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Pancho Villa. La invasión de Francisco Villa a los Estados Unidos de Norteamérica y la expedición punitiva de Pershing.

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Este es un artículo íntegro de  Luis Ávila, “Entre la traición y la venganza” que puede encontrar en http://aieme.tripod.com/villa.htm . Podrá usted estar de acuerdo o no con la comparación Villa-Osama Bin Laden, pero estoy seguro que se va a asombrar, si no conocía la historia, de cómo Villa atacó a EEUU y posteriormente burló la persecución de la que fue objeto por el General Pershing de EEUU.

Este ultimo estaba al mando de una poderosa columna integrada por diez mil hombres y traía consigo el apoyo de la artillería pesada. “En jaula de hierro nos vamos a llevar a este asesino”, dijo. Sin embargo, a pesar de que sus tropas expedicionarias recorrieron durante casi un año todos los lugares en los que supusieron estaba su enemigo, nunca pudieron capturarlo. Durante su búsqueda, Pershing encontró varias tumbas con la siguiente lápida: Aquí yace Pancho Villa, pero sin nadie adentro. Rascó, escarbó y no encontró más que serpientes, tarántulas, lagartijas y piedras. A pesar de que sus soldados golpeaban a campesinos mexicanos, los amenazaban o les ofrecían todo el oro del mundo en recompensa, estos siempre le dieron pistas falsas. Al cabo de once meses, Pershing regresó a EEUU con su caravana de soldados, hartos de respirar polvo y recibir pedradas y mentiras en cada pueblito del cascajoso desierto. En esa procesión de humillados se encontraban dos jóvenes tenientes recién salidos de West Point, que después serían célebres, como el propio Pershing: éste, en la Primera Guerra Mundial, y los otros dos, Dwight J. Eisenhower y George Patton, en la Segunda Guerra Mundial. Einsehower sería presidente de EEUU. Patton escupiría el suelo de “este país ignorante y salvaje”. Por su parte, al contemplar la retirada desde lo alto de una loma, Pancho Villa exclamaría: ”Vinieron como águilas y se van como gallinas mojadas”.

No es la primera vez  -como muchos dicen y creen- que Estados Unidos es atacado en su territorio continental. Desde la guerra de independencia,  este país ha comenzado cada siglo siendo atacado por una fuerza extranjera, lo fue así en 1812 por los Ingleses  y  lo fue también  el 9 de marzo de 1916 por el mexicano y militar  revolucionario Francisco Villa,  en el poblado fronterizo de Colombus.  Según Friedrich Katz,  profesor de historia latinoamericana de la Universidad de Chicago,  precisa en su obra The Life and Times of Pancho Villa, que el ataque a Colombus fue y sigue siendo el único caso de una fuerza militar extranjera que haya atacado territorio continental en Estados Unidos desde la guerra británica-estadounidense de 1812. 

En el 2001,  el ataque no es militar, pero de quien se sospecha por la acción contra Nueva York algo tiene en común con su anterior  invasor  y quizás también en sus causas. Ambos, Francisco Villa y Osama Bin Laden, han sido hombres de fuertes ideales y creencias, estrategas, asesinos, ladrones, guerrilleros, con una asombrosa respuesta a su poder de convocatoria, y han tenido incondicionales seguidores y fieles creyentes de que sus acciones son por el bien de sus pueblos. Estados Unidos se involucró con ellos apoyándolos en sus luchas, pero Villa y Bin Laden han sido hombres sensibles a la traición, y solo ellos han sabido golpear al mismo coloso, salir indemnes y poner a sus países al borde de una guerra internacional. 

Pancho Villa, es probablemente el personaje mexicano más conocido en todo el mundo después de Benito Juárez y Moctezuma.  Su leyenda perdura y es símbolo de un México que aún pide justicia social, al grado que el dirigente opacó al movimiento revolucionario, lo que hoy sucede con Bin Laden, quien su nombre empieza a opacar al movimiento de los Talibanes.

En opinión de Katz, la División del Norte que Francisco Villa comandó fue probablemente el mayor ejercito revolucionario  que haya surgido jamás en América Latina. Y algo excepcional el hecho de que fue uno de los pocos movimientos revolucionarios con los que un gobierno estadounidense  trató no solo de llegar a un acuerdo, sino incluso de forjar una alianza.

Si alguien ha dado testimonio de la leyenda épica de Francisco Villa, es John Reed, quien fuera corresponsal estadounidense en México y quien escribió en algunos de sus reportajes: "Sus fechorías no tienen parangón con las de ningún otro personaje encumbrado en el mundo". Reed podría parecer subjetivo en sus notas pero entre 1901 y 1909 a Villa se le imputan por lo menos cuatro homicidios, mas de una decena de incendios premeditados,  múltiples robos, secuestros en haciendas y ranchos ganaderos.  Quemó edificios públicos  entre ellos la casa de un ayuntamiento  y la noche del 15 de noviembre de 1913 tomó Juárez, ciudad fronteriza del estado de Chihuahua con el Paso Texas, en una acción sin precedentes, se hizo de los trenes, apresó a los telegrafistas de cada estación, las tropas villistas tomaron el cuartel, la jefatura de armas, los puentes internacionales, el hipódromo y las casas de juego. Los periódicos norteamericanos y la opinión pública se sorprenden ante la increíble acción. En Fort Bliss, el general Scott la compara con la guerra de Troya.

Para el Army and Navy Journal, "Villa es un genio militar...  tiene una admirable personalidad que atrae al soldado mexicano. Indudablemente bravo, es un tigre cuando se exalta pero sabe también ser ordenado..., en caso de guerra con Estados Unidos será el comandante en jefe... Se cree que se convertirá en el dictador de país entero".

Francisco Villa atacó Colombus movido por la venganza.  Culpó a Estados Unidos de su derrota en la región de Agua Prieta al permitir el paso a las fuerzas de Carranza por territorio Norteamericano. También le acusó de haberle enviado armas  y municiones defectuosas. Y "la gota que pudo haber sido el derrame"  fue un acto tan deliberado y horrendo de los norteamericanos al haber bañado con petróleo y quemar vivos a veinte mexicanos que se encontraban encarcelados por diversos motivos en prisiones de Estados Unidos.

John Pershing, general al mando de las tropas estadounidense a lo largo de la frontera con México, había sido advertido dos días antes del ataque, que Villa estaba acercándose a la frontera y podía atacar, pero ni el general Pershing ni el comandante de la guarnición de Colombus tomaron en serio  la advertencia.

Villa atacó la madrugada del 9 de marzo tomando por sorpresa a toda la población, el pánico se apoderó de los vecinos cuando una columna villista irrumpió a galope gritando ¡Viva Villa! ¡Viva México!, y disparando a diestra y siniestra sobre las casas y sobre cualquiera que se asomara, incendiaron el Commercial Hotel, ejecutaron a varios huéspedes y saquearon bancos y comercios. 

El 10 de marzo, al día siguiente del ataque a Colombus el presidente Norteamericano, Thomas Woodrow Wilson dio orden de que una fuerza expedicionaria de unos cinco mil hombres ingresara a territorio Mexicano en persecución de Francisco Villa bajo el mando de John J. Pershing. Entre las instrucciones finales de la Expedición Punitiva, como se le llamó,  el objetivo principal no era la captura de Villa, sino que "la tarea de estas ropas se considerará terminada  cuando se sepa que la banda o las bandas de Villa han quedado disueltas".

Rafael Muñoz en Relatos de la Revolución, describe la reacción:

<"¡Es el más terrible de los asesinos", dicen los que hace años se aprovechan de sus triunfos y hora lo vilipendian,  "es la vergüenza de México, el azote del norte,  el asco del mundo! ¡Roba, asesina, asalta, destruye, incendia, arrasa! ¡Reta al extranjero, pone al país al borde de la guerra internacional, arruina la patria y donde pisa, la huella de su pie se llena de sangre!">

En palabras de Katz, Villa mantuvo unido a su ejercito,   no hubo deserciones a gran escala gracias a su carisma, y a la lealtad el terror que inspiraba.  No cedió a la desesperación; hizo por el contrario cuanto estaba en su mano para capitalizar la oleada de nacionalismo que esperaba como reacción a la invasión estadounidense y al pasar por los pueblos arengaba a los habitantes  y los convocaba a luchar contra los invasores y a apoyarlo.  En el zócalo del municipio de Galeana, varios miles de personas se reunieron el 14 de marzo para escucharlo. Desde una ventana sobre la plaza, Villa se dirigió a la multitud; no dio ninguna explicación del ataque a Colombus; dijo solamente que había estallado la guerra entre Estados Unidos y México y que la gente debía estar lista para defender a su país, que se preparan para la lucha que vendrá contra los gringos.

El 16 de marzo entró en territorio Mexicano la primera de las dos columnas que integraban la Expedición Punitiva de Pershing, compuesta por cinco mil oficiales y soldados de caballería, infantería y artillería así como un escuadrón aéreo de ocho aeroplanos.

Villa se retiró a las montañas de Chihuahua, allí tuvo que afrontar las mayores dificultades desde que eligió el destino de revolucionario. Más de cinco mil estadounidenses habían entrado en México con el fin de capturarlo; estaban equipados  con una tecnología moderna a la que no tenían acceso ni el ni sus enemigos mexicanos. Un escuadrón  de aviones volaba  sobre las laderas de las montañas  y sobre los desiertos  tratando de localizarlo, pero el accidentado terreno en la extensa sierra madre occidental que atraviesa el estado de Chihuahua  fue su mejor aliado. 

Estremece la convicción de los oficiales de  Pancho Villa de luchar con la certidumbre de que sus acciones y las del propio Villa eran por el bien de México.  El caso de Pablo López uno de los hombres fuertes de Villa pone de manifiesto su fe y lealtad. En la obra de Calzadiaz Barrera, Hechos Reales de la Revolución se narra sobre su captura por las tropas carrancistas en las colinas de Chihuahua donde después de pasar días sin beber ni comer, ofrece entregarse solo si sus captores son mexicanos y agrega: ¡Si son americanos, moriré peleando!  Poco antes de ser fusilado le dijo al reportero irlandés de El Paso Herald:  "Yo fui el primero en unirme a él y he sido su fiel seguidor y su rendido esclavo desde entonces.  Mucho preferiría morir por mi patria en batalla, pero si han decidido matarme, moriré como Pancho Villa querría que lo hiciera: con la frente en alto y los ojos descubiertos, y la historia no podrá decir que Pablo López flaqueó a las puertas de la eternidad".

Para principios de abril de 1916, -año en el cual, el presidente norteamericano Woodrow Wilson hace entrar a su país junto con los aliados en la primera guerra mundial-, varios miembros del gabinete de Wilson estaban pidiendo que la Expedición Punitiva se retirara; día a día el parte era idéntico:  "Tengo el honor de informar a usted que Francisco Villa  encuentra en todas partes y en ninguna"  y así lo cita también Enrique Krauze en su obra Caudillos de la Revolución Mexicana. La Expedición Punitiva una de las cacerías más costosas jamás concertadas para buscar a un solo hombre fracasa estrepitosamente.

¿Les suena? Parece que fue ayer...

Sábado, 29 de Noviembre de 2008 23:35 Solange #. Estrategia

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