a la sala del trono, eran decapitados. El resto de la nobleza entendió el mensaje y se plegó a la autoridad del monarca.

Estrategia 27. Hacerse el tonto sin dejar de ser listo.

Un hombre verdaderamente sabio, suele parecer poco ingenioso. Proverbio chino. Las personas más inteligentes no dejan ver siempre lo inteligentes que son. Las que son menos listas y piensan que son muy listas, actúan de forma temeraria. Hay que esperar, hacerse el tonto y aprovechar la oportunidad. Una mujer llegó a dirigir una empresa a los 24 años en Silicon Valley. En su autobiografía confiesa que ser mujer le ayudó a triunfar, pues los colegas masculinos no la consideraban una competidora, la subestimaban por ser mujer (creencia que ella también alimentó) y al poco tiempo llegó a la presidencia.

Estrategia 28. Retirar la escalera después de haber subido.

No teniendo nada que perder, tiene todo para ganar. Proverbio samurai .Atraer al enemigo a una trampa y después cortarle la vía de escape: al codicioso, con promesa de ganancia; al inflexible, con argucias; al arrogante, con apariencia de debilidad. También quiere decir sumergir a los propios aliados en una situación de crisis que les obligue a inventar nuevas soluciones al problema. Hernán Cortés quemó sus naves al llegar al actual Veracruz (México), para impedir que sus hombres pudiesen regresar a España. No les quedó otra alternativa que realizar la empresa de la conquista.

Estrategia 29. Adornar los árboles con flores falsas.

No es oro todo lo que reluce. Refranero español. Se trata de presentar una apariencia poderosa, incluso si las fuerzas reales son mínimas. Otra variante es que el fuerte se presente como más fuerte para disuadir a los rivales, o más débil para confundirlos. En general, hay que hacer ver que se tienen mas fuerzas que las que se poseen. "Un astuto zorro atrapado por un tigre hambriento le engañaba de esta manera: no te atreverás a comerme, ya que soy superior al resto de los animales, y si me comes, enojarás a los dioses. Si no me crees, sígueme y verás lo que pasa. El tigre siguió al zorro por el bosque y todos los animales huían cuando les veían pasar. El tigre, asombrado y sin caer en la cuenta que era él quién causaba el miedo, dejo que el zorro se fuera."

Estrategia 30. Hacer que el anfitrión y el invitado intercambien sus sitios.

Guárdeme Dios de los amigos, que de los enemigos ya me cuido yo.Refranero español. El invitado puede cambiar de posición con el anfitrión de muchas maneras: aumentando sus fuerzas hasta que se halla suficientemente fuerte para vencer al anfitrión, infiltrándose como amigo y tomando poco a poco el control o penetrando en el territorio después de haber hecho salir al anfitrión. En la naturaleza existe el ejemplo del cuco, que pone un huevo en el nido de otro pájaro y cuando éste sale, tira del nido a las crías de los otros huevos. Los padres de éstos últimos siguen alimentándolo al creer que es su hijo.

 

Situaciones desesperadas

Estas estrategias están pensadas para situaciones de gran debilidad. Pueden ser los últimos recursos en caso de emergencia. Invitan a dar golpes bajos, defenderse con fanfarronerías y faroles e incluso la autodestructividad. Si falla todo lo anterior, siempre se puede intentar la última: retirarse.

Estrategia 31. Utilizar una mujer para tender una trampa a un hombre.

Tiran más dos tetas que dos carretas. Refranero español. En un sentido más amplio, significa ofrecer al adversario cualquier clase de tentación irresistible. Cuando los sandinistas estaban luchando contra la dictadura de Somoza, utilizaron una mujer para atraer a uno de sus más importantes generales a una trampa mortal. Los servicios secretos israelíes utilizaron a una mujer para atraer a un piloto de las fuerzas aéreas sirias que desertó con un avión de combate soviético. En la Biblia, aparece el caso de Judhit que asesinó al caudillo enemigo - Holofernes - tras una loca noche de amor. Tras la muerte de éste contraatacaron los judíos ganando la batalla.

Estrategia 32. Abrir de par en par las puertas de la ciudad vacía.

La mentira más eficaz es la verdad. Stalin. Hay que utilizar esta estrategia cuando se está en situación muy vulnerable. Se basa en la propensión de la gente a desconfiar de lo que se reconoce abiertamente. Si no se tiene ningún medio de defensa y se revela abiertamente al enemigo, es probable que sospeche lo contrario. Se afirma no ser mas de lo que se es con la esperanza que los demás imaginen que somos mucho más. Un general chino iba de camino a sitiar una ciudad prácticamente desguarnecida. La autoridad al mando de la defensa de la ciudad dejó todas las puertas abiertas de las murallas, puso a soldados de paisano a barrer las calles y él mismo se puso a tañer el laúd en lo alto de la muralla. Cuando llegó el enemigo y vio semejante calma, pensó que esa escena sólo podía significar una terrible trampa y ordenó una retirada inmediata.

Estrategia 33. Dejar que el espía siembre la discordia en su propio campo.

No existen situaciones en las que los espías no puedan ser empleados. El Arte de la Guerra (Sun Tzu). Se aconseja manipular a los agentes enemigos para que sirvan a los objetivos propios. Según Sun Tzu hay cuatro tipos de espionaje:

1/ Reclutar personal enemigo. Gente afín a nuestra causa, con familiares en nuestro campo, etc

2/ Comprar fuentes de información. Los candidatos a la captación suelen ser personas con algún resentimiento: gente con talento que ha sido dejada de lado, que han cometido errores y han sido castigadas, personas ambiciosas, inmorales y con afán de protagonismo.

3/ Enviar a alguien de nuestro bando al campo enemigo para que traiga información.

4/ Infiltrar falsa información mediante espías que no son imprescindibles.

5/ Comprar o utilizar espías enemigos. Ya sea por persuasión dinero, engaño, es la clave para manipular al enemigo.

Estrategia 34. Hacerse daño a sí mismo para ganarse la confianza de enemigo.

Uno quiere golpear y el otro quiere ser golpeado. Proverbio chino. La gente tiende a sentir simpatía por los que padecen calamidades. Es muy corriente en la historia antigua las automutilaciones de generales que luego se pasaban al enemigo haciéndole creer que odiaban a su anterior señor. Una vez que ganaban la confianza de éste, lo asesinaban o desertaban con el ejército que el enemigo les confiaba.

Estrategia 35. Encadenar juntos a los barcos enemigos.

Cuando dos saltamontes están atados por el mismo hilo, ninguno se puede escapar. Proverbio chino. Trata de cómo convertir en debilidad la fuerza del enemigo. Se intenta entorpecer al enemigo con su propio peso. Esta estrategia, realizada con éxito hace del adversario su peor enemigo.Durante las guerras de los Tres Reinos, en China, se le planteó al ejército más poderoso la necesidad de realizar un ataque anfibio. Sus tropas eran excelentes en tierra, pero embarcadas se mareaban y perdían capacidad de combate. Un general desertor enemigo (que seguía leal a su antiguo señor) les dio la idea de encadenar todos los barcos en bloques de cincuenta y clavarlos con tablas de cubierta a cubierta, ya que así no sentirían mareo. Cuando las fuerzas embarcadas se dispusieron a atacar, unas pocas naves salieron a recibirles y cuando ya estaban muy cerca, les prendieron fuego y las lanzaron contra los buques encadenados, creando un gran incendio y la destrucción de la fuerza de desembarco enemiga. En una futura y posible guerra informática, el país más vulnerable es EEUU. , ya que es el que mas depende de éstos sistemas.

Estrategia 36. Retirarse.

De las 36 estrategias, la definitiva es la última. Retirarse cuando todo falla es la estrategia definitiva. Pero no significa huir definitivamente. Al enfrentarnos con un enemigo infinitamente superior, se puede rendir, negociar o retirarse. La retirada no significa la derrota total, el compromiso significa una media derrota y la rendición, la derrota total.Mao Tse Tung dijo enLa guerra de guerrillas: "Si puedes ganar la batalla, lucha; si no, retírate". Para Sun Tzu representa someterse temporalmente al poderoso, en espera de una transición a una nueva fase. En la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos se retiraron hasta Moscú, dejando todo arrasado. Aliados con el general invierno, cuando pararon ahí a los alemanes, la contraofensiva les dejó en Berlín. Hay que recordar que fracasar es fácil, pero hacerlo con gracia y éxito puede ser más difícil que el mismo éxito. Además, se aprende mas de los fracasos que de los aciertos. Como recomendación final, la retirada nunca debe hacerse sin pensar, de forma impulsiva. No hay que considerar que retirarse es una manera de escapar a los desafíos, si no una manera de enfrentarse mejor a ellos.

Diego Saavedra Fajardo: Idea de un príncipe político cristiano representado en cien empresas (Resumen).

Diego Saavedra Fajardo: Idea de un príncipe político cristiano representado en cien empresas (Resumen).

Posiblemente nació en Algezares (Murcia -España-), el 6 de Mayo de 1584. Estudia en el Seminario de San Fulgencio y en 1600 marcha a continuar sus estudios de Jurisprudencia y Cánones en Salamanca. En 1610 parte a Italia como diplomático para defender los intereses españoles. En el año 1612 se edita su importante obra, «República literaria». En ella el autor nos presenta todo lo que el saber humano había producido y adquirido en los libros hasta su época. En 1640 publica su más famosa obra, la titulada «Idea de un príncipe político cristiano representada en cien Empresas». Se trata de un manual de educación de príncipes, en concreto dirigido al príncipe Baltasar Carlos aunque no figure así en la dedicatoria. Pero Saavedra Fajardo traza su libro didáctico basándose en el deseo de mostrar con los ojos lo que el espíritu no puede ver, por eso la obra está dividida en "empresas". Estas constan de un dibujo o emblema y el simbolismo o doctrina moral que aquel encierra, que se desarrolla como si fuera un capítulo. De las "empresas" destacamos como más célebres los capítulos relacionados con: Educación, Conducta personal, Gobierno de los Estados, Victorias y Tratados de Paz y Vejez y muerte.

Educación del príncipe

Empresa 1

Desde la cuna da señas de sí el valor. Hinc labor et virtus

 Nace el valor, no se adquiere. Calidad intrínseca es del alma, que se infunde con ella y obra luego. Aun el seno materno fue campo de batalla a dos hermanos valerosos. El más atrevido, si no pudo adelantar el cuerpo, rompió brioso las ligaduras, y adelantó el brazo, pensando ganar el mayorazgo. En la cuna se ejercita un espíritu grande. La suya coronó Hércules con la vitoria de las culebras despedazadas. Desde allí le reconoció la envidia, y obedeció a su virtud la fortuna. Un corazón generoso en las primeras acciones de la naturaleza y del caso descubre su bizarría. 

Empresa 2

Y puede el arte pintar como en tabla rasa sus imágenes. Ad omnia

 Esta buena educación es más necesaria en los príncipes que en los demás, porque son instrumentos de la felicidad política y de la salud pública. En los demás es perjudicial a cada uno o a pocos la mala educación. En el príncipe, a él y a todos, porque a unos ofende con ella, y a otros con su ejemplo. Con la buena educación es el hombre una criatura celestial y divina, y sin ella el más feroz de todos los animales. ¿Qué será, pues, un príncipe mal educado, y armado con el poder? Los otros daños de la república suelen durar poco. Este lo que dura la vida del príncipe. Reconociendo esta importancia de la buena educación, Filipo, rey de Macedonia, escribió a Aristóteles (luego que le nació Alejandro) que no daba menos gracias a los dioses por el hijo nacido, cuanto por ser en tiempo que pudiese tener tal maestro. 

Empresa 3

Fortaleciendo e ilustrando el cuerpo con ejercicios honestos. Robur et decus

 Con la asistencia de una mano delicada, solícita en los regalos del riego y en los reparos de las ofensas del sol y del viento, crece la rosa, y, suelto el nudo del botón, extiende por el aire la pompa de sus hojas. Hermosa flor, reina de las demás. Pero solamente lisonja de los ojos y tan achacosa, que peligra en su delicadez. El mismo sol que la vio nacer, la ve morir, sin más fruto que la ostentación de su belleza, dejando burlada la fatiga de muchos meses, y aun lastimada tal vez la misma mano que la crió, porque tan lasciva cultura no podía dejar de producir espinas. No sucede así al coral, nacido entre los trabajos, que tales son las aguas, y combatido de las olas y tempestades, porque en ellas hace más robusta su hermosura, la cual, endurecida después con el viento, queda a prueba de los elementos para ilustres y preciosos usos del hombre. Tales efectos, contrarios entre sí, nacen del nacimiento y crecimiento de este árbol y de aquella flor, por lo mórbido o duro en que se criaron. Y tales se ven en la educación de los príncipes, los cuales, si se crían entre los armiños y las delicias, que ni los visite el sol ni el viento, ni sientan otra aura que la de los perfumes, salen achacosos e inútiles para el gobierno, como al contrario robusto y hábil quien se entrega a las fatigas y trabajos. 

Empresa 4

Y el ánimo con las ciencias. Non solum armis

 Para mandar es menester ciencia; para obedecer basta una discreción natural y a veces la ignorancia sola. En la planta de un edificio trabaja el ingenio. En la fábrica, la mano. El mando es estudioso Y perspicaz. La obediencia, casi siempre ruda y ciega. Por naturaleza manda el que tiene mayor inteligencia. El otro, por sucesión, por elección o por la fuerza, en que tiene más parte el caso que la razón. Y así, se deben contar las ciencias entre los instrumentos políticos de reinar. A Justiniano le pareció que no solamente con armas, sino también con leyes había de estar ilustrada la majestad imperial, para saberse gobernar en la guerra y en la paz.

 Cómo se ha de haber el príncipe en sus acciones

 Empresa 7

Reconozca las cosas como son, sin que las acrescienten o mengüen las pasiones. Auget et minuit. [Affectibus crescunt, decrescunt]

 Nacen con nosotros los afectos, y la razón llega después de muchos años, cuando ya los halla apoderados de la voluntad, que los reconoce por señores, llevada de una falsa apariencia de bien, hasta que la razón, cobrando fuerzas con el tiempo y la experiencia, reconoce su imperio, y se opone a la tiranía de nuestras inclinaciones y apetitos. En los príncipes tarda más este reconocimiento, porque con las delicias de los palacios son más robustos los afectos. Y, como las personas que les asisten aspiran al valimiento, y casi siempre entra la gracia por la voluntad, y no por la razón, todos se aplican a lisonjear y poner acechanzas a aquélla y deslumbrar a ésta. Conozca, pues, el príncipe estas artes, ármese contra sus afectos y contra los que se valen de ellas para gobernarle.

 Empresa 8

Ni la ira se apodere de la razón. Prae oculis ira

 Considerada anduvo la naturaleza con el unicornio. Entre los ojos le puso las armas de la ira. Bien es menester que se mire a dos luces esta pasión tan tirana de las acciones, tan señora de los movimientos del ánimo. Con la misma llama que levanta, se deslumbra. El tiempo solamente la diferencia de la locura. En la ira no es un hombre el mismo que antes, porque con ella sale de sí. No la ha menester la fortaleza para obrar, porque ésta es constante, aquélla varia; ésta sana, y aquélla enferma. No se vencen las batallas con la liviandad y ligereza de la ira. Ni es fortaleza la que se mueve sin razón. Ninguna enfermedad del ánimo más contra el decoro del príncipe que ésta, porque el airarse supone desacato u ofensa recibida; ninguna más opuesta a su oficio, porque ninguna turba más la serenidad del juicio, que tan claro le ha menester el que manda. El príncipe que se deja llevar de la ira, pone en la mano de quien le irrita las llaves de su corazón, y le da potestad sobre sí mismo. Si tuviera por ofensa que otro le descompusiese el manto real, tenga por reputación que ninguno le descomponga el ánimo. Fácilmente le descubrirían sus designios y prenderían su voluntad las acechanzas de un enojo.

 Empresa 9

O le conmueva la envidia, que de sí misma se venga. Sui vindex

 Con propio daño se atreve la envidia a las glorias y trofeos de Hércules. Sangrienta queda su boca cuando pone los dientes en las puntas de su clava. De sí misma se venga. Parecida es al hierro, que con la sangre que vierte se cubre de robín y se consume. Todos los vicios nacen de alguna apariencia de bien o delectación. Este, de un íntimo tormento y rencor del bien ajeno. A los demás les llega después el castigo. A éste, antes. Primero se ceba la envidia en las entrañas propias que en el honor del vecino. Sombra es de la virtud. Huya su luz quien la quisiere evitar. El sacar a los rayos del sol sus ojos el búho causa emulación y envidia a las demás aves. No le persiguieran, si se encerrara en el olvido y sombras de la noche. Con la igualdad no hay competencia. En creciendo la fortuna de uno, crece la envidia del otro. Semejante es a la cizaña que no acomete a las mieses bajas, sino a las altas cuando llevan fruto. Y así, desconózcase a la fama, a las dignidades y a los oficios el que se quisiere desconocer a la envidia. En la fortuna mediana son menores los peligros.

 

Cómo se ha de haber el príncipe en el gobierno de sus estados

 Empresa 60

Advirtiendo el príncipe que, si no crece el Estado, mengua. O subir o bajar

 La saeta impelida del arco, o sube o baja, sin suspenderse en el aire, semejante al tiempo presente, tan imperceptible, que se puede dudar si antes dejó de ser que llegase; como los ángulos en el círculo, que pasa el agudo a ser obtuso sin tocar en el recto. El primer punto de la consistencia de la saeta lo es de su declinación. Lo que más sube, más cerca está de su caída. En llegando las cosas a su último estado, han de volver a bajar sin detenerse. En los cuerpos humanos lo notó Hipócrates, los cuales, en no pudiendo mejorarse, no pueden subsistir, y es fuerza que empeoren. Ninguna cosa permanente en la Naturaleza. Esas causas segundas de los cielos nunca paran, y así tampoco los efectos que imprimen en las cosas, a que Sócrates atribuyó las mudanzas de las repúblicas. No son las monarquías diferentes de los vivientes o vegetables. Nacen, viven y mueren como ellos, sin edad firme de consistencia. Y así, son naturales sus caídas. En no creciendo, descrecen. Nada interviene en la declinación de la mayor fortuna. El detenerla en empezando a caer es casi imposible. Más dificultoso es a la majestad de los reyes bajar del sumo grado al medio, que caer del medio al ínfimo. Pero no suben y caen con iguales pasos las monarquías, porque las mismas partes con que crecieron les son después de peso, el cual con mayor inclinación y velocidad baja, apeteciendo el sosiego del centro. En doce años levantó Alejandro su monarquía, y cayó en pocos, dividida en cuatro señoríos, y después en diversos.

 Empresa 61

Reconozca sus cuerdas y procure que las mayores consuenen con las menores. Maiora minoribus consonant

 Forma el arpa una perfecta aristocracia, compuesta del gobierno monárquico y democrático. Preside un entendimiento, gobiernan muchos dedos, y obedece un pueblo de cuerdas, todas templadas y todas conformes en la consonancia, no particular, sino común y pública, sin que las mayores discrepen de las menores. Semejante a la arpa es una república, en quien mel largo uso y experiencia dispuso los que habían de gobernar y obedecer, estableció las leyes, constituyó los magistrados, distinguió los oficios, señaló los estilos y perfeccionó en cada una de las naciones el orden de república más conforme y conveniente a la naturaleza de ellas. De donde resulta que con peligro se alteran estas disposiciones antiguas. Ya está formada en todas partes la arpa de los reinos y repúblicas, y colocadas en su lugar las cuerdas. Y, aunque parezca que alguna estaría mejor mudada, se ha de tener más fe de la prudencia y consideración de los predecesores, enseñados del largo uso y experiencia; porque los estilos del gobierno, aunque tengan inconvenientes, con menos daño se toleran que se renuevan. El príncipe prudente temple las cuerdas, así como están. Y no las mude, si ya el tiempo y los accidentes no las descompusieren tanto, que desdigan del fin con que fueron constituidas, como decimos en otra parte. Por lo cual es conveniente que el príncipe tenga muy conocida esta arpa del reino, la majestad que resulta dél, y la naturaleza, condición e ingenio del pueblo y del palacio, que son sus principales cuerdas, porque, como dice el rey don Alonso el Sabio en una ley de las Partidas: «Saber conozer los omes, es una de las cosas de que el rey más se debe trabajar; ca pues que con ellos ha de fazer todos sus fechos, menester es que los conozca bien». En esto consisten las principales artes de reinar.

 

Cómo se ha de haber el príncipe en los males internos y externos de sus estados

Empresa 73

Las sediciones se vencen con la celeridad y con la división. Compressa quiescunt

 Ocultas son las enfermedades de las repúblicas. No hay juzgarlas por su buena disposición, porque lasque parecen más robustas suelen enfermar y morir de repente, descubierta su enfermedad cuando menos se pensaba; bien así como los vapores de la tierra, los cuales no se ven hasta que de ellos están formadas las nubes. Por esto conviene mucho la atención del príncipe para curarlas en sus principios, no despreciando las causas por ligeras o remotas, ni los avisos, aunque más parezcan opuestos a la razón. ¿Quién podrá asegurarse de lo que tiene en su pecho la multitud? Cualquier accidente le conmueve, y cualquier sombra de servidumbre o mal gobierno le induce a tomar las armas y maquinar contra su príncipe. Nacen las sediciones de causas pequeñas y después se contiende por las mayores. Si se permiten los principios, no se pueden remediar los fines. Crecen los tumultos como los ríos. Primero son pequeños manantiales, después caudalosas corrientes. Por no mostrar flaqueza los suele dejar correr la imprudencia, y a poco trecho no los puede resistir la fuerza. Al empezar, o cobran miedo o atrevimiento. Estas consideraciones tuvieron suspenso a Tiberio cuando un esclavo se fingió Agripa, y empezó a solevar el imperio, dudando si le castigaría o dejaría que aquella ligera credulidad se desvaneciese con el mismo tiempo. Ya le parecía que nada se había de despreciar, ya que no todo se había de temer, y estaba suspenso entre la vergüenza y el miedo. Pero, al fin, se resolvió al remedio. Verdad es que algunas veces es tal el raudal de la multitud, que conviene aguardar a que en sí mismo se quiebre y resuelva, principalmente en las guerras civiles, cuyos principios rige el caso, y después los vence el consejo y la prudencia. La experiencia enseña muchos medios para sosegar las alteraciones y disensiones de los reinos. El caso también los ofrece, y la misma inclinación del tumulto los enseña, como sucedió a Druso cuando, viendo a las legiones arrepentidas de su motín, por haber tenido a mal agüero un eclipse de la luna que se ofreció entonces, se valió dél para quietarlas, como hizo en otra ocasión Hernán Cortés. No se desechen estos medios por leves, porque el pueblo con la misma ligereza que se alborota, se aquieta. Ni en lo uno ni en lo otro obra la razón. Un impulso ciego le arrebata y una sombra vana le detiene. Todo consiste en saber coger el tiempo a su furia. En ella sigue el vulgo los extremos: o teme o se hace temer. Quien quisiere enfrenarle con una premeditada oración perderá el tiempo. Una voz amorosa o una demostración severa le persuade mejor.

Empresa 74

La guerra se ha de emprender para sustentar la paz. In fulcrum pacis

 Los animales solamente atienden a la conservación de sus individuos. Y, si tal vez ofenden, es en orden a ella, llevados de la ferocidad natural, que no reconoce el imperio de la razón. El hombre, al contrario, altivo con la llama celestial que le anima y hace señor de todos y de todas las cosas, suele persuadirse que no nació para solo vivir, sino para gozarlas fuera de aquellos límites que le prescribe la razón. Y, engañada su imaginación con falsas apariencias de bien, le busca en diversos objetos, constituyendo en ellos su felicidad. Unos hombres piensan que consiste en las riquezas. Y otros, en las delicias. Otros, en dominar a los demás hombres. Y cada uno, en tan varias cosas, como son los errores del apetito y de la fantasía. Y para alcanzarlas y ser felices aplican los medios que les dicta el discurso vago e inquieto, aunque sean injustos. De donde nacen los homicidios, los robos y las tiranías, y el ser el hombre el más injusto de los animales. Con que, no estando seguros unos hombres de otros, se inventaron las armas para repeler la malicia con la fuerza y conservar la inocencia y libertad, y se introdujo en el mundo la guerra. Este nacimiento tuvo, si ya no nació del infierno, después de la soberbia de aquellas primeras luces intelectuales. Tan odiosa es la guerra a Dios, que, con ser David tan justo, no quiso que le edificase el templo, porque había derramado mucha sangre. Los príncipes prudentes y moderados la aborrecen, conociendo la variedad de sus accidentes, sucesos y fines. Con ella se descompone el orden y armonía de la república, la religión se muda, la justicia se perturba, las leyes no se obedecen, la amistad y parentesco se confunden, las artes se olvidan, la cultura se pierde, el comercio se retira, las ciudades se destruyen y los dominios se alteran.

LOS COMBATIENTES BÁRBAROS. David Tucker. Estrategia Clásica.

LOS COMBATIENTES BÁRBAROS. David Tucker. Estrategia Clásica.

Los bárbaros triunfan porque se valen de la astucia, la superioridad numérica y el valor. Los civilizados pierden a pesar de su tecnología e instrucción tan avanzada. Hay ocasiones en que los bárbaros son mejores que los civilizados en ciertos aspectos de la tecnología y del arte de la guerra. Perennemente, el salvajismo de los bárbaros constituye un elemento para multiplicar su fuerza, su crueldad representa una fuerza psicológica que destruye la agotada moral de los civilizados, quienes siempre parecen subestimar a los bárbaros.

 

En el campo, las legiones romanas no tenían igual, circunstancia que obligó a los alemanes a atacar a los romanos en los bosques. Los alemanes organizaron escaramuzas, hostigaron y tendieron emboscadas durante tres días, y lentamente debilitaron a los romanos. La táctica deficiente, el clima aciago, el don de mando tan débil, el terreno accidentado y la simple traición echaron a perder las ventajas que tenían los romanos en cuanto a tecnología, adiestramiento y disciplina. Las unidades romanas mantuvieron su unidad pero, exhaustos, al final fueron derrotados por huestes más numerosas. Los prisioneros fueron enterrados vivos, crucificados u ofrecidos como sacrificio a los dioses alemanes. Tres legiones desaparecieron en el bosque de Teutoburg. Arminius, el comandante alemán, hizo clavar las cabezas de los romanos en las ramas de los árboles como un aviso a los romanos. El poder romano nunca jamás se extendió más allá del Rin.

Divididos en principados envueltos en disputas, los príncipes rusos cayeron uno por uno ante los mongoles, cuya movilidad superior, mando y control, táctica y equipo eran insospechados. Cuando cayó la ciudad de Riaza, los mongoles acometieron encarnizadamente contra los ciudadanos, despellejaron a unos mientras que a otros los atravesaron con lanzas y cuchillos. No dejaron vivos ni a los que se habían refugiado en las iglesias, violaron a todas las mujeres vivas y a las monjas que encontraron en las iglesias y lo hicieron ante los ojos de los otros refugiados. A medida que quemaron la ciudad, los mongoles dejaron escapar unas cuantas personas que habían presenciado el ataque para que éstos a su vez, informaran sobre la suerte que corrieron los que ofrecieron resistencia.

Al ver que los guías británicos los habían descubierto, los zulúes se levantaron en masa y comenzaron a atacar. Ésta era la batalla que buscaban los ingleses. El grueso bélico del país zulú atacaría a través del terreno al descubierto contra el fuego disciplinado de la recia infantería Imperial. Por un momento, el resultado fue tal como esperaban los ingleses. A pesar de que los zulúes les aventajaban en número, los ingleses barrieron las filas zulúes con una potencia de fuego muy bien entrenada. Pero el comandante británico había desplegado sus fuerzas en forma muy exigua. Cuando el escaso apoyo logístico llevó a disminuir la cadencia de fuego, algunos zulúes que prestaban auxilio se doblegaron y huyeron del lugar, acción que resultó fatal. Un sector de las filas inglesas se derrumbó ante el valor intrépido demostrado por los zulúes y por su disposición para el combate, cualidades que debilitaron la cadencia de fuego aún más y que llevaron a la destrucción de una unidad tras la otra, causando un efecto devastador hasta que los ingleses fueron aniquilados. Unos pocos ingleses sobrevivieron al ataque. Los zulúes sufrieron enormes bajas en Isandhlwana pero al salir del campo de batalla salieron triunfando porque le sacaron las entrañas a sus enemigos derrotados.

Los bárbaros triunfan porque se valen de la astucia, la superioridad numérica y el valor. Los civilizados pierden a pesar de su tecnología e instrucción tan avanzada. Hay ocasiones en que los bárbaros son mejores que los civilizados en ciertos aspectos de la tecnología y del arte de la guerra. Perennemente, el salvajismo de los bárbaros constituye un elemento para multiplicar su fuerza, su crueldad representa una fuerza psicológica que destruye la agotada moral de los civilizados, quienes siempre parecen subestimar a los bárbaros.

Éstas no son historias de un pasado remoto. Es el futuro el que nos espera—por lo menos así opinan algunas personas. El peligro más grande que encaramos, de acuerdo con estos escritores, no serán los ejércitos dotados de grandes sistemas de alta tecnología como el nuestro, sino los guerreros salvajes quienes no respetan los reglamentos de carácter civil por los cuales nos regimos, quienes harán cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa para lograr la victoria. Dispersos en medio de terrenos desiertos a causa de la anarquía, la superpoblación y estragos causados por la deforestación o reflexionando por su derrota cultural en tierras musulmanas ricas en petróleo, los bárbaros no sólo cometerán todas estas atrocidades sino que al cometerlas, las disfrutarán a plenitud. La tortura y violaciones serán tomadas como un deporte; el desmembramiento de los niños y de ancianos, una diversión vespertina; el quebrantamiento de tratados no representará mayor problema que respirar. Tales enemigos nos derrotarán en las batallas del futuro porque serán más numerosos, más astutos y más feroces que nosotros y de los que no sospechamos que tengan tecnología tan avanzada como la nuestra. O, precisamente porque son astutos, evitarán grandes combates de manera que nuestra superioridad tecnológica no nos permita ventaja; pero tratarán de derrotar a nuestros aliados y nuestras instalaciones en ultramar mediante la subversión y el terrorismo, y para ello contarán con nuestra incapacidad para adaptarnos a su estrategia de estrangulación lenta y continua.

Ya sea que corran el riesgo de librar grandes batallas o que prefieran combates de poca envergadura, no vacilarán en atacar al pueblo estadounidense directamente. Nos derrotarán cuando destruyan nuestros sistemas de información de los que dependen nuestra economía y comodidad. Nos derrotarán al transmitir al mundo imágenes al vivo donde muestren la mutilación de los prisioneros de guerra estadounidenses, quienes en el futuro también serán mujeres, y después nos regresarán sus cadáveres mutilados y desfigurados como un gesto de buena voluntad. Nos derrotarán cuando introduzcan subrepticiamente armas químicas y biológicas en los EE.UU. y cuando las utilicen. En síntesis, derrotarán a los EE.UU., cuando destruyan la voluntad del pueblo para combatir. Cuando avistamos al futuro, lo que podemos ver son huestes de bárbaros que nos aniquilan.1

Este pronóstico de lo que nos espera ha ganado adeptos o por lo menos se ha ganado un lugar de respeto. Sus proponentes son aquéllos que regularmente participan en conferencias donde se abordan temas militares y de seguridad del futuro. Hoy, toda presentación del futuro contiene una diapositiva obligatoria sobre "estados que han fracasado". Y, por supuesto, es cierto que jamás deberíamos subestimar a nuestros enemigos o asumir que atacarán sólo nuestros puntos fuertes y omitirán atacar nuestros puntos débiles. Aquí es preciso recordar nuestro apresurada salida de Somalia—y en todo momento se nos dice que recordemos a Somalia. Después de todo, la derrota en manos de bárbaros inhumanos le ha ocurrido a otras naciones, quienes en la cúspide de su poderío y mientras disfrutaban la comodidad propiciada por sus riquezas, pensaron que estaban a salvo de estos males. Finalmente, debemos tomar esta advertencia muy en serio porque la derrota tiene sus consecuencias. Los romanos jamás gobernaron más allá del Rin; los rusos aún no se han recuperado de la dominación de los mongoles; y después de Somalia, la administración del presidente Clinton, cuando se ejerció una política de "multilateralismo agresivo" se desvaneció, y nos asaltan las dudas acerca de nuestra incapacidad para sostener un combate violento en ultramar.

Sin embargo, cuando tomamos muy en serio esta advertencia respecto a los guerreros, equivale a hacer un estudio minucioso de la misma. Al hacer esto, nos damos cuenta que no es simplemente falsa, es más bien exagerada y por lo tanto, errónea y, en todo caso puede que ya esté ejerciendo resultados perniciosos. Estas advertencias sobre guerreros confieren un alto valor al grado de anarquía que afrontamos y por consiguiente, la cantidad y el carácter de los guerreros del futuro adolecen de sentido estratégico, y por lo tanto, dan mayor relieve al número de veces en que tendremos que hacer frente a los guerreros; asimismo, subestiman al pueblo de los EE.UU., y por lo tanto, aumentan el poder que tendrán los guerreros sobre nosotros. Al subestimar al pueblo de los EE.UU., estas advertencias maléficamente aumentan la separación entre el pueblo y los militares de los EE.UU. Veamos estos problemas en orden precedente de su importancia.

La anarquía: Manténgase tranquilo ante esta situación

Al concluir la Guerra Fría, los representantes de los medios de información comenzaron a notar que los hombres combaten por razones ajenas a la ideología. A medida que la sombra de la Guerra Fría se desvanecía, de nuevo aparecieron los viejos demonios a la vista de todos. Los odios étnicos y religiosos, la envidia y la codicia por el poder, que hasta entonces no se habían exteriorizado en vista del conflicto mencionado, quedaron al descubierto después de un intervalo de 50 años y reanudaron su lucha por captar nuestra atención. Simultáneamente, a medida que se disolvía la Unión Soviética, unas cuantas naciones caían en la anarquía. En el mundo se había dado un nuevo giro a los impulsos de destrucción y desintegración del alma humana. Estas circunstancias se estudiaron en el trasfondo de la migración, la urbanización y el fracaso ambiental en aumento y en el contexto de una economía global en surgimiento y de comunicaciones y otras tecnologías cada vez más poderosas. Al reunir estas características se opinó que eran fuente de violencia en vista de que trascendieron las fronteras nacionales y la proliferación de armamentos ultramodernos fue incontenible. El resultado de todos estos adelantos fue el de una sensación cada vez más en aumento de que la nación-estado y el sistema internacional que se basaba en dicha nación-estado se encontraban en estado agónico. Sólo un pequeño grupo privilegiado (que apenas comprendía a los países miembros de la Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo) subsistirán, rodeados de una diversidad de imperios violentos e inhumanos y de ciudades de gran extensión territorial y llenas de miseria sórdida, como también de territorios remotos donde impere la anarquía.2

Este argumento ha tenido una gran influencia, aunque desproporcionado en lo que respecta a su valor. Tomemos por ejemplo, aquellas cosas que se citan como las que contribuyen a la decadencia de la nación-estado—el conflicto étnico y religioso, la inmigración y la guerra civil—que anteceden a la nación-estado y que no obstante le impidieron que dominara la vida internacional. ¿Por qué es que ahora destruyen al estado? En realidad, la inmigración y el conflicto y hasta la guerra civil, históricamente han ayudado a construir estados, por lo menos tan a menudo como los han destruido. La migración puede servir como válvula de seguridad para el estado de donde migran los emigrantes, alivian los problemas sociales o políticos. Ahora bien, el país que recibe a dichos inmigrantes puede disminuir la escasez de mano de obra y contribuir en otras formas al crecimiento económico. Verdaderamente, la inmigración benefició a los EE.UU., y tanto el poder del gobierno como las estructuras federales de este país fueron acentuadas por su Guerra Civil.

Pero tampoco los estados serán separados unos de los otros por motivo de la urbanización, el fracaso ambiental o los desventajosos resultados económicos producidos por la globalización. Aún en el caso de que aceptemos que la urbanización continúa su avance, que los ambientes fracasan, y que la globalización distribuye las entradas en forma desequilibrada, es preciso recordar que la privación económica no necesariamente conduce a la rebelión y que las zonas urbanas no son terreno donde florece la violencia política.3 El crimen organizado es un problema constante en algunas partes del mundo, pero los criminales que históricamente han sido organizados (por ejemplo, Italia y Colombia) no han buscado la destrucción del estado. Ellos son parásitos y necesitan un estado saludable si es que han de sobrevivir y prosperar. Finalmente, no debería sorprendernos que el fracaso de un estado—a la inversa de la guerra civil—se ha limitado al África. Lo que ahora está ocurriendo en África no tiene que ver con el fracaso del estado, sino más bien con el fracaso de la fachada que se erigió después del colonialismo que estas administraciones en que los gobernantes corruptos utilizan los fondos del estado para su propio beneficio eran, en realidad, estados. Pero aún en África, el fracaso del estado ha sido excepcional, y el crecimiento económico en la década de los noventa ha retornado.

Pero, ¿no se debilitan decididamente los estados a causa de la integración económica que socava la soberanía del estado al negar a los gobiernos nacionales la libertad de tomar decisiones económicas? Si un gobierno toma medidas económicas que no sean del agrado de los inversionistas extranjeros, éstos huyen del país, la moneda de circulación baja de valor y decae la economía. Si bien esto es cierto, siempre ha sido cierto. Sencillamente hoy en día ocurre más rápido y se observa con más frecuencia por razón de las innovaciones introducidas en las comunicaciones. El valor del dólar estadounidense a la par del dólar en el Siglo XIX impuso restricciones en la economía gubernamental, restricciones que pudiera tildárseles como muy estrictas en comparación con las restricciones bajo las cuales funcionan los gobiernos de hoy. La integración tecnológica y económica de gran alcance de finales del Siglo XX no necesariamente presagia el final de la nación-estado o el estrangulamiento mortífero de su soberanía. La nación-estado se está adaptando a su ambiente que cada vez experimenta más transformaciones y hasta están buscando nuevos métodos para aumentar sus funciones y su poder. Por ejemplo, el estado está aumentando su participación en fomentar la innovación, elemento esencial de las economías de alta tecnología y está extendiendo su poder e influencia en la educación y salud pública, esta última considerada como una gran parte que aumenta cada vez más en las economías más avanzadas. La adaptabilidad y fuerza moral de la nación-estado explica en parte una evidencia asombrosa de su poder que cada vez adquiere mayor auge: tras muchos años de globalizar y privatizar, hoy en día el estado controla una gran parte de la riqueza nacional en los países que pertenecen a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico.4

Hoy, la nación-estado enfrenta una grave amenaza, pero por supuesto, esta amenaza no es la globalización, los grupos étnicos, o los desastres causados por el hombre en el ambiente. Más bien, se trata de una amenaza moral y política.

Esto resulta perfecto, en vista de que la soberanía de la nación-estado es esencialmente una idea moral y política. Surgió en los siglos XVI y XVII para responder a las guerras religiosas. Al declarar a cada estado como la autoridad suprema de la religión profesada dentro de sus fronteras, los estados eliminaron de sus relaciones una causa primordial de conflicto. La idea de soberanía ganó adeptos y continuó recibiendo apoyo porque se ideó para fomentar la paz saludable entre las naciones. Si por alguna razón nos dejáramos convencer que la nación-estado no tiene importancia o que se entromete en la resolución de problemas transnacionales tales como la contaminación, los abusos cometidos contra los derechos humanos, o la proliferación de armas, la nación-estado podría comenzar a desvanecerse. Puede que esto ya esté ocurriendo, y no hay razón para creer que será algo bueno. Aun cuando no todas las naciones-estado han sido democráticas, la democracia ha prosperado dentro del mundo de las naciones-estado. El antecedente histórico no nos anima a dar por sentado que la libertad y la felicidad de los seres humanos sobrevivirá en medio de otros acuerdos.5

La estrategia: Responda con un rotundo NO

Al igual que en el pasado, en el futuro, algunos lugares indudablemente se verán inundados por la violencia, pero tales circunstancias no necesariamente auguran un fracaso generalizado del estado o un cambio radical en la forma cómo las naciones y los grupos resuelven sus diferencias. Ni tampoco debemos dar por sentado que en un gobierno sin autoridad se forman guerreros totalmente indolentes. Por una parte, los hombres que son indolentes se forman sin que un gobierno sin autoridad les dé una voz de aliento. Los somalíes y los chechenios ganaron la reputación de belicosos y de tener el corazón muy duro al enfrentar sus problemas recientes. Por otra parte, no todo malhechor creado en un estado de anarquía y que porta una pistola es un guerrero. Para todo grupo de guerreros, hay cientos de grupos de malhechores que son oportunistas que se desvanecen cuando tienen que enfrentar algo más poderoso que los gritos de piedad de mujeres indefensas y de niños o cuando los estupefacientes y el licor han cesado su efecto.

Comoquiera que fuere el carácter de los combatientes que se destaquen en el combate, una respuesta razonable a la violencia consiste en no dejar que surja un gobierno de esta naturaleza. Debemos estar preparados para ello. Contrario a lo que proponen los de la anarquía futura, y cualesquiera que fuere nuestra Estrategia Militar Nacional y lo que diga nuestra Secretaria de Estado,6 no se trata de que la inestabilidad y el conflicto en cualquier lugar exijan que respondamos militarmente. En la situación estratégica de hoy, hay unos cuantos lugares donde tendríamos justificación en desplegar fuerzas para combatir o para detener el desorden civil. La admisión tácita de todo esto puede verse en nuestras acciones por conducto de la African Crisis Response Initiative (Iniciativa Africana para Responder ante las Crisis) para entrenar a los africanos a resolver sus propios problemas. Por nuestra parte, sencillamente no podemos pasar por alto las tragedias humanitarias que han ocurrido en ultramar; sin embargo, sí podemos permitirnos ser más selectivos dondequiera que entremos en combate por razones humanitarias o de otra índole. Hablando en términos muy amplios, sólo hay un lugar en el mundo en donde nuestros intereses puedan chocar contra el barbarismo: el área que rodea al Golfo Pérsico, al norte del Mar Caspio y al este en dirección al Asia Central. He aquí un pedazo de territorio importantísimo (apenas del tamaño del territorio de los EE.UU.) que puede contener hasta un 75 por ciento de las reservas petroleras del mundo y un 33 por ciento de sus reservas naturales de gas. Pero aún es un área limitada, lo que equivale a que, aún cuando sea improbable que el barbarismo y la anarquía se dispersen por todas las regiones del globo, nuestras confrontaciones con estas regiones pueden ser limitadas.

Hoy, se acostumbra a polemizar para determinar si el combate en ultramar es imposible en vista de las imágenes tan lastimosas de los seres humanos que presentan las pantallas de televisión. Somalia es uno de estos casos. Pero un estudio reciente presenta pruebas convincentes de que lo que nos llevó a las operaciones como la que efectuamos en Somalia es más complicado que un simple estímulo accionado por un vuelco del corazón desgarrado y por una reacción emotiva. Los medios de información no hicieron grandes reseñas del hambre y la violencia en Somalia hasta que los oficiales del gobierno comenzaron a mencionar a Somalia como un problema. Lo que ocurrió entonces fue un intercambio de opinión oficial y pública en la que medió la prensa. Fuimos a Somalia y no a Bosnia, si bien las imágenes de ambos lugares fueron iguales de aterradoras. La tecnología de los órganos de difusión no habían usurpado el poder de la decisión de los líderes.7

No debe subestimarse al pueblo de los EE.UU.

Una evaluación real del mundo en que vivimos acepta la posibilidad de que nos esperan cosas terribles. El barbarismo es una posibilidad humana constante, aún cuando no se haya difundido, y nuestros intereses y los lugares donde florezca el barbarismo coincidan en, por lo menos, un caso importante. Además, aunque no tengamos razón para ir a ultramar a solucionar problemas y hacer frente a personas inhumanas, podría ocurrir que estos problemas y estas personas vengan en busca de nosotros aquí en los EE.UU. ¿Pero podría evitarse que estas personas nos derroten si llegaran a ocurrir cosas horribles? La premisa central en que se basa el argumento de que el barbarismo derrotará a los EE.UU. estriba en la aseveración de que el pueblo de los EE.UU. no tendrá la voluntad ni el valor para combatir cuando ocurran cosas horribles.8 De acuerdo con este argumento, la desventaja de los EE.UU. en hacer frente a un mundo tan incierto y barbárico es su gente.

No podemos descartar semejante aseveración tan engorrosa al señalar que sólo unos cuantos lo afirman. El argumento tiene mayor respaldo y actualidad. En una conferencia celebrada recientemente a la que asistió un grupo que representó a lo más granado de nuestros militares, incluso oficiales de alta jerarquía, un joven oficial fue ovacionado por una presentación durante la cual hizo una observación de que los jóvenes militares de los EE.UU. serían derrotados en el futuro aunque hayan recibido la mejor preparación, instrucción y dotación de equipo que hasta ahora hayamos tenido en vista de que "el pueblo de los EE.UU. ha perdido la ventaja bélica" y no puede sostener bajas. Edward Luttwak, un respetado analista de asuntos de seguridad nacional y militar, ha publicado varias obras en las que ha hecho la misma observación. Luttwak opina que la aversión del pueblo de los EE.UU. hacia las bajas se debe, en parte, al hecho de que los padres de hoy en día tienen menos hijos y por tanto, tienen más temor de perder un hijo o hija en combate que las generaciones de otrora o los pueblos en que las sociedades se componen de una numerosa prole. Luttwak cree que nosotros tenemos tanto temor de perder a nuestros jóvenes en combate que ya no podemos desempeñar la función de una gran potencia. El resultado de estas actitudes puede verse en la observación hecha por un periodista del Washington Post (periódico de Washington, D.C.) hace varios meses. El periodista escribió lo siguiente: "En términos estrictamente militares, la operación en Bosnia ha sido un éxito rotundo, y las tropas de la OTAN apenas si sostuvieron bajas".9 Para algunos militares, el triunfo militar equivale a no sostener bajas. Pero si el triunfo militar significa que no hay bajas, tal triunfo debe ser inusitado porque las operaciones militares sin bajas son anómalas. Luego, si el triunfo militar es inusitado, entonces nuestra derrota en el futuro es casi segura.

La prueba que se cita con más frecuencia para substanciar este argumento es que el pueblo de los EE.UU. ha perdido la ventaja del guerrero en Somalia el 3 de octubre de 1993. Ese día, 18 soldados de los EE.UU. perecieron como resultado de la operación para capturar a Mohammed Aideed. La noticia estremeció al pueblo de los EE.UU. cuando las pantallas de televisión proyectaron las imágenes de una multitud de somalíes que se entretenían jugando con los restos humanos de los soldados estadounidenses.

Casi de inmediato, el presidente Clinton cambió su política hacia Somalia y, tras negociar con el Congreso de los EE.UU., prometió que en un período de seis meses retiraría a las Fuerzas Armadas de los EE.UU. de Somalia.

Hoy, este incidente se considera como el momento que definió al mundo después de la Guerra Fría, en donde se puso de manifiesto que para el pueblo de los EE.UU., las bajas son inaceptables. A partir de este incidente, se ha dicho que todo método de utilizar a los militares ha sido afectado.10 Hoy en día, se opina por doquier que si las Fuerzas Armadas de los EE.UU. participan en una operación que no sea bélica y sufren más bajas que las anticipadas, los EE.UU. se verán obligados a retirarse de la operación. Algunos han ido más lejos en afirmar que nuestra aversión a la muerte y al sufrimiento es tan grande que el pueblo de los EE.UU. no soportará las exigencias impuestas por una guerra aunque sea por un interés vital.11 Si esta evaluación es cierta, luego no sólo seremos incapaces de actuar como una gran potencia, ni siquiera podremos defendernos nosotros mismos. La vigencia de este concepto explica por qué el Presidente recientemente abordó este tema y un congresista de los EE.UU., afirmó en voz alta que sería necesario para los EE.UU. "crear un cuerpo de mercenarios",12 para que resolvieran lo que el pueblo estadounidense ya no está dispuesto a resolver.

Si los mercenarios fueran necesarios, entonces la relación tradicional entre el pueblo de los EE.UU. y sus militares cesará de existir. Tal resultado tendría consecuencias incalculables para nuestro carácter y libertad. Afortunadamente, el concepto de que el pueblo de los EE.UU. comenzará a correr cuando ocurran las primeras bajas es una opinión errada. Comencemos con Somalia. Un análisis de datos recogidos de una encuesta revela que sólo un tercio de los encuestados quería que EE.UU. se retirara al instante de Somalia como resultado de los 18 soldados que perecieron en acción el 3 de octubre (promedio de seis encuestas, 36 por ciento). De hecho, tres encuestas revelaron que una mayoría de los encuestados (promedio de 57 por ciento) quería que se tomara una acción más firme en Somalia después de lo ocurrido el 3 de octubre. Además, es probable que los que querían un repliegue de inmediato y los que anhelaban (47 por ciento en una encuesta) que el repliegue se efectuara dentro de seis meses, de acuerdo con el plan del Presidente, no hayan sido afectados por las bajas sufridas en Somalia. Los ciudadanos de los EE.UU. apoyaron la intervención en Somalia, pero en vista de que la actividad se convirtió en una operación para estabilizar y reconstruir a Somalia, meses antes del combate del 3 de octubre, el apoyo del público comenzó a declinar. Las bajas no nos obligaron a salir de Somalia, y hasta es probable que hayan despertado por lo menos, un deseo básico, el de ser más severos o ajustar las cuentas con Aideed.13

La reacción pública que se formó en torno a nuestra intervención en Somalia ha sido evidente por lo menos desde la Segunda Guerra Mundial. Históricamente, el pueblo de los EE.UU., como es natural, ha manifestado su preocupación en lo referente a las bajas. Pero ha estado dispuesto a aceptar las bajas siempre y cuando ellos conceptúen que las bajas ocurrieron por una causa que valía la pena y porque había una buena oportunidad de que la operación militar en que ocurrieron las bajas sería un triunfo.14 Por lo menos debemos considerar la posibilidad de que si el pueblo de los EE.UU. recientemente parecía menos dispuesto que antes a tolerar bajas, esto no es el motivo de nuestra aversión cada vez más creciente hacia el sufrimiento y a la muerte sino que muchas de nuestras operaciones militares más recientes—Haití, Bosnia y la buena intención de reconstruir a Somalia—han sido de valor cuestionable. Las operaciones que no guardan relación con la protección y seguridad de los intereses nacionales—o, como en el caso de Bosnia, cuando parece probable que los métodos utilizados no lograrán el objetivo que se persigue—es probable que a dichas operaciones se les considere de poco valor ante la pérdida de vidas estadounidenses.

Comparemos estas operaciones más recientes con la Guerra del Golfo, donde las grandes mayorías dieron apoyo a la guerra aún cuando ya sabían que el pronóstico de bajas ascendería a decenas de miles de personas.15 En contraste, veamos la reacción del público ante la muerte de 24 ciudadanos estadounidenses y personal militar y las heridas que padecieron cientos de personas en 1995 y en 1996 como resultado de los bombardeos terroristas en Arabia Saudita. Nadie ha propuesto que los EE.UU. se retiren de Arabia Saudita. El pueblo de los EE.UU. comprende la importancia del Oriente Medio; siempre y cuando el gobierno de los EE.UU. se ciña juiciosamente a normas sensatas, el pueblo estará dispuesto a aceptar las bajas.

Esta actitud no parece señal de debilidad o cobardía sino más bien sensata y razonable que busca abordar el difícil tema de determinar cuáles serán los gastos en que se incurrirá para lograr nuestros objetivos de política exterior. El pueblo pide que su gobierno no desgaste vidas y recursos en lugares de poco valor y que por tanto, se interprete su deseo como actitud de prudencia y sensatez, y no de cobardía. No es cobardía exigir al gobierno que ponga en práctica normas y planes en los lugares en que resulte sensato entrar en combate. Ni tampoco es cobardía esperar que los militares harán hasta lo imposible para que su personal no perezca innecesariamente. Finalmente, aun cuando algunos han sugerido todo lo contrario,16 no es cobardía querer imponer límites, se trata más bien de evitar la destrucción de otros seres humanos que buscan asegurar los intereses nacionales de los EE.UU. Al concluir la Guerra del Golfo fue evidente que nuestro poder era enorme en comparación con el de Iraq y que los soldados iraquíes estaban a nuestra merced. "Es ventajoso tener la fuerza de un gigante," dijo Shakespeare, "pero es una cobardía aplicar tal fuerza en forma despiadada". Uno de los factores que determina cuán civilizada es una sociedad consiste en estudiar cómo el fuerte trata al débil en esa sociedad. Saber reprimir el uso de la fuerza no es un vicio, sino una virtud.

Los ciudadanos de los EE.UU. son razonables, no son cobardes cuando se trata de pérdida de vidas por motivo de la acción militar ocurrida fuera del territorio de los EE.UU. Pero, ¿qué ocurre cuando se trata de ataques lanzados contra el pueblo dentro del territorio de los EE.UU., posiblemente con armas biológicas o químicas o algún otro tipo de arma de destrucción masiva? Si nos imagináramos una campaña de terrorismo lanzada contra los ciudadanos de los EE.UU. dentro de su mismo territorio, la historia nos dice que la reacción del pueblo de los EE.UU. sería la de exigir una venganza totalmente justificada y completa hasta que se asemeje a lo que ha aseverado un autor descibiéndola como una "acción saludablemente fuera de toda proporción".17 Y, hasta es más difícil imaginarnos un ataque estratégico con misiles lanzados contra los EE.UU. en tiempo de paz, en vista de la naturaleza sin precedente alguno de un ataque de esta índole; no obstante, de nuevo la historia recomienda que la reacción más probable no consistirá en la rendición. A pesar de lo que han formulado los teóricos sobre los hechos ocurridos en las guerras, los bombardeos en masa de los civiles durante la Segunda Guerra Mundial no destruyeron la voluntad del pueblo para resistir.18

La idea preconcebida de que el pueblo de los EE.UU. no está dispuesto a sostener bajas y padecimientos por salvaguardar los objetivos de política exterior es un concepto muy pobre de ese pueblo y podría tener tres resultados perniciosos. Nos disuadiría de hacer lo que necesitemos hacer en ultramar o nos convencerá que usemos métodos para evitar bajas pero que son menos eficaces que las alternativas y que a la larga, nos ocasionen un número más elevado de bajas. Peor, podría ejercer influencia en los militares estadounidenses de manera que los militares vean con una actitud de desprecio al pueblo estadounidense. Peor aún, podría corromper lentamente al pueblo de los EE.UU. si el pueblo llegara a aceptar como cierto lo que se le pregona acerca de ellos mismos.

Conclusión

La derrota en Isandhlwana no le costó a los ingleses perder el gobierno de África del Sur, y no digamos su imperio. Los ingleses volvieron a agruparse y se lanzaron a la ofensiva. En Ulundi, los zulúes atacaron a las fuerzas británicas cuyo efectivo era reducido, pero que estaban muy bien organizadas y contaban con el apoyo de los cañones y la artillería de Gatling. Los zulúes fueron aniquilados, y por supuesto su poderío fue irrevocablemente arrasado. Los mongoles gobernaron en Rusia durante siglos, pero cuando su imperio tan inmenso cayó tras luchas internas, la amenaza que representaban para Europa, se disolvió. El oficio de nómadas dio a los mongoles las ventajas de cultivar una actitud recia y la facilidad de movilizarse pero también les dio desventajas que una fuerza profesional adiestrada explotó, derrotándolos en Ain Jalut. El poder de los romanos se prolongó durante siglos después que sufrieron la gran derrota en el bosque de Teutoburg. Cuando cayó el imperio, no fue porque los militares romanos no podían reaccionar ante la estrategia o táctica poco convencional de los bárbaros; su caballería y su infantería ligera adscrita, y los que lanzaban proyectiles entrenaron a sus legiones razonablemente bien para responder a tales amenazas. Una de las razones por las que cayó el imperio fue porque no pudo solucionar el problema estratégico más profundo implicado en la posibilidad y cada vez aumentando la realidad, de dos guerras simultáneas. Éstos resultados guardan armonía con la tradición histórica de que los sedentarios, civilizados y convencionales triunfan sobre lo nomádico, la barbarie y lo poco convencional.19 Esta es la razón por la cual, en términos generales, es mejor preparar para lo convencional y adaptarse a lo poco convencional.

La conclusión de que los civilizados típicamente le llevan la delantera a los bárbaros no significa que pasemos por alto las estrategias e incidentes no convencionales. Por último, puede que ni ayude a los bárbaros a ganar, pero si puede causar dolor y crear distracciones. Más importante aún, cuando en el transcurso del tiempo los civilizados se valen de tales estrategias y amenazas, de igual manera que las escaramuzas anteceden a un combate, ayudarán a establecer el escenario en que se posibilite la victoria o la derrota. Ni la superioridad histórica de los civilizados ni la prueba reciente obtenida en Haití y en Bosnia de nuestra facilidad de adaptación a lo poco convencional nos llevarán a sentirnos satisfechos. La complacencia parece algo innecesario en un mundo donde existen las armas de destrucción masiva. No obstante, resulta más inapropiado, cuando hacemos memoria de que la ventaja del mundo civilizado depende de tres cosas principales: la habilidad para evaluar con precisión las amenazas que se le planteen, poseer un sentido estratégico muy sutil que le permite establecer la diferencia entre lo trivial y lo esencial, y, de parte de sus líderes, un juicio bien documentado acerca del carácter de los subalternos. En estos asuntos, bien podríamos correr el riesgo más grande para nuestro propio bienestar.

Pancho Villa. La invasión de Francisco Villa a los Estados Unidos de Norteamérica y la expedición punitiva de Pershing.

Pancho Villa. La invasión de Francisco Villa a los Estados Unidos de Norteamérica y la expedición punitiva de Pershing.

Este es un artículo íntegro de  Luis Ávila, “Entre la traición y la venganza” que puede encontrar en http://aieme.tripod.com/villa.htm . Podrá usted estar de acuerdo o no con la comparación Villa-Osama Bin Laden, pero estoy seguro que se va a asombrar, si no conocía la historia, de cómo Villa atacó a EEUU y posteriormente burló la persecución de la que fue objeto por el General Pershing de EEUU.

Este ultimo estaba al mando de una poderosa columna integrada por diez mil hombres y traía consigo el apoyo de la artillería pesada. “En jaula de hierro nos vamos a llevar a este asesino”, dijo. Sin embargo, a pesar de que sus tropas expedicionarias recorrieron durante casi un año todos los lugares en los que supusieron estaba su enemigo, nunca pudieron capturarlo. Durante su búsqueda, Pershing encontró varias tumbas con la siguiente lápida: Aquí yace Pancho Villa, pero sin nadie adentro. Rascó, escarbó y no encontró más que serpientes, tarántulas, lagartijas y piedras. A pesar de que sus soldados golpeaban a campesinos mexicanos, los amenazaban o les ofrecían todo el oro del mundo en recompensa, estos siempre le dieron pistas falsas. Al cabo de once meses, Pershing regresó a EEUU con su caravana de soldados, hartos de respirar polvo y recibir pedradas y mentiras en cada pueblito del cascajoso desierto. En esa procesión de humillados se encontraban dos jóvenes tenientes recién salidos de West Point, que después serían célebres, como el propio Pershing: éste, en la Primera Guerra Mundial, y los otros dos, Dwight J. Eisenhower y George Patton, en la Segunda Guerra Mundial. Einsehower sería presidente de EEUU. Patton escupiría el suelo de “este país ignorante y salvaje”. Por su parte, al contemplar la retirada desde lo alto de una loma, Pancho Villa exclamaría: ”Vinieron como águilas y se van como gallinas mojadas”.

No es la primera vez  -como muchos dicen y creen- que Estados Unidos es atacado en su territorio continental. Desde la guerra de independencia,  este país ha comenzado cada siglo siendo atacado por una fuerza extranjera, lo fue así en 1812 por los Ingleses  y  lo fue también  el 9 de marzo de 1916 por el mexicano y militar  revolucionario Francisco Villa,  en el poblado fronterizo de Colombus.  Según Friedrich Katz,  profesor de historia latinoamericana de la Universidad de Chicago,  precisa en su obra The Life and Times of Pancho Villa, que el ataque a Colombus fue y sigue siendo el único caso de una fuerza militar extranjera que haya atacado territorio continental en Estados Unidos desde la guerra británica-estadounidense de 1812. 

En el 2001,  el ataque no es militar, pero de quien se sospecha por la acción contra Nueva York algo tiene en común con su anterior  invasor  y quizás también en sus causas. Ambos, Francisco Villa y Osama Bin Laden, han sido hombres de fuertes ideales y creencias, estrategas, asesinos, ladrones, guerrilleros, con una asombrosa respuesta a su poder de convocatoria, y han tenido incondicionales seguidores y fieles creyentes de que sus acciones son por el bien de sus pueblos. Estados Unidos se involucró con ellos apoyándolos en sus luchas, pero Villa y Bin Laden han sido hombres sensibles a la traición, y solo ellos han sabido golpear al mismo coloso, salir indemnes y poner a sus países al borde de una guerra internacional. 

Pancho Villa, es probablemente el personaje mexicano más conocido en todo el mundo después de Benito Juárez y Moctezuma.  Su leyenda perdura y es símbolo de un México que aún pide justicia social, al grado que el dirigente opacó al movimiento revolucionario, lo que hoy sucede con Bin Laden, quien su nombre empieza a opacar al movimiento de los Talibanes.

En opinión de Katz, la División del Norte que Francisco Villa comandó fue probablemente el mayor ejercito revolucionario  que haya surgido jamás en América Latina. Y algo excepcional el hecho de que fue uno de los pocos movimientos revolucionarios con los que un gobierno estadounidense  trató no solo de llegar a un acuerdo, sino incluso de forjar una alianza.

Si alguien ha dado testimonio de la leyenda épica de Francisco Villa, es John Reed, quien fuera corresponsal estadounidense en México y quien escribió en algunos de sus reportajes: "Sus fechorías no tienen parangón con las de ningún otro personaje encumbrado en el mundo". Reed podría parecer subjetivo en sus notas pero entre 1901 y 1909 a Villa se le imputan por lo menos cuatro homicidios, mas de una decena de incendios premeditados,  múltiples robos, secuestros en haciendas y ranchos ganaderos.  Quemó edificios públicos  entre ellos la casa de un ayuntamiento  y la noche del 15 de noviembre de 1913 tomó Juárez, ciudad fronteriza del estado de Chihuahua con el Paso Texas, en una acción sin precedentes, se hizo de los trenes, apresó a los telegrafistas de cada estación, las tropas villistas tomaron el cuartel, la jefatura de armas, los puentes internacionales, el hipódromo y las casas de juego. Los periódicos norteamericanos y la opinión pública se sorprenden ante la increíble acción. En Fort Bliss, el general Scott la compara con la guerra de Troya.

Para el Army and Navy Journal, "Villa es un genio militar...  tiene una admirable personalidad que atrae al soldado mexicano. Indudablemente bravo, es un tigre cuando se exalta pero sabe también ser ordenado..., en caso de guerra con Estados Unidos será el comandante en jefe... Se cree que se convertirá en el dictador de país entero".

Francisco Villa atacó Colombus movido por la venganza.  Culpó a Estados Unidos de su derrota en la región de Agua Prieta al permitir el paso a las fuerzas de Carranza por territorio Norteamericano. También le acusó de haberle enviado armas  y municiones defectuosas. Y "la gota que pudo haber sido el derrame"  fue un acto tan deliberado y horrendo de los norteamericanos al haber bañado con petróleo y quemar vivos a veinte mexicanos que se encontraban encarcelados por diversos motivos en prisiones de Estados Unidos.

John Pershing, general al mando de las tropas estadounidense a lo largo de la frontera con México, había sido advertido dos días antes del ataque, que Villa estaba acercándose a la frontera y podía atacar, pero ni el general Pershing ni el comandante de la guarnición de Colombus tomaron en serio  la advertencia.

Villa atacó la madrugada del 9 de marzo tomando por sorpresa a toda la población, el pánico se apoderó de los vecinos cuando una columna villista irrumpió a galope gritando ¡Viva Villa! ¡Viva México!, y disparando a diestra y siniestra sobre las casas y sobre cualquiera que se asomara, incendiaron el Commercial Hotel, ejecutaron a varios huéspedes y saquearon bancos y comercios. 

El 10 de marzo, al día siguiente del ataque a Colombus el presidente Norteamericano, Thomas Woodrow Wilson dio orden de que una fuerza expedicionaria de unos cinco mil hombres ingresara a territorio Mexicano en persecución de Francisco Villa bajo el mando de John J. Pershing. Entre las instrucciones finales de la Expedición Punitiva, como se le llamó,  el objetivo principal no era la captura de Villa, sino que "la tarea de estas ropas se considerará terminada  cuando se sepa que la banda o las bandas de Villa han quedado disueltas".

Rafael Muñoz en Relatos de la Revolución, describe la reacción:

<"¡Es el más terrible de los asesinos", dicen los que hace años se aprovechan de sus triunfos y hora lo vilipendian,  "es la vergüenza de México, el azote del norte,  el asco del mundo! ¡Roba, asesina, asalta, destruye, incendia, arrasa! ¡Reta al extranjero, pone al país al borde de la guerra internacional, arruina la patria y donde pisa, la huella de su pie se llena de sangre!">

En palabras de Katz, Villa mantuvo unido a su ejercito,   no hubo deserciones a gran escala gracias a su carisma, y a la lealtad el terror que inspiraba.  No cedió a la desesperación; hizo por el contrario cuanto estaba en su mano para capitalizar la oleada de nacionalismo que esperaba como reacción a la invasión estadounidense y al pasar por los pueblos arengaba a los habitantes  y los convocaba a luchar contra los invasores y a apoyarlo.  En el zócalo del municipio de Galeana, varios miles de personas se reunieron el 14 de marzo para escucharlo. Desde una ventana sobre la plaza, Villa se dirigió a la multitud; no dio ninguna explicación del ataque a Colombus; dijo solamente que había estallado la guerra entre Estados Unidos y México y que la gente debía estar lista para defender a su país, que se preparan para la lucha que vendrá contra los gringos.

El 16 de marzo entró en territorio Mexicano la primera de las dos columnas que integraban la Expedición Punitiva de Pershing, compuesta por cinco mil oficiales y soldados de caballería, infantería y artillería así como un escuadrón aéreo de ocho aeroplanos.

Villa se retiró a las montañas de Chihuahua, allí tuvo que afrontar las mayores dificultades desde que eligió el destino de revolucionario. Más de cinco mil estadounidenses habían entrado en México con el fin de capturarlo; estaban equipados  con una tecnología moderna a la que no tenían acceso ni el ni sus enemigos mexicanos. Un escuadrón  de aviones volaba  sobre las laderas de las montañas  y sobre los desiertos  tratando de localizarlo, pero el accidentado terreno en la extensa sierra madre occidental que atraviesa el estado de Chihuahua  fue su mejor aliado. 

Estremece la convicción de los oficiales de  Pancho Villa de luchar con la certidumbre de que sus acciones y las del propio Villa eran por el bien de México.  El caso de Pablo López uno de los hombres fuertes de Villa pone de manifiesto su fe y lealtad. En la obra de Calzadiaz Barrera, Hechos Reales de la Revolución se narra sobre su captura por las tropas carrancistas en las colinas de Chihuahua donde después de pasar días sin beber ni comer, ofrece entregarse solo si sus captores son mexicanos y agrega: ¡Si son americanos, moriré peleando!  Poco antes de ser fusilado le dijo al reportero irlandés de El Paso Herald:  "Yo fui el primero en unirme a él y he sido su fiel seguidor y su rendido esclavo desde entonces.  Mucho preferiría morir por mi patria en batalla, pero si han decidido matarme, moriré como Pancho Villa querría que lo hiciera: con la frente en alto y los ojos descubiertos, y la historia no podrá decir que Pablo López flaqueó a las puertas de la eternidad".

Para principios de abril de 1916, -año en el cual, el presidente norteamericano Woodrow Wilson hace entrar a su país junto con los aliados en la primera guerra mundial-, varios miembros del gabinete de Wilson estaban pidiendo que la Expedición Punitiva se retirara; día a día el parte era idéntico:  "Tengo el honor de informar a usted que Francisco Villa  encuentra en todas partes y en ninguna"  y así lo cita también Enrique Krauze en su obra Caudillos de la Revolución Mexicana. La Expedición Punitiva una de las cacerías más costosas jamás concertadas para buscar a un solo hombre fracasa estrepitosamente.

¿Les suena? Parece que fue ayer...

Drácula. Vlad Tepes, héroe nacional en Rumanía.

Drácula. Vlad Tepes, héroe nacional en Rumanía.

Además del personaje literario, hay un personaje histórico que es igualmente apasionante. En Rumanía es un héroe nacional y de la lectura de su vida, descartando su extrema crueldad, se pueden extraer enseñanzas. No es conveniente juzgarlo por los parámetros actuales, tenga en cuenta que en aquellos tiempos en España acababa la Reconquista. Y no sólo en España, sino en toda Europa, empezaba a actuar la Inquisición, que por cierto, fue mas sangrienta en el resto de Europa que en España. Claro, que siempre nos han contado otra cosa y eso es otra historia...

Vlad Tepes, "Vlad el Empalador", conocido en el mundo entero como Drácula, nació en Rumania (1428-1476). Hijo de Vlad Dracul (caballero de la orden del dragón - 1431) y nieto de Mircea el Grande, soberano de Velaquia (1368-1418) fue uno de los príncipes rumanos que por sus diversas hazañas y su nada corriente personalidad, llamó la atención y ocasiono el interés de forma muy especial no solo de sus contemporáneos sino también de la historia y literatura actuales. Para algunos historiadores del tema, Drácula fue un heroico defensor de los intereses e independencia de su país y del cristianismo, mientras que para otros se trataba de un caso patológico, el de alguien que torturaba, atormentaba y por supuesto mataba para divertirse, por puro placer.

Fue uno de los tres hijos legítimos de Vlad "El Diablo", príncipe de Velaquia (antiguo principado danubiano, que formo con Moldavia el reino de Rumania). Hoy en día, constituye dos regiones geográficas bien definidas: la Mutenia, situada al este del río Olt, y la Oltenia, al oeste. El viejo Vlad se gana por méritos propios el apodo de "Dracul" (El Diablo) por su afamada crueldad y sangre fría y que posteriormente heredaría su predecesor. No se conoce con exactitud la fecha y lugar de nacimiento, pero se estima que vio el mundo por primera vez allá por 1428 en la ciudad de Sighisoara (Transilvania, situada en la región de Brashov, y fundada en 1280). Su padre residía allí en una mansión que hoy todavía se conserva (Bran Castle). Ha pasado a la historia por su apodo Drácula (proviene de "Draculea". La terminación "ulea" en rumano quiere decir "hijo de", lo que podría traducirse como "El hijo del Diablo"). Reinó como príncipe de Velaquia en 1448; de 1456 a 1462, y finalmente en 1476, año de su muerte.

El pueblo le puso como apodo también "Tepes" (Empalador) ya que esta era la pena capital a la que más era aficionado y que aplicaba con mas prodigalidad, aunque esta última expresión, hasta mediados del siglo XVI no aparecería en ningún documento. En aquellos tiempos, el trono de Velaquia estaba amenazado desde el exterior por los turcos y húngaros, y en el interior por los nobles ávidos de poder que luchaban entre ellos con un salvajismo y ferocidad mas que bestial. La trágica muerte de su padre, que fue ejecutado por Iancu de Hunedoara en 1447, obligó al joven Vlad a ponerse al lado de los turcos, adversarios de Iancu, con cuya ayuda accedió al trono de Velaquia en Septiembre de 1448, y aunque el príncipe Vladislav II, pretendiente al trono, y apoyado por los húngaros y la población de origen alemán, fue derrotado en Kossovo (al norte de la actual Macedonia junto al río del mismo nombre) éste sólo consiguió conservar el trono unas pocas semanas. La vida y gracia de Vlad se conoce muy poco hasta el año 1456. Durante estos años, Vlad fue separándose de los turcos y estrechando las relaciones con su enemigo Iancu de Hunedoara, lo que sí era moralmente recusable, era sin embargo muy práctico. No era nada extraño durante esa época el hecho de cambiar las ideas y conveniencias políticas de una manera un tanto extraña y del todo inesperada, solo hay que echar un vistazo a la historia de los grandes y diversos reinos de la Europa Occidental. Este repentino viraje político se manifestaba solo en una cosa: el deseo para Vlad de volver a reinar en Velaquia.

Seguía atentamente las crecientes desavenencias entre Vladislav y Iancu hasta que el 23 de Abril de 1452, Iancu iniciaba la guerra, arrebatando a su rival las ciudades y propiedades que poseía en Transilvania, circunstancia que aprovecho Vlad para ofrecerse al vencedor como pretendiente al gobierno de estas, solicitando su ayuda y prometiéndole una "fidelidad inquebrantable". Pero, el 6 de Abril de 1545, Vladislav, negado y resignado al hecho de ser derrotado, irrumpía en Transilvania arrasando, matando, quemando y saqueando. Draculea, deseando conservar su trono, solicitó y obtuvo el mando de un pequeño ejército aprovechando la intervención en la guerra del monarca húngaro Ladislao V de Habsburgo, Archiduque de Austria y Rey de Bohemia, que veía amenazados sus intereses en la región. La pugna le fue favorable, logrando apresar a Vladislav al que hizo decapitar en la ciudad de Tirgusor (cerca de Tirgovisthe, la antigua capital de Velaquia). El 3 de Julio, fue una fecha importante para Vlad puesto que volvería a reinar y garantizaría a sus súbditos la protección contra los turcos y el libre comercio allende de las montañas de Velaquia, a cambio de que estos le prestaran ayuda en caso de guerra. El hecho de que el nuevo príncipe obraba con "demasiada independencia" dio la voz de alarma a los húngaros y alemanes los cuales fueron modificando su actitud, llegando a solicitar el 14 de Febrero de 1457 a sus súbditos que apoyaran a otros pretendientes. No tardaron en iniciarse una serie de alianzas e intrigas, acompañadas (como podía esperarse) de lealtades y traiciones.

En el año 1459, Draculea ordenó empalar a algunos rebeldes destacados y arrojar al fuego a otros, siendo este el macabro y tortuoso inicio de su carrera de crueldades. Favorecido por la suerte, logro atrapar al más peligroso de sus adversarios, Dan Voeivod en la primavera de 1460, al que obligo a cavar su propia tumba y asistir a sus funerales antes de hacerlo decapitar. El 24 de Agosto redujo a los últimos rebeldes; hizo empalar a algunos pero curiosamente se mostró excesivamente generoso con otros. Consolidado su trono, "El Empalador" se alzó contra los turcos a los cuales no les pagaba los tributos que estos exigían desde hace tres años. El sultán Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, conociendo el temple de su enemigo y el coraje y bravura de sus guerreros, prefirió utilizar la cabeza antes que la fuerza. Le envió como mensajero al colaboracionista griego Catavolinos, citándole en Giurgiu (fortaleza y puerto danubiano, no lejos de Bucarest) para solucionar un "pequeño problema fronterizo", apostando cerca de la población un destacamento de tropas escogidas al mando de Hamza Beg. Vlad fingió caer en la trampa, (ya se había olido que dicha citación no era normal y menos tratándose de un asunto aparentemente de tan poca importancia) e incluso se presento con parte de los tributos pendientes y algunos presentes para el Sultán pero a su vez traía consigo un fuerte contingente de caballería que derroto a los turcos (puesto que estos eran muy inferiores en número) tras apoderarse del lugar, haciendo prisioneros además al griego y al general otomano, los cuales junto con el resto de los apresados fueron conducidos a Tirgovisthe, capital de Velaquia, y posteriormente empalados. Animado por el éxito, Vlad se pasó a la orilla derecha del Danubio, incendiando y saqueando tras derrotar a las tropas turcas.

El 11 de Enero de 1462, en una carta que estaba dirigida al nuevo soberano húngaro Matías Corvino, daba cuenta de haber acabado con más de 24.000 enemigos habiendo hecho amontonar sus cabezas y contarlas, con la excepción de los que murieron en los incendios de sus casas. Consecuencia de estas incursiones, estaban tan desmoralizados que muchos de ellos prefirieron abandonar Estambul ante el temor de que este pudiera apoderarse de la ciudad, conquistada hace pocos años y en la que aún quedaban gentes que recordando el espléndido periodo bizantino, no hubieran dudado en levantarse contra sus dominadores. Enfurecido, Muhammad II dispuso de un gran ejercito de unos 250.000 hombres y una flota dispuesta a remontar el Danubio. Vlad no podía oponer más de 10.000 hombres y recurrir a tácticas como la guerrilla y la "tierra quemada" (primavera / verano de 1462). Tras sufrir muchas bajas, haberse declarado una importante epidemia de peste y no poder apoderarse la flota turca de la ciudadela de Kilia (al sur de Moldavia), el Sultán ordena la retirada de sus tropas y una vez en Estambul valiéndose de su genio y astucia, le opuso a uno de sus propios hermanos, Randu "el Hermoso" que se había pasado al bando otomano, arrastrando algunos de los principales boyardos. Finalmente, tras una serie de intrigas (falsificación de documentos incluida) muy de la época y del lugar, Muhammad logra que el Rey ordenara el arresto de Vlad que fue encerrado durante doce años, primero en Visegrado (cerca de Sarajevo, a orillas del Drina) y posteriormente en las inmediaciones de Budapest, donde recibía un trato especial, es decir, era tratado con mayores consideraciones. Mientras tanto, entre 1462 y 1475, Randu, hombre débil y carente de personalidad, se sentó en el trono de Velaquia casi como un títere de los turcos. Las circunstancias que permitieron a Vlad, librarse de la prisión no están muy claras, pero es sabido que tomo parte en la batalla de Vaslui (en la región de Jashi, Moldavia), el 10 de Enero de 1475, formando parte del contingente enviado por el Rey de Hungría al príncipe transilvano Esteban Báthory contra los turcos. Lo curioso y por otro lado cierto, es que Draculea volvía a ocupar su trono el 11 de Noviembre de 1476. Semanas mas tarde, los turcos le sorprendieron desprevenido con una escolta de sólo 200 hombres (de los cuales sólo sobrevivieron 10 para contarlo) y le dieron muerte. La cabeza de Vlad fue enviada a Estambul y exhibida públicamente. Le sucedió su hermano Randu, pero siempre supeditado a la "Sublime Puerta", que reino hasta Septiembre de 1500.

Anécdotas

        Tras la muerte de Drácula aparecen multitud de panfletos en Rusia y Alemania contando anécdotas del personaje. Mientras que en Alemania se remarca su crueldad, en Rusia se le ve más bien como alguien que tiene que actuar así para defender a su pueblo. Las coincidencias entre unos y otros han dejado bastante claro a historiadores que, al menos, a grandes rasgos estas historias han de ser verdaderas. La tradición oral ha hecho llegar hasta nuestros días también muchas leyendas y anécdotas de Drácula contadas por los propios rumanos. A continuación mostramos nueve de las anécdotas más repetidas.  

1) La copa de oro: Cualquier ladrón que fuese capturado por Drácula sería empalado. Para demostrar la seguridad que había en la ciudad, Drácula colocó una copa de oro al alcance de todos en la plaza central de la ciudad de forma que todos podían utilizarla para beber pero ninguno debía intentar robarla. Y así fue, la copa nunca fue robada.

2) El mercader extranjero: Un mercader extranjero descubrió que durante la noche le habían robado 160 ducados de su carro. Cuando se lo contó a Drácula, este amenazó con destruir la ciudad si no aparecía el ladrón. Una vez este fue capturado fue mandado empalar y Drácula mandó depositar 160 ducados en el carro más una moneda extra. Afortunadamente, el mercader se dió cuenta de que había dinero de más y se lo dijo a Drácula, ya que este le explicó entonces que era una prueba de honestidad y de no haberlo hecho hubiese sido empalado también.

3) Los dos monjes: Dos monjes fueron al castillo de Drácula. Cuando este les preguntó qué les parecían los empalamientos, uno de ellos respondió que hacía muy bien en hacerlos pues era una misión divina castigar el crimen, mientras que el otro lo condenó. Uno de los monjes fue empalado y el otro fue recompensado. Según la versión tradicional rumana y la rusa premió al honesto y empaló al que lo alabó. Sin embargo, los panfletos alemanes invierten el destino de los monjes.

4) El noble polaco: Un noble polaco al servicio del rey de Hungría visitó Tirgoviste en 1458. Drácula lo invitó a cenar y, de repente, ordenó colocar una lanza preparada justo frente a él. Cuando le preguntó que qué pensaba de aquello, este respondió que creía que era porque alguien había ofendido al príncipe y Drácula trataba de honrarlo. Drácula le dijo que así era, que se trataba de honrar al invitado polaco, cosa que hizo dándole multitud de regalos, y que de haber respondido otra cosa lo hubiera mandado empalar.

5) Los embajadores extranjeros: Con varias versiones en las que cambia el origen de los emisarios y el tipo de sombrero que llevan, en esta historia unos embajadores de oriente se presentan ante Drácula. Al llevar turbante no descubren sus cabezas ante el príncipe, lo cual está considerado como una falta de respeto. Ante las excusas que estos dan de que no pueden descubrir la cabeza, Drácula decide clavarles las manos a la frente para que no puedan quitarse el turbante nunca más y, por tanto, no corran peligro de que su cabeza quede al descubierto.

6) La amante de Drácula: Este individuo que empalaba o despellejaba vivas a las mujeres que faltaban a la castidad tenía una amante en una casa de Tirgoviste. Esta mujer trataba de animarlo siempre y una vez que lo vió bastante deprimido pensó en alegrarlo diciendo que iba a tener un hijo suyo. A Drácula esto le sentó tan mal que amenazó con matarla si era una broma. Sabiendo ella que sus amenazas eran más que ciertas prefirió seguir con la farsa hasta que Drácula envió a unas matronas a comprobar la verdad de su embarazo. Al descubrir que era falso él mismo se presentó en la alcoba de la mujer y mientras estaba acostada la abrió en canal con un cuchillo desde la ingle hasta los pechos. Drácula la dejó morir en agonía no sin antes proclamar su deseo de que el mundo viera dónde había estado.

7) La mujer holgazana: Drácula se encontró con un hombre trabajando en el campo que parecía falto de mujer por el aspecto de sus ropas. Al preguntarle si no estaba casado este le dijo que sí. Drácula hizo traer a la mujer y le preguntó qué hacía en sus días, y esta le dijo que lavar, hacer el pan y coser. Señalando a las ropas de su marido, Drácula no la creyó y decidió empalarla a pesar de que el marido afirmaba estar satisfecho con ella. Luego obligó a otra mujer a casarse con este hombre no sin antes amenazarla con el mismo destino si no cuidaba bien del campesino.

8) El noble con agudo sentido del olfato: El día de san Bartolomé de 1459 en que Drácula empaló a 30000 hombres, Drácula celebró una fiesta para celebrarlo. Cuando vió que uno de los nobles se tapaba la nariz en la comida porque no soportaba el hedor de los muertos, Drácula mandó empalarlo en un palo más alto que a los demás para que el aire le fuera más limpio. En otra versión es un embajador extranjero el que le pregunta a Drácula por qué anda entre tanta peste de muertos en descomposición. Cuando Drácula le pregunta que qué le importa a él el embajador, para quedar bien, le dice que es porque se preocupa por la salud del príncipe. De igual modo, Drácula lo empala más alto que a nadie para que no tenga que notar los olores.

9) La quema de pobres y enfermos: Dándose cuenta de que el número de pobres y enfermos aumentaba considerablemente en Valaquia, Drácula decidió invitarlos a todos a un gran festín para demostrar que en su reino no habrían pobres. Cuando estaban en medio del gran banquete, Drácula se presentó y les preguntó si querían vivir sin preocuparse ni faltarles nada. Cuando le respondieron que sí prendió fuego a la sala del banquete de tal modo que ni uno solo pudo escapar. Cuando le preguntaban, Drácula justificó esta acción como una forma de librar a los demás de tener que cargar con ellos. De este modo, según él, dejaban de haber pobres en su reino. Hoy día esta anécdota esta considerada por muchos rumanos como diferente. Según ellos los invitados al festín eran bandidos de la zona, no pobres y enfermos.

Mito del vampiro

 Hoy día está más que claro que Vlad Tepes no fue un vampiro ni bebía sangre ni se convertía en murciélago ni ninguna de esas cosas. Su relación con estos no es más que la de ser un ser auténticamente malvado y cruel, aunque esto tampoco está muy claro. A pesar de todo, existen algunas otras similitudes: el significado de Drácula (hijo del Diablo) o su decapitación, pero no lo bastante importantes. Vlad Tepes está considerado como un héroe nacional en Rumanía por su resistencia a las invasiones turcas, algo así como el Cid en España. Quizá Bram Stoker, el escritor de Drácula, eligió al personaje por ser un individuo realmente malvado que vivía en una zona donde el mito del vampiro estaba muy arraigado.

A finales del siglo XVII hay toda una epidemia de vampirismo que comienza en Europa del Este y se traslada desde los Balcanes a países como Alemania, Francia, España, Italia e Inglaterra. Personas que viajan al este vuelven contando historias de vampiros y el tema va adquiriendo un interés en filósofos y escritores. Por su crueldad y su localización, Drácula era un perfecto candidato para el vampirismo. Para los rumanos, el hombre que protegió a Rumanía de las invasiones turcas y que la libró de la dominación húngara. No en vano, Bram Stoker es un personaje profundamente odiado en Rumanía. Sin embargo, tampoco hay que negar que la leyenda de Drácula y de los vampiros atrae hoy día a muchos turistas a estas tierras a visitar lugares como el Castillo de Bran (llamado de Drácula aunque ni siquiera está muy claro si llegó a estar allí unos días).

Del Arte de la Guerra. Maquiavelo. Resumen.

Del Arte de la Guerra. Maquiavelo. Resumen.

Las citas que a continuación puede ver corresponden al libro Del Arte de la Guerra. Quizás tras la lectura de estas líneas pueda usted pensar que lo que llamamos "maquiavélico" es en realidad un profundo conocimiento psicológico del ser humano y un gran sentido común. La lectura completa del libro es un tratado sobre el arte de la guerra, y lo que ahí se expone sigue en vigor hoy en día. Advertirá usted que es sospechosamente parecido a El Arte de la Guerra de Sun Tzu. Espero que le guste y que disfrute con su lectura.

 

         Lo que favorece al enemigo nos perjudica a nosotros, y lo que nos favorece a nosotros perjudica al enemigo.

         Aquel que durante la guerra esté más atento a conocer los planes del enemigo y emplee más esfuerzo en instruir a sus tropas incurrirá en menos peligros y tendrá más esperanzas de victoria.

         Jamás hay que llevar a las tropas al combate sin haber comprobado su moral, constatado que no tienen miedo y verificado que van bien organizadas. No hay que comprometerlas en una acción más que cuando tienen moral de victoria.

         Es preferible rendir al enemigo por hambre que con las armas, porque para vencer con éstas cuenta más la fortuna que la capacidad.

         El mejor de los proyectos es el que permanece oculto para el enemigo hasta el momento de ejecutarlo.

         Nada es más útil en la guerra que saber ver la ocasión y aprovecharla.

         La naturaleza produce menos hombres valientes que la educación y el ejercicio.

         En la guerra vale más la disciplina que la impetuosidad.

         Si algunos enemigos se pasan a las filas propias, resultarán muy útiles si son fieles, porque las filas adversarias se debilitan más con la pérdida de los desertores que con la de os muertos, aunque la palabra desertor resulte poco tranquilizadora para los nuevos amigos y odiosa para los antiguos.

         Al establecer el orden de combate es mejor situar muchas reservas tras la primera línea que desperdigar a los soldados por hacerla más larga.

         Difícilmente resulta vencido el que sabe evaluar sus fuerzas y las del enemigo.

         Más vale que los soldados sean valientes que no que sean muchos, y a veces es mejor la posición que el valor.

         Las cosas nuevas y repentinas atemorizan a los ejércitos; las conocidas y progresivas les impresionan poco. Por eso conviene que, antes de presentar batalla a un enemigo desconocido, las tropas tomen contacto con él mediante pequeñas escaramuzas.

         El que persigue desordenadamente al enemigo después de derrotarlo, no busca sino pasar de ganador a perdedor.

         Quien no se provee de los víveres necesarios, está ya derrotado sin necesidad de combatir.

         Quien confía más en la caballería que en la infantería, o al contrario, escogerá en consecuencia el campo de batalla.

         Si durante el día se quiere comprobar si ha entrado algún espía en el sector propio, se ordenará que todos los soldados entren en sus alojamientos.

         Hay que cambiar de planes si se constata que han llegado a conocimiento del enemigo.

         Hay que aconsejarse con muchos sobre lo que se debe hacer, y con pocos sobre lo que se quiere realmente hacer.

         En los acuartelamientos se mantendrá la disciplina con el temor y el castigo; en campaña, con la esperanza y las recompensas.

         Los buenos generales nunca entablan combate sí la necesidad no los obliga o la ocasión no los llama.

         Hay que evitar que el enemigo conozca nuestro orden de combate; cualquiera que sea éste, debe prever que la primera línea pueda replegarse sobre la segunda y tercera.

         Si se quiere evitar la desorganización en el combate, una brigada no debe emplearse para otra misión distinta de la que se le tenía asignada.

         Las incidencias no previstas son difíciles de resolver; las meditadas, fáciles.

         El eje de la guerra lo constituyen los hombres, las armas, el dinero y el pan; los factores indispensables son los dos primeros, porque con hombres y armas se obtiene dinero y pan, pero con pan y dinero no se consiguen hombres y armas.

         El no combatiente rico es el premio del soldado pobre.

         Hay que acostumbrar a los soldados a despreciar la comida delicada y la vestimenta lujosa.

Estas son las generalidades que se me ocurre recordaros. Sé que a lo largo de mi exposición se hubiera podido tratar de muchas otras cosas; por ejemplo, de cómo y según qué modalidades se ordenaban las líneas en la antigüedad; qué vestimenta usaban y qué otros tipos de instrucción practicaban, así como otros muchos detalles en los que no he creído necesario entrar, tanto porque podréis informaros por vosotros mismos como porque mi intención no era explicaros cómo fueron los ejércitos de la antigüedad, sino cómo se podría organizar hoy un ejército con más efectividad de la que actualmente constatamos. Por eso no he considerado oportuno traer a colación otros aspectos de la antigüedad más que en la medida 

Aprendiz de Cortesano. Estrategias clásicas.

Aprendiz de Cortesano. Estrategias clásicas.

Lo primero que debes saber es que la política consiste en el arte de buscarse problemas, diagnosticarlos incorrectamente, aplicar las soluciones indebidas y encontrar luego a quien culpar del entuerto. Sólo tienes que fijarte en nuestro Príncipe actual y ver cómo siempre se las arregla para imputar a los demás -y perdón por un verbo tan feo- los estropicios o los disparates que comete. Muy pronto averiguarás que, en la corte, el orden natural está invertido y que allí la realidad sólo se ve por su forro. Esto se debe a que, entre palaciegos, se cree al ignorante más que al sabio, al adulador más que al capaz y al pícaro más que al honrado.

 

No faltan quienes se creen tocados del dedo de Dios. Y otros se reputan infalibles (y perdón por este otro verbo). Con lo cual, al cabo de unos meses, el cuerdo se ha vuelto loco; el humilde, engreído; el manso, presuntuoso; el pacífico, guerrero; el devoto, desalmado; y el honrado, sinvergüenza. Tal es, querido sobrino, la prodigiosa mudanza que el poder obra en los hombres.

 

Pero hay otra razón que explica por qué en la corte todo anda del revés y que debo a mi querido amigo Maquiavelo. Hay tres clases de cerebros, dice el florentino: los que disciernen por sí, los que entienden lo que los otros disciernen y, por último, los cerebros que ni disciernen ni entienden lo que los otros disciernen. Pues bien, en la corte, sobrino caro, estos últimos son los que más abundan. Y por eso ocurre lo que ocurre.

 

Siendo cortesano bisoño, di en creer por algún tiempo que corte viene de cohorte, que significa séquito (el que sigue al Príncipe, ya sabes). Pero hoy tengo para mí que este nombre se debe a que los cortesanos andan siempre viendo qué cortan y sacando tajada de todo. Así que cuida mucho tu virtud, pues los vicios se aprenden allí sin necesidad de escuela.

 

Prepara una buen armadura contra maledicentes e hipócritas. Todo cortesano que se precie sabe que a la Corte se va para murmurar y ser murmurado, para envidiar y ser envidiado, para herir y ser herido, para espiar y ser espiado. De modo que no seas alma cándida y ten tus tijeras listas, si no tu navaja barbera, para cortar tú también cuando sea necesario.

 

No digas jamás la verdad sin pensarlo antes dos veces. En la corte, la verdad es más rara que un diamante. Sé cuidadoso con ella. Y si no sabes decirla, más vale que te la guardes.

 

No creas que el poder da libertad. Muy al contrario. Salvo el Príncipe, que dispone siempre lo que le viene en gana, nadie hace en la corte lo que quiere. Por lo tanto prepárate para vivir pejigueras innúmeras, como comer con quien aborreces, viajar con quien te maldice, hablar con quien no deseas, honrar a quien te traiciona, sonreír a quien te injuria y abrazar a quien te desprecia.

 

No esperes recibir nunca la retribución debida a tu esfuerzo. En la corte, por cada tres que merecen lo que reciben, hay trescientos que reciben lo que no merecen. Así de ingrato es este oficio, donde hoy estás y mañana no, y los que crees tus amigos son con frecuencia tus mayores enemigos. La corte es el lugar más propicio para cultivar el agravio y corromper la amistad. Y si nunca ha habido Príncipe a quien, en lo poco o en lo mucho, no haya traicionado alguno de sus ministros, menos lo vas a ser tú, que eres paje de pasillo.

 

No te hagas ilusiones de instruir un día al Príncipe en asuntos de buen gobierno. Yo me quemé muchas veces por ignorar que al Príncipe que no es sabio no se le puede aconsejar. Pero, al margen de que sea sabio o torpe, un Príncipe valora más la lisonja que el consejo, y más la perfidia política que la ciencia o la virtud. La vida pública es como un circo. Y el Príncipe, una especie de acróbata que mantiene el equilibrio diciendo lo contrario de lo que hace. Así que, si deseas ser cortesano influyente, deberás suministrarle cada día un abundante inventario de bribonadas, astucias y artimañas, así como elevadas dosis de buena conciencia, para que no sufra demasiado el pobre por la esquizofrenia que se trae.

 

Evita siempre que te sea posible formar parte de comités, comisiones y cotarros de esa índole. Por experiencia sé que los comités rara vez sacan algo en limpio, debido a que les gusta más discutir que resolver. Y como en toda reunión de apóstoles siempre ha de haber algún Judas, puede que a tus espaldas te culpen de obstaculizar el trabajo de los otros para dejarte mal ante el Príncipe.

 

Acepta ser paño de lágrimas de todo titirimundi. Tendrás siempre buena información. Y también aprenderás que, en la corte, todos viven descontentos. Los unos porque no tienen el puesto que su sapiencia merece. Los otros porque el Príncipe no les escucha. Y casi todos porque no ganan lo que según ellos deberían. De ahí que haya tanta envidia entre cortesanos, trifulcas entre burócratas y pleitos entre ministros.

 

Por último, recuerda cada día al levantarte que estás en la corte de paso, que, una vez ido, silencio y olvido, y que en general son muy pocos los que salen de palacio en olor y loor de multitud. Podría darte otros avisos, pero baste este boceto del berenjenal con que sueñas. A mí me dejó exhausto. Por cada día de placer tuve treinta de pesar. Y sólo encontré la paz cuando pude retirarme a mi celda, con mis libros y mis rezos. De modo que piénsalo bien. Mas, si aún así decidieras proseguir en tu empeño, recuerda que nadie nos trae los enojos, sino que somos nosotros los que salimos en pos de ellos. Tu tío que mucho te quiere, Fray Jerónimo del Santo Espíritu.